Orígenes míticos · sin calendario fijo

Antes de los imperios — ilustración oficial de Riot

Historia del mundo

Antes de los imperios

Antes de que sus reinos tuvieran nombres, Runaterra pertenecían a un mundo más grande y extraño.

42 min de lectura ◆ The Rune

Ilustración · Riot Games

Testimonio de un baladista presenta Bardo a través de la historia de un testigo mortal. · Riot Games

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Bardo: la montaña

La intervención de Bardo proporciona un acompañamiento visual a su papel cósmico.

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Cine · Riot Games

Aurelion Sol: el regreso del Forjador de Estrellas

La introducción cinematográfica de Aurelion Sol acompaña la perspectiva celestial más grande.

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The Rune · Historia original del mundo

Antes de los imperios

Antes de los reinos y los calendarios

La historia de Runaterra comienza en varias escalas a la vez. Hay seres cósmicos cuyas vidas superan la edad de los reinos mortales, espíritus ligados a lugares y creencias, y sociedades que conservan fragmentos de lo anterior. Las fuentes no ofrecen un relato completo de la creación con una fecha para cada acontecimiento. Conviene empezar por las relaciones y distinguir lo que representa una historia de lo que creen sus personajes.

Un reino puede conservar un registro oficial de un reinado, pero una leyenda antigua puede tener otro propósito: explicar una montaña, honrar a un protector o justificar una autoridad. Esas memorias forman parte del mundo sin ser pruebas intercambiables. Los primeros capítulos de esta ruta mantienen visible la diferencia para que el mito conserve su significado sin convertirse en una cronología universal inventada.

Estrellas y poderes más allá del mundo

La biografía de Aurelion Sol llega hasta la creación de estrellas y el placer que encontraba en modelar los cielos. Su encuentro con Runaterra conecta esa escala inmensa con un mundo cuyos habitantes podían admirar su obra sin comprender a su creador. La corona ofrecida mediante los poderes de Targon convirtió una aparente veneración en cautiverio y permitió explotar a un ser al que no podían vencer simplemente por la fuerza.

Ese relato presenta a Aurelion Sol como forjador de estrellas; no debe ampliarse hasta afirmar que creó personalmente cada parte de Runaterra. Bardo revela otra intervención cósmica, respondiendo a alteraciones y objetos cuya importancia las personas corrientes quizá no perciban. Juntas, sus historias sitúan el mundo dentro de un orden mayor y dejan buena parte de ese orden en el misterio.

El mundo material y sus vecinos espirituales

El mundo material de Runaterra mantiene una relación continua con el mundo espiritual. Jonia vuelve visible esa conexión mediante paisajes vivos, rituales y comunidades que atienden las necesidades de los lugares además de las personas. Ciudad de Bandle ofrece otro encuentro mediante un hogar fuera de la geografía corriente y los yordles que viajan entre él y las sociedades mortales.

Estas conexiones no obedecen a una sola regla sencilla. Un espíritu ligado al mar, un ser nacido de sueños y un viajero yordle tienen historias y relaciones distintas con la vida mortal. La existencia de un mundo espiritual no convierte a toda criatura extraña en espíritu ni hace benévolo cada encuentro. Los relatos preguntan qué obligaciones nacen cuando las vidas de ambos lados se afectan mutuamente.

El norte recuerda sus primeros poderes

El Freljord conserva relatos de Anivia, Ornn y Volibear mediante relaciones distintas con la tierra. La renovación, la artesanía y la violencia indómita forman parte de cómo sus comunidades explican la supervivencia y el cambio. Estos seres no son protectores intercambiables: sus discrepancias y relatos moldean los valores de sus seguidores. Incluso un conflicto entre espíritus poderosos puede sobrevivir como una elección sobre cómo vivir.

Las Tres Hermanas pertenecen a otro relato septentrional, donde la ambición humana busca poderes que superan una comprensión segura. El pacto de Lissandra con los Vigilantes y su sacrificio posterior conectan el Freljord con el Vacío. El legado de las hermanas se convierte después en una disputa sobre la memoria: las tradiciones oficiales y el conocimiento oculto cuentan historias diferentes sobre las mismas figuras antiguas.

Un Vigilante yace bajo el hielo del Abismo de los Lamentos, atravesado por enormes monolitos. Ilustración regional oficial de la amenaza que permanece bajo Freljord.Riot Games

Los cielos entran en vidas mortales

Targon conecta el poder celestial con personas que escalan, veneran y viven alrededor de su montaña. Quienes son elegidos como anfitriones de Aspectos llevan historias humanas al encuentro con propósitos mucho mayores que ellos. La relación de Leona y Diana, el exilio de Taric y la resistencia de Atreus vuelven personales las consecuencias. La elección divina no elimina preguntas sobre consentimiento, identidad o responsabilidad.

Shurima institucionalizó otra relación con el poder celestial mediante el Disco Solar y la Ascensión. Sus dioses guerreros eran mortales transformados al servicio de un imperio, distintos de los Aspectos de Targon y de los espíritus del Freljord. Separar estos orígenes explica por qué seres que parecen igualmente divinos pueden tener poderes, lealtades y vulnerabilidades muy diferentes.

La ausencia que responde a la existencia

El Vacío se describe mediante la nada incognoscible más allá del mundo y la hostilidad de los Vigilantes hacia la existencia. No es un reino celestial rival con ambiciones territoriales conocidas. Sus incursiones amenazan las condiciones que permiten continuar a la vida material. El contacto produce criaturas y formas adaptadas al mundo y da a un propósito incomprensible maneras de actuar dentro de él.

Los Vigilantes del norte y la catástrofe de Icathia son encuentros distintos con ese peligro. Uno comienza con un pacto oculto; el otro, con una rebelión que busca un arma contra un imperio. La aparición posterior de Bel'Veth añade la ambición de sustituir la existencia en vez de borrarla simplemente. Incluso las amenazas del Vacío tienen historias, y sus diferencias importan a quienes las enfrentan.

La caída de Icathia: los ejércitos se enfrentan a los horrores del Vacío. La ilustración histórica de Riot muestra la magnitud de la catástrofe.Riot Games

De los poderes antiguos a las instituciones mortales

Las civilizaciones construyeron instituciones alrededor de estos encuentros: sacerdotes juzgaron la Ascensión, guardianes mantuvieron el equilibrio espiritual, gobernantes controlaron conocimientos peligrosos y comunidades conservaron rituales protectores. Cada institución tradujo un poder extraordinario en decisiones sobre vidas corrientes. Esa traducción podía sostener a un pueblo o justificar su control, según quién tuviera autoridad y qué costes estuviera dispuesto a imponer.

La ruta histórica continúa por Shurima, los darkin y las Guerras Rúnicas hacia las regiones actuales. No son episodios aislados dentro de un mundo vacío. Ocurren entre poderes anteriores y errores heredados, mientras los supervivientes llevan las consecuencias a la siguiente era. El hilo más claro es la pregunta repetida de qué sucede cuando se busca seguridad duradera mediante una fuerza cuyas exigencias todavía no se comprenden por completo.

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Estas ediciones conservan el texto del editor. Sus acontecimientos y contextos de publicación pueden ser distintos.

