Historia antigua del norte

Las tres hermanas — ilustración oficial de Riot

Historia regional · El Fréljord

Las Tres Hermanas

Avarosa, Serylda y Lissandra en los orígenes de la historia del Fréljord.

26 min de lectura ◆ Explicación + textos oficiales completos

Ilustración · Riot Games

La leyenda de los Vigilantes de Hielo presenta la historia antigua de los El Fréljord como una leyenda. · Riot Games

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Ashe, Sejuani y Lissandra presentan el Freljord moderno. Este complemento oficial muestra el legado del norte antiguo; no recrea la vida de las Tres Hermanas.

Historias y presentaciones de personajes ambientadas en Runaterra.

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Estas cinemáticas reúnen distintos personajes y momentos. El orden de estreno no es el orden de los acontecimientos.

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The Rune · Historia regional

Las Tres Hermanas

Antes del dominio de las hermanas

La historia de Freljord empieza mucho antes de las tribus rivales que conocemos hoy. Sus tradiciones más antiguas describen una tierra moldeada por seres cuyas disputas podían convertirse en tormentas, montañas partidas y cambios de estación. Volibear, Ornn y Anivia pertenecen a ese mundo anterior. Los mortales tuvieron que aprender a sobrevivir en él y a convivir con poderes que no podían derrotar ni ignorar fácilmente. Las Tres Hermanas surgieron en ese escenario, cuando establecer un orden humano duradero implicaba enfrentarse a algo más que a los jefes vecinos.

Estos relatos no ofrecen un registro completo y fechado de cada asentamiento antiguo. Algunos hablan mediante mitos; otros describen acontecimientos a través de los recuerdos de Lissandra. Leídos en conjunto, establecen el conflicto esencial: Avarosa, Serylda y Lissandra buscaban poder y unidad en una tierra donde fuerzas mucho más antiguas ya reclamaban autoridad. La victoria que acabarían consiguiendo sobre sus rivales traería compromisos de los que ningún ejército podría escapar simplemente marchándose.

Tres ambiciones, tres pérdidas

Cada hermana intentó superar los límites de los mortales y pagó un precio distinto. Serylda perdió la voz al tratar de dominar los cielos. Avarosa se enfrentó a la oscuridad bajo el mundo y perdió el oído. Lissandra desafió la magia salvaje del reino mortal y quedó ciega. El relato de Volibear lo identifica como el dios que golpeó a aquella hermana ante su ejército. Esas pérdidas no acabaron con el ascenso de las hermanas: pasaron a formar parte de la manera en que las recordarían las generaciones posteriores.

Aun así, las tres unieron sus fuerzas. Esa alianza importa porque la tragedia no nació de tres desconocidas que perseguían planes independientes. Habían combatido juntas y contribuido a establecer el poder que después se disputarían. Su relación dio a Lissandra motivos para creer que podía decidir por ellas, y a Avarosa y Serylda motivos para considerar aquella decisión secreta una traición a lo que habían construido entre las tres.

El pacto bajo el mundo

La ceguera cambió la manera en que Lissandra exploraba el mundo. A través de los sueños podía llegar a lugares inaccesibles para la vista, y allí encontró a los Vigilantes. Estos seres pertenecían al Vacío, cuya relación con la existencia es profundamente hostil. No buscaban una provincia más ni un trono entre los mortales. Su llegada amenazaba la continuidad del propio mundo. Para Lissandra, sin embargo, aquel contacto también ofrecía una forma de conseguir un poder superior al de cualquiera de sus enemigos.

Sin obtener el consentimiento de sus hermanas, hizo un pacto en nombre de las tres. Una longevidad y un poder extraordinarios favorecerían a las hermanas y a sus seguidores mientras preparaban Runaterra para la llegada del Vacío. Los Hijos del Hielo quedaron vinculados con ese antiguo intercambio: las personas capaces de resistir un frío sobrenatural se convirtieron en una fuerza decisiva. Los éxitos inmediatos hacían más fácil defender el trato. Su precio final era otra cuestión. Aquella aparente seguridad dependía de cumplir una promesa que no dejaría un futuro normal del que disfrutar.