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Matt Dunn · Relato completo

Las historias perdidas de Ornn

Publicado 2017-08-23

"Nunca vi al dios olvidado. Mi abuela me contaba estas historias, pero ella tampoco vio al dios olvidado ni mi tatarabuela ni su tatarabuela y así miles de generaciones atrás. Sus leyendas solo perduran alrededor de fuegos crepitantes y comidas de pescado asado. Mientras más nos remontamos a nuestros ancestros, más reales se convierten las historias".

Los rostros fatigados de los niños se levantan un poco más. La luz del fuego baila en sus mejillas, pero el dolor vive en sus ojos.

"Los dioses habitan entre nosotros, en el cielo, entre montículos de tierra y detrás del manto estelar. Solo tenemos que pedirles un deseo, canalizar su ser en nuestros corazones y acciones. Por ejemplo, cuando estás en el mar, hace tanto frío que tus ojos podrían quedar congelados en sus cuencas. ¡En serio! Pero cuando los marineros frotan grasa en sus rostros y piensan en la Hermana Foca, cuyo nombre verdadero ha sido olvidado, son protegidos de los vientos gélidos del océano.

"Otros, como Volibear, se rehúsan a permitir que sus propias leyendas se pierdan, así que siguen acechando en este mundo. Él exige sacrificio y fuerza la obediencia, tal como los Osunos..."

Todos escucharon las historias de las abominaciones mitad osos. El miedo hace que los niños se acerquen más al fuego.

"Así es, pequeños... Tal vez después hablemos acerca del portador de la tormenta con piel de oso, pero mientras menos hablemos de él, mejor".

Tal como la abuela decía: una vez que se acercan más al fuego, los tienes.

"En lugar de eso, estas historias se refieren al primero de los dioses..."

Ornn fue el mayor de sus hermanos y hermanas. Entró al mundo con ansias de pelear. Aunque eso no fue tan sencillo. Los árboles eran adversarios débiles; se quebraban muy fácil. Los témpanos de hielo se derretían con su toque y huían hacia el mar.

Frustrado, golpeó una montaña. La montaña no cedió. Ornn estaba satisfecho por esto, así que desafió a la tierra misma a una pelea amistosa.

Mientras Ornn batallaba con la tierra, la melló y la lastimó, y así dio forma al Fréljord tal como lo conocemos hoy. Convirtió llanuras en montañas a fuerza de cabezazos y creó valles a golpes. Cuando se cansó, Ornn agradeció a la tierra por la batalla gloriosa. La tierra le respondió abriendo un feroz abismo para mostrarle su núcleo, y él se sintió honrado al ver que era su reflejo: un feroz carnero. La tierra había considerado a Ornn digno y le había otorgado sus secretos, obsequiándole la fuerza de la llama primordial, ya que el fuego es el verdadero agente del cambio.

Ornn miró el paisaje que había quedado después de la pelea y asintió. Estaba satisfecho. Tras esto, se propuso construir herramientas y armas.


Mis ancestros deben estar sonriendo ya que, en este momento, comienza a caer una nieve ligera. Gentiles copos se asientan en los gorros cubiertos de piel de los niños, y ellos sacan la lengua.

"¿Sabían que antes no había nieve en Fréljord?", les pregunto. Los niños lucen confundidos. "Es cierto. Nuestras tierras siempre han sido las más frías de todo el mundo, pero en un principio solo había aire seco y amargo, y no existían cosas como nubes de tormenta...",

Fue durante los primeros fríos y nublosos días que Ornn construyó una casa. La hizo con la mejor madera. La magnífica casa abarcaba tres valles. ¿Se lo imaginan? Tras completar su majestuoso Salón Principal, Ornn evaluó su trabajo.

"Bien", dijo. Esto fue antes de que existiera el lenguaje, así que realmente era un cumplido.

Ahora bien, su hermana Anivia estaba molesta. Ornn había derribado los árboles donde más disfrutaba sentarse para construir su casa. Así que decidió darle una lección.

Mientras Ornn dormía, voló y entró por la ventana de su habitación. Estando ahí, le hizo cosquillas en la nariz con una de sus plumas, ¡y provocó que estornudara una gota de fuego que incendió las sábanas! ¡Las sábanas prendieron fuego al suelo! Anivia entró en pánico y batió sus alas para huir, pero esto solo avivó más al fuego con el seco aire del Fréljord. Pronto, todo el Salón Principal estaba en llamas.

El fuego rugió durante días, oscureciendo los cielos con ceniza. Por supuesto, Ornn siguió durmiendo mientras todo esto ocurría. Se despertó en la cima de una pila de cenizas de muy mal humor, pues no había logrado descansar. Pero no sabía lo que Anivia había hecho. Y, hasta este día, ella no le ha dicho la verdad.

"Elogié mi propio trabajo y mira lo que ocurrió", dijo Ornn, inspeccionando el daño. "Jamás volveré a felicitarme. Dejaré que la calidad de mi trabajo hable por sí misma".

Ornn tenía una meta particular para su siguiente casa: no quería que fuera inflamable. Se fabricó a sí mismo una pala, una palanca y un tenedor. Con estas herramientas podría cavar en búsqueda de minerales, mover poderosos pilares y comer las deliciosas cerezas picantes que tanto le gustaban.

Martilló y moldeó pedazos de minerales hasta que surgió una montaña negra. Dentro, había una gran forja que contenía la incandescente llama primordial, desde las profundidades de la tierra. Estaba satisfecho con su Hogar, pero hacía demasiado calor dentro como para morar cómodamente, incluso para Ornn.

Así que cavó una zanja desde el mar, directo hacia la montaña. La Hermana Foca permitió que las aguas frías fluyeran por la zanja y enfriaran el Hogar. Grandes nubes de vapor emergieron. Hicieron falta tres días para que la montaña se enfriara lo suficiente para Ornn. En ese tiempo, el océano que alimentaba al río se hundió varios centímetros.

Para ese momento, había emergido tanto vapor de las aguas que el perpetuo cielo azul estaba moteado con nubes grises que lo ensombrecían. A medida que estas nuevas infladas formas se unieron y se enfriaron, se volvieron más y más pesadas hasta que estallaron con nieve.

Nevó durante cien años. Es por eso que hoy Fréljord tiene tanta nieve.


Una niña frunce el ceño. "Si Ornn hizo tanto por el mundo, ¿por qué solo tú conoces sus historias?", pregunta. La chica es joven, pero ha pasado por tantas dificultades que varios mechones plateados corren por su cabello.

"Solo hay una historia que responde esa pregunta", le contesto. "¿Les gustaría escucharla?".

Los rostros ansiosos de los niños me dan su respuesta.

Había una vez Tres Hermanas que necesitaban la ayuda de Ornn para salvar su mundo. Sin embargo, a Ornn no le interesaba ayudar a salvar ningún mundo. Era por motivos personales; no dio más explicaciones al respecto. Pero esto no impidió que las Tres Hermanas viajaran durante muchos días y noches para hacer su solicitud.

"Hay criaturas de gran magia maligna que acechan nuestras tribus", dijo la Primera Hermana. Sus ojos eran fieros y estaban llenos de guerra. "¡Quieren destruirlo todo y apropiarse del mundo!".

"Esto parece ser un problema", dijo Ornn. No levantó la vista de su forja.

"¿Entonces pelearás con nosotras y usarás tu fuerza para aniquilar a los monstruos?".

Ornn gruñó. El gruñido era un "no" tan claro, que daba por terminada cualquier discusión. Todas lo habían entendido. Si hubiesen escuchado ese gruñido, pensarían que la Primera Hermana fue sabia en no presionar más sobre el asunto.