La alianza se rompe

Avarosa no aceptaba una supervivencia comprada mediante la servidumbre. Serylda también se opuso al destino que se estaba preparando para su mundo. Lissandra quedó así entre unas hermanas que se negaban a someterse y unos amos indiferentes a las objeciones humanas. Intentó aplazar el desenlace. El conflicto dejó de ser una discusión sobre quién debía gobernar: se trataba de decidir si la fuerza que había ayudado a unir el norte serviría ahora para entregar todo lo que existía más allá de él.

El relato prohibido conocido como La leyenda de los Vigilantes de Hielo sitúa el enfrentamiento final ante la fortaleza de Lissandra. Avarosa y Serylda llevaron sus fuerzas para oponerse a ella. La coalición incluía algo más que guerreros humanos, lo que muestra hasta dónde había llegado la influencia de las hermanas. Sin embargo, el testimonio se conserva mediante un escriba leal a Lissandra. Sus detalles permiten entender la catástrofe, mientras que su enfoque recuerda que incluso un testigo conservado puede servir a la autoridad que controla el archivo.

La llegada y el sacrificio

Los Vigilantes llegaron antes de que las hermanas resolvieran su disputa. La tierra se abrió y seres ajenos a la existencia material irrumpieron en ella. Sus cuerpos no se comportaban como los de las criaturas conocidas. La invasión dejó al descubierto la magnitud del error de Lissandra: no era una alianza que pudiera renegociar después de derrotar a sus enemigos del norte. El poder que estaba entrando en Runaterra amenazaba a todos, incluidos quienes habían preparado su llegada.

Lissandra respondió recurriendo a la magia que la rodeaba y sellando la brecha con Hielo Puro. Sus hermanas y los aliados reunidos fueron sacrificados en el proceso. La prisión resultante impidió la aniquilación inmediata, pero no convirtió el acontecimiento en una victoria heroica sin sombras. La misma mujer había hecho posible el desastre y había evitado que se consumara. Entender ambas cosas es esencial: salvar el mundo no devolvió las vidas que utilizó ni borró su responsabilidad por haberlas puesto en peligro.

Un Vigilante yace bajo el hielo del Abismo de los Lamentos, atravesado por enormes monolitos. Ilustración regional oficial de la amenaza que permanece bajo Freljord.Riot Games

Una prisión que necesita guardiana

Los Vigilantes siguieron vivos bajo el hielo. Su sueño ofrecía tiempo, no una solución definitiva. Por eso el trabajo posterior de Lissandra pertenece a la misma historia que el antiguo sacrificio. La ladrona de sueños muestra cómo recorre los sueños de los mortales y se enfrenta a los seres aprisionados mediante esa peligrosa conexión. Mantenerlos distraídos exige esfuerzos constantes y la expone a poderes que no puede dominar por completo. El acontecimiento antiguo continúa como una carga cotidiana, en lugar de terminar cuando se formó el hielo.

La Guardia de Hielo se convirtió en la institución duradera que rodeaba aquella tarea. Reunir hielo mágico, encontrar Hijos del Hielo y mantener la ciudadela vincula su autoridad religiosa con la contención de una amenaza real. Esas responsabilidades ayudan a explicar la permanencia de la orden, pero no convierten en benévolo todo lo que hace. Preservar el mundo y preservar el control de Lissandra se han entrelazado. Quien se acerca al secreto encuentra tanto un peligro bajo la fortaleza como un sistema diseñado para mantener las preguntas lejos de él.

¿Quién puede recordar a las hermanas?

Lissandra y la Guardia de Hielo modificaron el registro histórico. Podían fomentar el culto a las Tres Hermanas mientras suprimían el conocimiento del pacto y del sacrificio. Aquella era una lucha por el poder político además de por la memoria. Una comunidad que cree que sus gobernantes protegen una herencia sagrada entiende la obediencia de manera distinta a otra que sabe que ayudaron a provocar la catástrofe. Las leyendas supervivientes son, por tanto, señales de resistencia a un pasado controlado, incluso cuando sus detalles siguen siendo inciertos.