"Estos seres vigilan todos nuestros movimientos", dijo la Segunda Hermana. Había esperanza y sabiduría en su voz. "Te pido que tomes la pala que usaste para cavar lo que ahora es tu poderoso río y la uses para cavar la más profunda de las zanjas de todo el mundo. Entonces, nosotras podremos atraer a los monstruos hacia el abismo y resolver nuestro problema".

Ornn gruñó. Tal gruñido fue su forma de comunicar "yo cavaré ese hoyo" y que todas debían guardar silencio de inmediato. Todas lo habían entendido. Si hubiesen escuchado ese gruñido, pensarían que la Segunda Hermana fue sabia en no presionar más sobre el asunto.

Así que Ornn cavó una zanja, pues un gran agujero podía aportar mucho al paisaje. Además, ya había planeado excavar y el sitio propuesto era bueno. Cuando Ornn terminó con la zanja, se fue sin decir palabra alguna a las tres hermanas, ya había hablado demasiado con ellas.

"Ese sí que es un agujero profundo", dijo la Segunda Hermana. "Espero que sea lo suficientemente profundo".

El viento soplaba desde el abismo recién cavado con un aullido de otro mundo, como si estuviera afirmando ser lo suficientemente profundo. Si hubiesen escuchado el aullido del abismo, entenderían que fue sabio que nadie bajara para medir su profundidad.

Muchos años después, las hermanas regresaron. Por su apariencia, las batallas contra sus adversarios las habían marcado.

Las historias perdidas de Ornn · ilustración de la publicación originalRiot Games

Esta vez, habló la Tercera Hermana. Su aliento helado recordaba a Ornn los días fríos y secos de hacía mucho tiempo. "Ornn, Creador de Todas las Cosas", comenzó.

"Yo no creé todas las cosas", refunfuñó Ornn. Una vez más, no levantó la vista de su forja: "Solo algunas".

La Tercera Hermana continuó: "Venimos hoy a pedirte un simple favor. El abismo que cavaste es tan profundo y tan extenso que no podemos construir un puente que lo atraviese. Enséñame cómo construir un puente indestructible y lo haré yo misma".

Ornn levantó una ceja. Estudió la mirada de la Tercera Hermana. No le parecía confiable. Podía percibir en ella un rastro de magia, y la magia siempre hace más débiles a las cosas resistentes. "Hay muchos constructores de puentes capaces. Ve y moléstalos a ellos".

"Otros constructores no pueden hacer un puente con el tipo de piedra que tenemos", replicó la Tercera Hermana. "Dicen que cayó del cielo y que no es posible forjarla, a pesar de todos sus esfuerzos". Fue entonces que le mostró un pedazo de metal estelar.

Si hubiesen visto el metal estelar, entenderían sabiamente que solo Ornn podía moldear este material, pues era igual de obstinado e implacable que él. Ornn aceptó, pero haría el trabajo solo y pidió el mismo metal estelar como pago.

La Tercera Hermana se lo entregó, y él lo usó para forjar una herramienta que ayudaría a construir el puente.

Fue así, usando solo esa herramienta, que Ornn construyó el puente. La Segunda Hermana se sintió mal por la mentira de la Tercera Hermana, pues no necesitaban un puente en absoluto. Le preguntó a Ornn qué clase de herramienta era.

"La uso para martillar", dijo Ornn. "Así que la llamaré Martillo. Ya dije suficiente".

La Tercera Hermana recorrió el puente, recitando encantamientos extraños, en toda la extensión cuando Ornn no podía verla. Esto convirtió el puente en una viga que encerró a las bestias dentro del abismo. Sin embargo, Ornn tenía razón, la magia agregada arruinó la calidad de su trabajo. Si las Tres Hermanas lo hubiesen dejado en paz, habría durado una eternidad. En cambio, el encantamiento devoraría lentamente la construcción. Aunque tomaría años, así que nadie prestó mucha atención y las Tres Hermanas juraron nunca volver a hablar de Ornn.

Mientras tanto, él llegó a la conclusión que no le agradaba que la gente le pidiera favores, así que arrojó su pala lo más lejos que pudo, hacia el oeste. Nadie sabe dónde aterrizó, y su destino está condenado a la oscuridad.

Después, se viró hacia el este y lanzó su tenedor tan lejos como pudo. Cayó en el Gran Mar. Algunos dicen que, mucho después, un rey tritón encontró un poderoso tridente en el fondo del mar, que aún usa para gobernar su reino.

Ornn estaba listo para arrojar su martillo hacia el oscuro cielo, pero no pudo hacerlo y decidió conservarlo. Si vieran a Ornn y le preguntaran si es su herramienta preferida, los reprendería por ser tan infantiles. Pero, en secreto, prefiere a Martillo sobre todas las cosas que ha creado.


"El alba trae las bayas más jugosas y al pescado más carnoso", digo a los niños. "Tenemos que descansar".

Se quejan al unísono y me suplican por una historia más. Solo una historia más.

"Solo queda una historia más acerca de Ornn", les digo. "Deberíamos reservarla para otra noche..."

Solo cedo, hasta que prometen hacer todos los deberes y no quejarse de estar demasiados cansados.

Todos saben que nunca debes desafiar a un trol a un concurso de beber, ¿cierto? Incluso ustedes, pequeños, saben que nunca deben apostar con un trol, pues son taimados y siempre ganan. Además, todos en el Fréljord saben que mientras más feo es un trol, más suertudo e ingenioso es.

Por desgracia, Ornn no sabía nada de esto.

Grubgrack el Apestoso era el más anciano de los troles en el mundo. El vello de su pecho era tan largo que se enredaba en los nudosos dedos de sus pies. ¡Guácala! Con frecuencia se tropezaba y se rompía la nariz, que estaba deforme y tenía algunas protuberancias por habérsela roto tantas veces. Solo tenía dos dientes buenos, un ojo malo y otro ojo aún peor. Verrugas y espinillas cubrían su redonda barriga. No les contaré a qué olía. Si lo hiciera, jamás volverían a comer estofado de pescado fermentado.

"Constrúyeme una puerta que mantenga a salvo mi tesoro de los ladrones por siempre", dijo Grubgrack a Ornn afuera de su Hogar, "y te daré diez barriles de mi hidromiel de trol. Es una receta familiar".

Ornn echó a su visitante, pero Grubgrack atravesó un pie en la puerta para evitar que se cerrara. Ornn no quería que los dedos cubiertos de callos del trol arruinaran la pintura, así que dejó que la criatura continuara.

"Hagamos una apuesta", dijo el para nada hermoso trol. "Quien pueda terminar un barril de hidromiel primero, estará en deuda con el otro".

"Si eso hará que te vayas, acepto". Ornn nunca había sido derrotado en una competencia de beber. En ese momento todos lo sabían y ahora lo saben ustedes también.

"Al menos será bueno beber un poco", contestó Grubgrack y su sonrisa deformó uno de los pilares del Hogar. Cuando Ornn le dio la espalda, el trol deslizó un fragmento de Hielo Puro en el barril y se lo entregó a su contrincante.

Brindaron en la forma que se acostumbra en Fréljord y bebieron. Ornn sintió que el hidromiel estaba rebajado y eso no le agradó. Sin embargo, Grubgrack ya había bebido la mitad de su barril. Con su propio barril casi lleno, Ornn echó hacia atrás la cabeza y bebió hasta sentir que se ahogaba.

Pero Grubgrack azotó el barril vacío y eructó. ¡El fuego en el horno se tornó de un verde enfermizo! Ornn tosió y escupió.

"¿Qué ocurre?", dijo Grubgrack en tono burlón. "¿Te estás ahogando?".

Fue entonces cuando Ornn notó el Hielo Puro en su bebida. Se derretía continuamente, diluyendo el hidromiel de trol. Sin importar cuánto bebiera, el Hielo Puro lo reemplazaba. Destrozó el barril con una mano.

"Hiciste trampa", dijo Ornn. Su furiosa voz desató un terremoto que hundió algunas islas.

"¡Por supuesto! ¿Qué otra ventaja tendría un feo trol como yo contra el poderoso Ornn?". La verdad era que los horribles troles tenían casi todas las ventajas del mundo, pero Ornn no pasaba mucho tiempo con horribles troles, así que no lo sabía. Pero ahora, ustedes pequeñines ya lo saben. "Un trato es un trato", le recordó Grubgrack.

"Mi palabra es tan buena como Martillo", refunfuñó Ornn. "Aunque haya sido engañado".

Así que Ornn trabajó durante diez días y construyó la mejor puerta que se hubiese construido hasta ese momento. La adornó con la cabeza de un carnero, como la suya y la del núcleo del Fréljord. Era inmune a la magia y a cualquier abridor de cerraduras. Grubgrack estaba tan impresionado con la calidad de la puerta, que se quedó sin palabras, y eso es muy inusual en un trol.

Ornn sujetó la puerta en la parte delantera de la cueva del trol, que estaba en la cima de la montaña, y donde la más horrible especie de troles en la historia había escondido su tesoro.

Con un gruñido, Ornn se retiró y dejó a Grubgrack admirando su nueva puerta.

Cuando recobró sus sentidos, Grubgrack se dio cuenta de que había transcurrido un día desde que había contado su oro y se sentía ansioso. ¡Pero no podía encontrar la manera de abrir la puerta! Ninguna.

Grubgrack intentó usar la fuerza bruta. La puerta con cabeza de carnero no se movía. Después, intentó quitar la pintura con su apestoso aliento. Una vez más, la puerta no se inmutó. Por último, intentó abrir las bisagras del muro de la cueva pero, por desgracia, la puerta estaba tan firmemente fijada a la montaña que el trol solo consiguió lastimarse los hombros intentando aflojarla. Tenía la entrada bloqueada.

Grubgrack irrumpió en la forja de Ornn. "¿Qué clase de engaño es este?", gritó. Su aliento era tan desagradable que el fuego de la forja casi se apaga.

"No hay ningún engaño", dijo Ornn, avivando las llamas. "Me dijiste que construyera una puerta que mantuviera tu tesoro a salvo de los ladrones por siempre y eso hice. Esta puerta perdurará más que la montaña sobre la que está. Es inquebrantable. La hice tal como la pediste".

"¡Pero no puedo entrar!", gritó Grubgrack. "¡Y yo no te robé nada!".

"El tiempo es más valioso que el oro", dijo Ornn. "Así que tú eres un ladrón y mi trabajo es tan fiable como mi palabra".

Ornn · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games

Grubgrack intentó durante años entrar por su tesoro, pero la puerta nunca se abrió y jamás pudo encontrar un cerrojo. En cada intento, la puerta con cabeza de carnero lo miraba fijamente, como un recordatorio de la vez que engañó a Ornn.

Y, si escuchan atentamente en lo alto de las montañas, pueden escuchar los gemidos de angustia del avaro Grubgrack antes de cualquier avalancha, incluso hasta este día.


Los niños están dormidos, acurrucados uno contra el otro alrededor del fuego. Los llevo de uno a uno a la carpa de los huérfanos. Nuestra tribu no tiene mucho que compartir, pero no somos la Garra Invernal.

El último niño sigue despierto junto al fuego. Se recuesta de costado.

"Esas historias no son reales", dice con una voz de lo más apagada.

Es el niño sin piernas. Lo encontramos casi muerto después de que nuestra aldea fuera atacada. No pudimos dejarlo, yo no pude dejarlo, así que envolví sus heridas con vendajes y lo llevé en mis hombros.

"Creo que son un invento. O... las cambiaron para ayudarnos a dormir".

"Una historia es tan real como creamos en ella", le explico, mientras me siento a su lado.

"Hay un dios que es bueno, pero no le importamos".

Niego con la cabeza lentamente. "Entiendo por qué piensas eso, pero no es verdad. Hay una historia más que puedo contarte. Fue la última historia que mi abuela me contó antes que me convirtiera en mujer. Quería que estuviera preparada, porque no es como las demás. Pero creo que tú has visto suficiente para estar preparado. ¿Qué opinas?".

El chico asiente. Lo acerco hacia mi pecho y comienzo.

Una vez, mucho antes de la fragmentación del Fréljord, Ornn tenía una legión de forjadores que vivían al pie de su montaña. Ellos afirmaban que idolatraban a Ornn, pero si le hubieses preguntado a él, habría dicho que estaban descarriados, pues él no tenía seguidores. Aun así, es verdad que se construyeron un pequeño poblado habitado por gente que deseaba crear las mejores cosas de todo el mundo.

Había cientos de personas. Hacían herramientas. Hacían quitanieves. Hacían carretas, armadura y monturas. Hacían hornos y hogares. Se hacían llamar Sangre del Hogar, porque nunca sentían el frío cortante del Fréljord y podían tolerar el inmenso calor burbujeante debajo de sus pies descalzos en las laderas del Hogar. Se convirtieron en los mejores artesanos del mundo y su manufactura solo era superada en calidad por el trabajo de Ornn.

Cada tanto, él evaluaba su trabajo. Si le gustaba lo que uno de los Sangre del Hogar había forjado, simplemente decía "Aceptable". Este era un gran cumplido por parte de Ornn, porque él había aprendido hacía mucho tiempo a dejar que el buen trabajo hablara por sí mismo. ¿Recuerdas esa historia?

Ornn jamás admitió que admiraba a los Sangre del Hogar, pero, en lo más profundo de su ser, su corazón volcánico se agitaba con respeto por la gente trabajadora. Ellos no se arrodillaban ni le ofrecían carne como sacrificio. No ponían sus palabras en escrituras ni las propagaban por toda la tierra a la gente que no quería escucharlas. En lugar de eso, se concentraban en hacer su trabajo en silencio. Eran imaginativos, hábiles y muy trabajadores. Esta comunidad de Sangre del Hogar hacía que Ornn sonriera, aunque nadie lo supiera, pues no podían ver su sonrisa debajo de su barba.

Un día, Volibear fue a visitar a su hermano Ornn.

No era una visita amigable, porque Ornn y su hermano jamás eran amigables, ni se habían visitado antes. El gran oso iba a librar una guerra y necesitaba armas para su ejército. Ornn vio al ejército... eran feroces aberraciones: hombres retorcidos en otras formas en su esfuerzo por complacer a Volibear. Eran simples, feroces y violentos.

"Entrégales espadas y hachas", exigió Volibear, con malvada intensidad. "Dales armadura y te recompensaré por tu tiempo invertido".

"No", dijo Ornn, porque no quería formar parte del belicismo de Volibear.

"Bien", dijo Volibear. "Haz que tus seguidores lo hagan. No me importa. Hazlo. Soy tu hermano".