Las historias que anunciaban el regreso de Avarosa y Serylda sobrevivieron a esa presión. Lissandra consideró una amenaza a las supuestas reencarnaciones y actuó contra ellas. La distinción importante está entre la existencia de esas creencias y la prueba de que sean literalmente ciertas. Los habitantes de Freljord pueden organizar sus vidas alrededor de una profecía sin que el lector tenga que aceptarla como un hecho histórico establecido. Esa tensión explica buena parte de la fuerza que conserva el legado de las hermanas.

La herencia inconclusa

La coalición de Ashe lleva el nombre de Avarosa al presente, mientras Sejuani propone otra visión de la fuerza y la supervivencia. Su enfrentamiento no es una repetición sencilla con las mismas personas reencarnadas. Cada una tiene su propia historia, seguidores con necesidades concretas y decisiones marcadas por las dificultades actuales. Lissandra observa a ambas porque su creciente influencia puede alterar el orden que ha mantenido. Los nombres de las hermanas siguen teniendo poder político incluso entre quienes desconocen la prisión bajo la ciudadela.

La historia termina así con una situación abierta, no con una resolución. El norte está dividido sobre su futuro mientras las consecuencias de una decisión antigua permanecen bajo sus tierras. La cooperación, la conquista y el secreto ofrecen respuestas diferentes al peligro inmediato. Ninguna ha eliminado todavía la amenaza más profunda. Las Tres Hermanas son fundamentales porque su intento de asegurar su mundo creó una crisis dentro de la cual siguen viviendo sus descendientes, seguidores y enemigos.

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3 lecturas

Riot Games · Biografía oficial completa

Lissandra · biografía completa

En un tiempo ahora olvidado, antes de que las arenas nacieran y engulleran a Shurima, seres de magia ancestral caminaban libremente por Runaterra. Los límites entre el reino mortal y lo que yacía más allá de este eran disputados acaloradamente.

En esta época peligrosa y volátil, nacieron Lissandra y sus hermanas, Serylda y Avarosa. Cada una de ellas deseaba aprovechar los poderes en conflicto y, por ello, cada una de ellas pagó un precio muy alto. En su intento de gobernar a los cielos que estaban sobre ellos, Serylda perdió su voz en el primer ocaso. Avarosa se enfrentó a la retorcida oscuridad bajo el mundo y fue ensordecida por su vacío, esperando a que se consumiera toda creación.

Fue Lissandra quien se enfrentó a la magia salvaje del mundo mortal. Por su osadía, las garras salvajes de un dios primitivo arañaron sus ojos, dejándola ciega.

A pesar de que cada hermana había perdido una parte propia, fue en los campos congelados de las múltiples batallas de Lissandra que pudieron unirse y prevalecer. Juntas, eran invencibles... pero ni siquiera los lazos de sangre duran para siempre.

Sin su vista, Lissandra eligió, en cambio, caminar en los sueños. Mientras navegaba en las visiones intermitentes de aquellos que la rodeaban, se percató de que solo ella podía ver la oscuridad que yacía debajo por lo que era: el abismo persistente no solo prometía un final, sino el infinito. Era la muerte, peligrosa y llena de potencial. Sin que sus hermanas lo supieran, Lissandra llegó a un acuerdo en su nombre con las entidades divinas con las que estaba en contacto. Los Vigilantes les garantizarían casi la inmortalidad a cambio de preparar Runaterra para la llegada del Vacío.

Arte conceptual de Lissandra · ilustración oficial del personajePublicado en Universo de Riot

Las tres hermanas y sus seguidores más poderosos fueron nombrados Hijos del Hielo. Aquellos que poseyeran la habilidad de soportar la peor de las heladas paralizadoras serían perdonados hasta el final.

No obstante, el descontento de las hermanas de Lissandra crecía. Avarosa argumentaba que la única cosa peor que la muerte era la servidumbre. Incluso Serylda se enfureció al pensar en qué podría convertirse el mundo por el que habían peleado con tanto ahínco. Atrapada en medio, Lissandra trató de suavizar las preocupaciones de sus hermanas pidiéndoles más tiempo a los Vigilantes, pero a la misteriosa nada no le importaban semejantes trivialidades.

El Vacío emergió en el mundo mortal en el lejano norte, y con él, la lealtad oculta de Lissandra con los Vigilantes se tornó innegable. En ese momento, sus únicas opciones eran dejar que todo el mundo se consumiera o sacrificar aquello a lo que más quería. Lissandra sacrificó a sus hermanas y a los aliados que habían congregado, sepultando a los Vigilantes bajo una barrera glaciar de hielo mágico que nunca se podría derretir.

Pronto, Lissandra descubrió que incluso este poder elemental era insuficiente. Los seres monstruosos que había congelado estaban solamente hibernando, corrompiendo poco a poco el Hielo Puro que los rodeaba. Ahora, merodeaban por los sueños de Lissandra con la misma facilidad con la que ella recorría los suyos y siempre despertaba aterrada, profesándole su lealtad a la fría eternidad que le prometieron.

Arte conceptual de Lissandra · ilustración oficial del personajePublicado en Universo de Riot

Como la sobreviviente, reunió a sus seguidores restantes para que la veneraran, así como a sus difuntas hermanas. Si el Hielo Puro habría de retrasar el inevitable fin de todas las cosas, entonces ellos tendrían que juntar todo el que pudieran encontrar y recorrer las tierras heladas en busca de los descendientes de los Hijos del Hielo para que se unieran a su causa.

Lissandra, junto con los primeros de su Guardia Helada, hicieron todo lo posible por reescribir la historia, incautando todos los registros de lo que en verdad sucedió... y, a pesar de ello, los rumores y las profecías persistieron en mitos y canciones. Se rumoreaba que Avarosa y Serylda regresarían algún día a unir las tribus discrepantes, por lo que Lissandra mandó a matar discretamente a todos aquellos que fueran venerados como sus reencarnaciones. Incluso ella se retiraba hacia las sombras, renovándose periódicamente con los poderes que le habían otorgado.

Al igual que la amenaza que yace atrapada bajo el hielo, Lissandra nunca ha sido capaz de controlar por completo las leyendas sobre sus hermanas. Ya fuera por culpa o arrogancia, su fracaso para erradicar su legado se manifestó una vez más en dos poderosas Hijas del Hielo, una idealista y otra conquistadora, y ahora, ambas lideran varias tribus en el Fréljord.

Lissandra las observa con atención, en busca de cualquier oportunidad para enfrentarlas entre sí, todo ello mientras redobla sus propios esfuerzos para encerrar los terribles secretos que enterró en las profundidades de la ciudadela.

Y debe apresurarse, puesto que el hielo ya comenzó a derretirse.

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Riot Games · Relato completo

La leyenda de los Vigilantes de Hielo

Publicado 2020-06-09

De todos los relatos del antiguo Fréljord que de alguna manera han sobrevivido hasta la era moderna, existe uno, y solo uno, que puede helarle la sangre hasta al Hijo del Hielo más fuerte.

La Guardia de Hielo prefiere no contarlo. Muchos ni siquiera conocen el relato completo.

Por decreto de Lissandra, la mismísima Bruja de Hielo, perpetuar esta leyenda prohibida se considera una herejía contra la fe verdadera y se castiga con pena de muerte a cualquiera que la narre en voz alta. En todas las vastas bibliotecas de la Ciudadela de la Guardia de Hielo, solo perdura un registro escrito que tiene miles de años de antigüedad, obra de su escriba de mayor confianza. Ciertamente, son pocos los individuos en toda Runaterra que conocen la verdad detrás de la leyenda. Lissandra puede contar con los dedos de una mano a los que presenciaron los hechos y podrían ser capaces de contradecirla...

Fue durante los últimos y oscuros días de la Guerra de las Tres Hermanas, cuando Avarosa y Serylda movilizaron a sus guerreros hasta las montañas para enfrentarse a Lissandra ante las murallas de su propia fortaleza. No servirían a los amos sobrenaturales con los que ella se había comprometido. Esto le pondría un fin.