Esto irritó tanto a Ornn que sus grandes cuernos estallaron incandescentes. "Las personas del pueblo de abajo no me siguen. Construyen para ellos mismos. Son tranquilos y trabajadores. Eso es todo".

Pero Volibear pudo ver tras las palabras de su hermano el apasionado corazón en su pecho. A pesar de todos sus defectos, Volibear era muy bueno para leer a los demás.

"Son un reflejo de tu propia imagen".

Los cuernos de Ornn se tornaron primero ardientes y rojizos, después de un blanco vivo. "Si te veo de nuevo, Volibear, te golpearé hasta dejarte al borde de la muerte", gruñó. Si hubieses escuchado esta amenaza, pensarías que Volibear habría sido sabio en marcharse y no volver jamás.

Pero Volibear amaba pelear y no era sabio, por lo que tomó una pieza de armadura de las paredes de la forja de Ornn.

"Si no me fabricas lo que quiero, entonces lo tomaré".

Dicho esto, Ornn se abalanzó hacia Volibear y lo embistió con los cuernos. Fue tan poderoso el golpe, que la cima de la montaña tembló.

Eso era lo que Volibear quería. Durante siglos, había estado celoso del amor que los Sangre del Hogar le daban tan libremente a su hermano. Hacía rabiar al oso de guerra.

Pelearon durante ocho días. Lucharon tan estruendosamente que la base de la montaña se estremeció. Tan aguerrida fue su lucha que la piedra fundida explotó desde la cumbre del Hogar. Rayos bombardearon las laderas y de los acantilados brotaron géiseres ardientes. Los cielos se tiñeron de negro y rojo. La sangre del mundo corrió por las sierras al temblor de la tierra. Las personas de todo el Fréljord vieron los resultados de la batalla entre Volibear y Ornn.

Una vez que el humo se disipó, vieron que la montaña había perdido su pico. Aún peor, todos los Sangre del Hogar estaban muertos, y su pueblo no era más que ruinas ardientes y un recuerdo que se desvanecía.

Durante varios siglos, la mitad montaña antes conocida como Hogar ha permanecido en silencio. De vez en cuando, una columna de humo se eleva sobre el cráter donde antes estuvo el pico. Algunos dicen que es Ornn, avivando su horno para mantener vivos a los fuegos debajo de la superficie del mundo. Otros dicen que está construyendo una gran arma que desatará algún día.

Y hay otros que creen que Ornn fue asesinado por Volibear, pues no ha sido visto en el Fréljord desde entonces.


"Y así, el nombre y las aventuras de Ornn se han perdido en el tiempo y han quedado excluidas de las historias. Estos pocos relatos, transmitidos en cenas de pescado asado, son todo lo que queda".

"Esa es una historia triste. Eso significa que es verdadera", me dice el chico sin piernas, mirándome. Hay una lágrima en su ojo. "¿Qué crees que sucedió con Ornn?".

"Creo que cuando vuelva el Gran Constructor", le digo, "será para reconstruir el mundo".

El chico ríe. "Me gustaría ver ese día".

"Quizás lo harás. No llores por los Sangre del Hogar. Llora por las historias que se perdieron en la guerra y el tiempo, pues estas fueron alguna vez más numerosas que las estrellas. Repite estos relatos para que los hijos de nuestros hijos puedan seguir escuchando las voces de nuestros ancestros y aviven el fuego de la forja en nuestros corazones".

En mi corazón, siento la sonrisa de mi abuela.

Me da calor. No siento frío debajo de mis pies descalzos.

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Riot Games · Relato completo

Amaneceres gemelos

Publicado 2016-03-24

El sol que nos es tan familiar en este mundo sigue detrás del horizonte. El terreno crudo y tosco se despliega debajo. Las montañas forman barreras que se alargan como dedos en los matorrales vacíos. Los palacios, o más bien, aquello que pasa por palacios, no pueden alzarse sobre otra cosa que la más baja de las colinas. La curvatura del planeta se encuentra con las estrellas con una serenidad y gracia que pocos de los moradores allí abajo podrán ver alguna vez. Están tan dispersos por el globo e intentan acaparar tan a ciegas cualquier tipo de conocimiento, que no es extraño que hayan sido conquistados y ni siquiera comprendan su predicamento.

El brillo del fuego que adquirí al correr hacia mi destino marcado ilumina el mundo que está debajo. Vidas enfrentadas, temerosas y regocijantes, se acurrucan en cualquier rincón fértil que puedan encontrar allí abajo. Oh, cómo observan y señalan cuando paso por encima de sus cabezas. Puedo escuchar algunos de los nombres por los que me llaman: profeta, cometa, monstruo, dios, demonio... Infinidad de nombres, ninguno se acerca ni un poco.

En la vasta extensión de un desierto, siento la punzada de la magia familiar que emana de la primera civilización entre estos salvajes. Admiren, se está construyendo un enorme disco solar. Los pobres trabajadores esclavizados golpean sus cabezas y rasgan sus ropas a mi paso. Sus crueles maestros me ven, un rayo de fuego que pasa, como un buen presagio, sin duda. Mi presencia quedará grabada en grotescos pictogramas sobre piedras ordinarias, un homenaje al gran cometa, la bendición del dios celestial que honró sus sagrados trabajos y demás. El único propósito del disco es canalizar la majestuosidad del sol en los más ''reconocidos'' de estos carnosos humanoides, para transformarlos en lo que este planeta exactamente necesita: más semidioses insufribles. Este esfuerzo va a surtir el efecto contrario. Pero supongo que pueden perdurar un poco más, quizás unos mil años, antes de caer y ser reemplazados por otros.

El desierto que está debajo desaparece en la noche detrás de mí, mientras paso por solitarias estepas, y luego, por ondulantes colinas marrones suavemente salpicadas de verde. El escenario pastoral oculta un campo manchado de sangre y cubierto de muertos y moribundos. Los sobrevivientes se abren camino con hachas ásperas y dan gritos de guerra. Un lado pierde por mucho. Hay cráneos de ciervos sobre picos clavados en la tierra, próximos a guerreros que se retuercen. Los pocos que todavía se mantienen en pie están rodeados de soldados que montan grandes bestias peludas.

Aquellos pocos derrotados y rodeados me ven y el valor parece aflorar por sus venas. Los heridos se levantan y toman sus hachas y arcos en un acto de resistencia final que toma a sus enemigos por sorpresa. No me quedaré mucho tiempo a observar el resto del pequeño enfrentamiento porque he visto este escenario desplegarse miles de veces: los sobrevivientes van a grabar mi apariencia de cometa en los muros de las cavernas. En miles de años, sus descendientes van a ondear mi imagen en estandartes e indudablemente cabalgarán en otras batallas igual de tediosas. Después de todos sus esfuerzos por capturar y registrar la historia, uno se pregunta por qué no aprenden de sus errores. Es una lección que incluso yo tuve que sufrir.

Dejo que perpetúen su oscuro ciclo.

Mi trayectoria revela más habitantes. Su repertorio colectivo de reacciones abarca la típica gama: apuntar, arrodillarse, sacrificar vírgenes en altares de piedra. Miran hacia arriba y ven un comenta, y nunca se preguntan qué yace detrás de esa abrazadora fachada. En cambio, lo dejan estampado en su propia y egocéntrica manera de ver la vida, y ensucian el esplendor de mi apariencia. Las pocas formas de vida más avanzadas, y uso tal descripción sin mucha rigidez, observan hacia arriba y toman nota de mis coordenadas en almanaques científicos en lugar de usarme como una profecía. Es ligeramente revitalizante, pero incluso su noción de intelecto en desarrollo parece indicar que soy un fenómeno que aparece frecuentemente con una órbita predecible. Oh, las hazañas que podrían lograr si tan solo... Bueno, no tiene sentido preocuparse por el desperdiciado potencial de los terrestres de mente simplona. No todo es culpa suya. A la evolución se le torna difícil cobrar fuerza en este mundo.

Sin embargo, la novedad de tal excentricidad infantil se desvaneció. Las avaras energías de mi mágica esclavitud me arrastraron de un miserable mundo a otro durante siglos. Ahora, me condujeron de vuelta a esta roca tan familiar como desagradable. La estrella que inunda la superficie con luz fue una de mis primeras creaciones, una confluencia de amor y resplandor. Oh, ese preciado momento en que sale a la vida con colores que solo su creador podría ver. Cómo extraño la nueva y chispeante energía de una estrella acariciando mi rostro y escurriéndose por mis dedos. Cada estrella emana una energía única, preciosa, que refleja el alma de su creador. Son como copos de nieve cósmicos que se consumen desafiando a la oscuridad infinita.

Desafortunadamente, los recuerdos que tanto anhelo se contaminan por la traición. Sí, aquí fue donde Targón me tendió una trampa para que le sirviera. Pero ahora no es momento de detenerse en errores pasados. Aquellos confinados Aspectos quieren que selle otra grieta... en su nombre, claro.

Es entonces que la veo. La guerrera imbuida de este mundo se encuentra sola en la cima de una de las cumbres más pequeñas y blande una lanza de piedra estelar. Me observa a través de un velo de carne anexada, una simple chispa disfrazada de rayo. Una gruesa trenza de cabello cobrizo cae sobre su hombro hasta una pechera dorada que cubre una piel pálida y pecosa. En sus ojos, la única porción de su rostro que no está protegida por un casco ajado por la guerra, destella un discordante tono escarlata.

Se hace llamar Pantheon, la furia guerrera de la encarnación de Targón. No es la primera en este mundo en usar el manto de Pantheon. Ni tampoco será la última.

Su brillante capa se agita detrás de ella cuando eleva su musculoso brazo y hace un movimiento que simula estar tirando de una enorme cadena. El tirón de mi vínculo crudamente encantado me arrastra con violencia hacia la montaña sobre la que ella está parada. Y me grita.

Me grita con una voz que retumba en mi cabeza y se transmite a través de esta insufrible corona de gemas estelares. Todos los sonidos se desvanecen cuando ella invade mi mente.

—¡Dragón! —me dice, como si fuera yo una débil bestia alada cuyas llamas de color naranja con suerte podrían llegar a incendiar un árbol.

—¡Sella su portal! —me ordena, y señala el fondo de una grieta en la roca con su pequeña lanza. No necesito ver la erosión violácea de la realidad arremolinando debajo. Podría oler el miasma en descomposición que envenena este mundo incluso antes de llegar. En cambio, clavo mi mirada en Pantheon. Ella piensa que me va a tener amansado como a un perro con correa. Hoy será diferente, he aprendido de mis errores.

— Dragón —ronroneo—. ¿Estás segura de que ordenarme con un nombre tan bajo es inteligente?

El puño de Pantheon sobre su lanza se afloja lo suficiente como para dejar caer el arma por una fracción de segundo. Retrocede un poco, alejándose de mí, como si la distancia de un simple paso pudiera protegerla de mi ira.

—Sella su portal —vuelve a decir, y grita más fuerte como si la orden anterior no se hubiera escuchado. El volumen no ayuda mucho a tapar el temblor en su voz. Impulsa su lanza hacia mí, como si un arma tan pequeña pudiera atravesarme.

Es la primera vez que veo temblar a un Aspecto de Targón. No está acostumbrada a tener que repetirme algo.

—Me voy a encargar de esos exasperantes horrores a su debido tiempo, querida Pantheon.

—Haz lo que te ordeno, dragón —Pantheon grita—, o este mundo estará perdido.

—Este mundo se perdió en el momento en que Targón se dejó dominar por la arrogancia.

Amaneceres gemelos · ilustración de la publicación originalRiot Games

Siento cómo la furia de Pantheon se mezcla con confusión mientras se esfuerza por tomar mis riendas inmateriales. En este momento solo está sintiendo lo que he descubierto. Targón está distraído y no siente su magia escurrirse vagamente de mis ataduras.

Pantheon vocifera de nuevo y, esta vez, no me puedo resistir. El crudo encantamiento recupera la soberanía de mi voluntad. Dirijo mi atención hacia la fuente de la grieta, que se encuentra en la cuenca de un valle que alguna vez fue frondoso y ahora está tapado por el sigiloso miasma morado. Siento las perversiones del Vacío canalizándose por el firmamento de la realidad y enviando oleadas de energía invisible a través de éter. Destruyen el velo que separa el vacío de la forma con su desagradable paso.

Son atraídos hacia mí, esas abominaciones con caparazones y múltiples ojos. Intentan devorarme, la mayor de sus amenazas. Desde los confines de mi mente, evoco una imagen de la superficie solar que encendí, antes de que me encadenaran, y que alguna vez encendieron los corazones de las estrellas. Lanzo rayos de puro fuego estelar e incinero oleadas y oleadas de aquellos horrores crujientes, para llevarlos de vuelta a su oblicuo infinito. Cascarones ardientes caen del cielo. Me sorprende que no se desintegren del todo, pero, nuevamente, las alimañas del Vacío no saben cómo funcionan las cosas en este universo.

Una enfermedad latente predomina en el aire. Desde el epicentro de la corrupción, siento un deseo... hambriento e indómito, alejado del sinsentido de estas comunes aberraciones brotadas del Vacío. La latente herida sobre la realidad se abre y colapsa, distorsionando y desequilibrando todo lo que toca. Lo que sea que existe del otro lado se está riendo.

Pantheon me grita otra orden, pero ignoro sus palabras. Esta fisura anómala en el universo me embelesa. No es la primera vez que tengo que tratar con algo de este tipo, pero esto se siente diferente, y no puedo más que admirar la manipulación maravillosamente aterradora de las barreras entre reinos. Pocos seres podrían desentrañar su complejidad, mucho menos pensar en poseer la magnitud de poder que se necesita para desgarrar la estructura de la existencia. En mi corazón, sé que una herida tan exquisita nunca podría ser orquestada por criaturas escurridizas. No. Debe haber algo más detrás de esta intrusión. Me estremezco de solo pensar qué tipo de entidad puede ser capaz de inducir una grieta de tal volatilidad. No necesito las órdenes de Pantheon para saber lo que tengo que hacer; la variedad de sus pedidos siempre fue de una imaginación limitada. Quiere que lance una estrella a la grieta, como si uno pudiera cauterizar tales abrasiones interdimensionales, y listo.

¿Estos torpes semidioses son mis captores?

En fin. Al menos no están tan alejados en su ''lógica'' al pensar que unas pocas abrasadoras maravillas cósmicas serían la solución a este problema. Voy a jugar el papel de un servidor obediente solo un poco más.