Lissandra · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games

La Bruja de Hielo le hizo un gesto a los ejércitos que dirigían, la gran alianza que por fin había sometido estas tierras salvajes. Los mortales Hijos del Hielo eran casi inmunes al frío del invierno. Los reyes troles deambularon a lo largo y ancho de la tundra, amasando vastas fortunas con sus conquistas. Incluso los majestuosos y terribles Caminantes Funestos, alejados de su forma original, ahora marchaban bajo las órdenes de las Tres.

Todo esto, les recordó Lissandra a sus hermanas, era producto del trato que ella había hecho con los amos del reino de las profundidades: los seres que ella conocía como los Vigilantes. Fueron ellos quienes le revelaron los secretos primigenios del mundo. Serían ellos quienes obtendrían la victoria definitiva.

Y fue entonces, en el punto más álgido de este amargo enfrentamiento, que finalmente llegaron los Vigilantes a Runaterra.

La tierra se abrió, arrastrando a miles de guerreros al abismo debajo de ella, antes de que el primer ser del terror comenzara su existencia. Todo en el reino material era nuevo para este ser, desconcertado por nociones tales como la forma y la constancia. De inmediato, se manifestó en su contra. En una horrible revuelta de metamorfosis sin control, le brotaron cuernos y retazos de pelaje. Sus colosales extremidades como tentáculos se convirtieron en brazos humanoides articulados con dedos que arañaban la roca desnuda de las laderas de las montañas. Lo más grave fue que otros Vigilantes comenzaron a despertarse, atormentados por sus propias transformaciones horripilantes.

Anivia · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games

Sería justo suponer que se libró una batalla y que los Hijos del Hielo se movilizaron detrás de Avarosa y Serylda para luchar contra la oscuridad. Pero, en realidad, fue Lissandra quien puso el punto final. Vio a esas abominaciones por lo que realmente eran y supo lo que debía hacer.

Al invocar hasta la última pizca de magia ancestral a su alrededor, incluida la de sus aliados, sacrificó todo para sellar con Hielo Puro la grieta entre los reinos y sepultar a los Vigilantes. Grandes columnas de vapor helado se cernieron sobre el abismo. Aquellos guerreros mortales que lograron escapar perdieron la cordura por todo lo que habían presenciado.

Por lo tanto, esta no es solo la leyenda de cómo Lissandra salvó al mundo de la destrucción, sino también el único relato de primera mano del martirio de Avarosa y Serylda.

Que las Tres se apiaden de quien lo lea.

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Matt Dunn · Relato completo

La ladrona de sueños

Publicado 2020-01-22

La Bruja de Hielo no duerme en su ciudadela. Duerme en cualquier lugar, en todos lados y en ninguna parte. A veces todo lo anterior al mismo tiempo.

El cavernoso sitio donde ahora eligió recostarse durante unas horas podría contener mil fortalezas. Un auténtico mar de Hielo Puro se extiende de un horizonte subterráneo a otro. No son los horizontes del tumultuoso mundo exterior, sino que se aproximan más, mucho más, a un tipo de locura totalmente distinta.

Ella suele visitar este lugar, siempre por su cuenta, pero jamás está sola.

Algunos los llamaron ''monstruos''. Otros los llamaron ''dioses''. Como sea, las inmensas sombras que duermen debajo del manto helado solo pueden soñar. Lissandra registra el lugar con diligencia. Se asegura de que el lecho sea cómodo.

Los Vigilantes deben seguir durmiendo.

Ella perdió la vista hace mucho tiempo, así que identifica sus figuras con la mente. Lo que ve siempre la deja helada, más allá de la carne y huesos, de modo que ya no tiembla ante el contacto del hielo con su piel.

Su ceguera resulta una bendición cuando está aquí abajo. Ya es suficiente terror sentir su presencia. Caminar en sus sueños. Saber qué es lo que desean para este mundo.