Disfruto de lo que hago después, en parte porque lo van a recordar, en parte porque se siente bien soltar un poco del viejo poder, pero, más que nada, porque deseo recordarle a cualquier inteligencia que controle la incursión al Vacío que nadie se ríe de mí en mi plano de existencia.

Los elementos básicos en la atmósfera se reúnen en apoyo a mi causa y se transforman en una anomalía plasmática. El prominente polvo estelar detona siguiendo mi orden tácita. El resultado es una réplica pequeña de una de mis majestuosas glorias que arden en las profundidades del espacio. Después de todo, no puedo arrojar una estrella grande a este frágil mundo.

El brillo reluciente de esta nueva estrella se escurre de mis manos. La acompañan dos hermanas, siempre a mi lado. Se escoran a mi alrededor con radiantes movimientos de ballet, sus interiores blancos y candentes devoran las nubes de polvo y materia que atraigo hacia nosotros. Nos convertimos en una tormenta de estrellas, la encarnación del cielo de noche, un enloquecedor remolino de fuego estelar. Evoco cantidades de polvo de ardientes estrellas y exhalo un calor tan puro y denso que hace colapsar, solo un poco, el aura de este mundo, lo que abraza para siempre la curvatura del planeta. Los filamentos brillantes de fuego estelar hacen piruetas en el centro de la grieta. La gravedad se funde en oleadas de color que la mayoría de los ojos nunca podrán ver. Mis estrellas distorsionan la materia cuanto más combustible se incorpora a su interior, lo que las hace fulgurar más y arder más. El espectáculo es impresionante, una danza de luces enceguecedoras y un calor tan ardiente que en un momento fugaz dan a luz nuevos espectros. Mi columna vertebral se estremece un poco de lo bien que se siente.

Los árboles se astillan. Los ríos se evaporan. Las cordilleras del valle se desmoronan en avalanchas arrasadoras. Los incansables trabajadores a cargo del disco solar, los soldados que asaltan las colinas, los soñadores, los devotos, los aterrados, los profetas del apocalipsis, los resignados, los reyes emergentes... todos aquellos que observaron el cometa pasar con ojos egoístas ven la supernova como un nuevo amanecer. En este patético mundo, mi resplandor convierte una noche oscura en un fantástico día. ¿Qué ficción evocarán para explicar este fenómeno?

Ni siquiera mis amos targonianos presenciaron alguna vez tal despliegue de mi poder. Ciertamente, ningún mundo terrestre alguna vez tuvo cicatrices tan profundas como la que dejó aquel valle alguna vez frondoso. Cuando haya terminado, nada quedará.

Ni siquiera esta encarnación de Pantheon. No puedo decir que voy a extrañarla a ella o a sus gritos sin sentido.

Tras las secuelas de mi masacre, las montañas en llamas colapsan en arroyos de escombros fundidos que ahora fluyen por el valle. Esta es la cicatriz que le dejé a este mundo. Una sobrecarga de dolor se despliega por mi cuerpo que emana de esa corona infernal. Es el precio que tengo que pagar.

Mi cabeza vuela y mis ojos se llenan de la triste imagen de una estrella moribunda. Mi corazón se estruja. Mi mente vacila. Una abrumadora sensación de desesperación rebota en mi alma, emanando de una profunda e inmediata pena, la de la comprensión latente de haber perdido algo precioso por tu culpa.

Ciertas formas de vida curiosas que conocí en el pasado una vez me preguntaron cómo podía recordar cada estrella que había creado. Si al menos pudieran sentir lo que era crear una sola estrella, entenderían lo irrelevante de su pregunta. Por eso es que sé cuándo incluso uno sola de mis queridas hijas deja de existir, cuando emana chorros de energía y, con ello, la sustancia misma de mi propio espíritu. Veo su muerte anunciar el fin de los cielos. Brilla fuerte por última vez en una detonación ígnea que momentáneamente ahoga a sus hermanos y hermanas. Mi corazón se sobresalta al ver los cielos apagarse como castigo por entregarle mi poder a Targón.

Un sol es el precio de un solo Pantheon. Este es el costo de mi ilimitada ira. Este es el tipo de brujería tosca con la que tengo que tratar.

En cuestión de segundos, recuperaron el control de mis riendas y me llaman para una nueva tarea. En ningún otro mundo pude demostrar tal despliegue de libertad, por más fugaz que haya sido. Y lo importante es que pude aprender de sus errores. Un pedazo de mí es libre ahora y, con el tiempo, volveré a este mundo, accederé a este misterioso pozo de energía y me liberaré de lo que queda de mi vínculo.

Me sintonizo con la esencia de la guerra que retuerce y se contorsiona entre cuerpos esparcidos por el cosmos. No estaba feliz de perder su avatar mortal en este mundo. Ya un nuevo anfitrión malhadado fue elegido para transformarse en la próxima iteración de Pantheon, un soldado de Rakkor, una tribu que se aferró a la base de la montaña de Targón y absorbe su poder como percebes. Un día, conoceré a esta nueva encarnación de Pantheon. Quizá encontrará una nueva arma y abandonará esa ridícula lanza. Puedo sentir la ralea celestial de Pantheon esparcida por todo el cosmos. En una sola instancia, toda su atención se concentra en este mundo, donde uno de sus Aspectos terrenales se evaporó por su propia arma. Su confusión se mezcla con una creciente desesperación mientras se enfrentan unos con otros por recuperar el control sobre mí. Cómo me gustaría ver sus rostros.

Al lanzarme de la gravedad de este mundo, esta Runaterra, siento una emoción que nunca antes había experimentado de Targón.

Miedo.

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Marcus Terrell Smith · Relato completo

Testimonio de un baladista

Publicado 2021-09-28

¡Oye, tú! ¡Sí, tú! Pareces una buena persona demaciana con buen oído... una persona que podría quedarse un rato y prestar atención a las advertencias de un anciano que ha visto lo imposible. Verás, estoy en una misión bajo las órdenes del Guardián Trotamundos, ¡y tú me puedes ayudar!

Debo recuperar... Bueno, será mejor que lo explique.

Ven. Que no te dé pena. Escucha mi relato, uno que es pura verdad...

Primero, me despertaron los tañidos de las campanillas del carrillón de doscientos años de antigüedad de mi madre que sonaban afuera, más allá de mi ventana. Mi madre pensaba que era muy inteligente por haberme convencido de que su canción estival marcaría la llegada de los días cálidos y soleados. Incluso a mi edad, solo puedo contar unas pocas temporadas agradables en el Vacío de Valar. ¡Ja! Una adolescencia arruinada por la tala incesante de leña da fe de ello. La noche de la que hablo no era la excepción; azotaba una tormenta invernal.

Salté de la cama cuando la puerta se abrió de par en par, y una ráfaga de viento helado llenó mi habitación. Después de luchar para envolver mi cuerpo tembloroso en el abrigo de piel más grueso que tenía, caminé hacia la puerta, listo para cerrarla de un golpe. Pero dudé un momento. Las campanillas de mi madre seguían aullando en el viento. Aunque generalmente me traían recuerdos de mi dura y laboriosa crianza, también eran un medio de conexión con ella. No debería arriesgarme a perderlas, o peor... no dormir en toda la noche por culpa de su incesante tañido.

No me malinterpretes, las campanillas tenían su encanto. Las historias de cómo habían llegado a mi familia hablaban de un destino increíble y de un pasado célebre. Las habían forjado con lingotes de metales de guerra, algunos de los más raros del Fréljord. Cada vez que se ganaba o se perdía una batalla, los Recolectores, mis pobres pero ingeniosos ancestros, entraban al campo de batalla y se llevaban lo que hubiera quedado abandonado en la nieve bañada de sangre.

''¿Cuántos lingotes de metal había allí, madre?'', le pregunté una vez mientras hablaba sin parar de épocas pasadas.

''Siglos de ellos'', respondió.

''¿Qué hicieron los Recolectores con todo ese metal?''.

''Se lo vendieron a la Garra Invernal'', dijo encogiéndose de hombros, ''quienes hicieron más armas para las guerras que vendrán''. Luego, hizo una pausa y sonrió cuando las campanillas comenzaron a cantar. ''Pero siempre nos quedábamos con un poco para nosotros... para hacer instrumentos de vida, no de muerte''.

Ciertamente, esas preciadas campanillas eran instrumentos que traían música maravillosa a nuestra tierra. ''Buena fortuna para tiempos malos'', me había dicho. Recé por aquella fortuna cuando ella enfermó, pero nunca llegó. El Guardián Trotamundos estaba más ocupado en su propia música maravillosa que en ayudar a los débiles, y me quedé con sus campanillas infernales para recordarlos a ambos.

Me voy por las ramas.

Respirando profundamente, me dirigí hacia el exterior, pero me detuvo una visión imposible: flotando frente a mí, impasible ante la tormenta, había una pequeña criatura traslúcida. Flotaba allí sin alas o brazos que la mantuvieran en su lugar, como si una magia sobrenatural la hubiera clavado en un bloque de aire. Dos ojos blancos brillantes como antorchas estaban fijos en su cabeza ovalada, y tres estrellas centellantes en su barriga comenzaron a agitarse y destellar. Para mi sorpresa, una de las campanillas de mi madre respondió y, como el brazo de un niño, se extendió hacia la criatura brillante, adoptando su fulgor estrellado.

Pero entonces...

¡La campanilla se resquebrajó! Y oí deformarse su canción estival. Una fisura se abrió al costado de la campanilla, y motas de luz doradas brotaron del interior, como si se estuvieran robando ciertos materiales que la componían. La criatura no se estaba robando esas luces; eran las lágrimas de mi madre, que caían al ver cómo destruían con tanta rapidez esta querida pero irritante reliquia. No podía... ¡no dejaría que eso pasara!

Así que me lancé a la tormenta y sujeté la campanilla. Apenas la toqué, oí sonar un cuerno en la distancia. No estaba seguro del por qué. Tiré con todas mis fuerzas, pero la magia de la criatura era demasiado fuerte. Peor aún, sentí mi cuerpo sacudirse hacia arriba, y mis pies abandonaron el suelo. ¡Pronto, estaba precipitándome hacia el cielo, arrastrado hacia las nubes por la sucia criatura!

¡CRAC! Otra grieta serpenteó por la campanilla. Luego, vi que algo tomaba forma en el espacio que había entre nosotros: un fragmento, una pieza de un todo, se materializaba. Creyendo que sería lo único que me salvaría, lo sujeté.

Mientras me estiraba, miré de soslayo a la vil criatura, solo para darme cuenta de que había desaparecido. En su lugar, flotando frente a mí en toda su grandeza mística, estaba el Guardián Trotamundos. Se había necesitado toda una vida de oraciones para que apareciera, y, tal como había prometido mi madre, las campanillas lo habían llamado. El Bardo parecía mirarme fijamente... mirar dentro de mí... curioso de mi presencia allí. Pero era demasiado tarde para explicaciones.

De pronto, hubo una ráfaga de viento y una ola de calor. Sentí mi brazo estirarse como si fuera una vid. Mi cuerpo lo siguió, girando y retorciéndose, mientras era transportado a... ¡un lugar sobrenatural!

En cuanto a dónde terminé, el viejo dulcémele de mi madre me acompañará mientras canto...

Bardo · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games
Las campanas

Un sonido divino que evocaba visiones de un lugar.
La música del Bardo desde el más allá.
Frente a mí, un firmamento se abrió.
Entre celestiales tambores, cañas y cuerdas.

¡El Bardo abrió el cosmos para mí!
El Principio, el Final y el Medio yo sentí.
Donde no hay mar, olas ni país,
A Sol preparando a las estrellas pudimos oír.

Ningún humano había estado allí,
Tan solo yo escuché formarse el acto.
Esa sinfonía produjo cambios en mí,
Mi cuerpo mortal transformado de inmediato.

Ahora un espíritu, un meep celestial,
Ascendido como los Aspectos de este sueño,
Canté con el Bardo por todo el reino,
Y por un siglo él fue mi dueño.

¡Las campanas! ¡Las campanas! ¡Las campanas!

Pero luego escuché una campana torcerse
Y sentí una oscuridad acallando la canción.
Les dije a mis hermanos y a mi maestro
Y juntos viajamos para arreglar la perversión.

Llegamos a un agujero enorme,
Un pozo vacío y silencioso desprovisto de luz.
Mis oídos contemplaron la oscuridad deforme;
Y el miedo se evidenciaba en mi alma a contraluz.

Temo que las hordas me cantaron una canción,
Una que nunca empieza pero sí termina.
Porque al mirar esa gran depresión,
Sentí quebrarse y torcerse mi propia canción.

Obligué a mis oídos a elevarse hacia lo divino,
Regresé a lo que es bueno y correcto.
Pero luego vi la fisura, del Vacío el abismo,
Y ya nada fue lo mismo.

¡Las campanas! ¡Las campanas! ¡Las campanas!

Fragmentos por millones, campanillas por doquier,
Desperdigadas donde la oscuridad la tierra partió
La campana que el ritmo y el tiempo marcó,
La melodía de Runaterra, cuya canción puede desaparecer.

Para alinear las notas y cerrar la puerta
El Bardo nos mandó a dar una vuelta.
Y así con cada pieza recomponer en una puntada
Lo que el Vacío quebró en su maldad perpetuada.

¡Las campanas! ¡Las campanas! ¡Las campanas!

Desperté en mi cama, un meep dejé de ser,
Y de nuevo en el Vacío de Valar moré,
Arranqué las campanillas de esa mujer,
Y al Bardo más fragmentos otorgué.

Más campanillas debo desde entonces recoger
A través de vientos, lluvias, tierras y mares.
Rezo para que cada tesoro pueda retroceder
Esa música que el Vacío tocó en mi ser

¡Las campanas! ¡Las campanas! ¡Las campanas!

Querida alma demaciana: he viajado tanto y más también para advertirles a todos de la oscuridad que amenaza con silenciar la música de este mundo. Runaterra es una campana —una campana global— que ha sido corroída por el mal. Sus fragmentos, sus campanadas, deben encontrarse para que vuelva a estar completa.

Y el primer paso es que coloques todos los metales preciosos que tengas en mi cesta. Los tomaré, los inspeccionaré y les cantaré la música divina del Bardo para eliminar cualquier campanada de la campana global en su interior. Te devolveré, por supuesto, cualquier pieza que no tenga campanadas.

¡No! ¡Espera! No te vayas... ¡lo que te digo es verdad! Por favor, escucha. No queda mucho tiempo. El fin de nuestro mundo está cerca...

Y solo el Bardo y sus meeps pueden salvarnos.

Fin de esta lectura

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Sus vidas tienen su propia historia

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