Por lo tanto, ella debe mantenerlos soñando.

Uno de ellos comenzó a moverse. Lissandra lo sintió durante la última luna nueva, con la firme esperanza de que se calmara de nuevo, pero ahora su abismal inteligencia se retuerce contra los demás, cada vez con mayor inquietud.

Se quita el casco. Su ropaje ceremonial cae alrededor de sus tobillos y camina sin hacer ruido por el vacío helado delante de ella.

Lissandra separa sus dedos sobre el hielo. El cabello cae sobre su rostro y oculta las líneas de su edad, así como las cicatrices en sus ojos vacíos. Hace mucho tiempo aprendió los secretos para caminar en sueños, para atravesar distancias imposibles en esta tierra inhóspita en solo unos instantes, de ida y vuelta cien veces antes de cada amanecer. Algunas veces hasta olvida dónde se encuentra su cuerpo físico.

Ahora, su mente vaga a través de la barrera. Reflexiona un momento sobre el espesor del Hielo Puro. Cree que es ilógico depositar toda la fe sobre el cristal y, sin embargo, no hay otra opción.

Por otro lado, el Vigilante cuenta con enormes dientes, oscuridad y una ansiedad chirriante y frustrada.

Es más grande que una montaña. ¿Acaso es uno de los pequeños? Lissandra espera que así sea. Jamás se ha atrevido a sondear las defensas de los más grandes, aquellos que parecen capaces de devorar la gravedad y el tiempo, esos que no solo comen mundos, sino planos de realidad completos. Ellos la hacen sentir muy pequeña e insignificante, como una mota de escarcha en una tormenta de nieve.

Se concentra en la enorme y terrible criatura ante ella.

Su sueño se vuelve el sueño de Lissandra.

Una segunda Lissandra la espera ahí, en el sueño. Este ser eterno se eleva detrás de un sol oscuro, los mechones de cabello flotan en el cielo, sus ojos, de un azul cristalino, brillan con la fuerza celestial del último amanecer del mundo.

Es preciosa. Es una diosa. Lucha por empujar el sol por debajo del horizonte.

El ardiente orbe oscuro contraataca y trata de elevarse de nuevo. Quema los dedos de la diosa.

Ella nota algo enorme que elimina las sombras de las montañas cubiertas de cenizas congeladas. Este sitio es una burla del Fréljord, despojado de toda vida y magia...

Vida. La clave es la vida. Las almas vivas del Fréljord, esta tierra helada que Lissandra ofreció una vez en sacrificio a las bestias de abajo. Aleja al inquieto Vigilante de sus propios pensamientos oscuros, de la manera más delicada posible, y trata de calmarlo con los sueños de los demás.




La tribu se divide en tres campamentos. Así es como lo decretó la matriarca Hija del Hielo. Dice que es para protegerse de una cuchilla asesina, así nadie sabrá en cuál tienda descansa.

Glaciar bajo sus pies, estrellas por encima de todo, el sacerdote escribe sus notas en un pliegue de piel curada de elnük a la luz de las velas, sobre un afloramiento helado. Su mano es firme y audaz. Cada noche debe enviar sus apuntes a la Ciudadela de la Guardia de Hielo.

Se pregunta si el poder disimula la paranoia. Acaso...

Se percata de su respiración y sabe que no está solo. La vergüenza constriñe su garganta. Con diligencia, alcanza una tira de tela para honrar a Lissandra, la mejor de las Tres. Después de todos los juramentos que pronunció, solo la mirada de ella podría causarle tal escalofrío en su corazón.

''No te tapes los ojos'', dijo ella al salir de la sombra nocturna. Su voz es firme y fría.

''Perdóneme'', dijo él. ''Llego tarde. Mis informes...''.

''Lo que busco no son tus palabras. Estás soñando. Necesito que escuches. Escucha al hielo''.

Los ojos del Sacerdote Escarchado se abrieron al escuchar lo anterior. El hambre del hielo.

No, no del hielo. Es algo... ¿debajo del hielo?

''¿Qué significa?'', pregunta, pero Lissandra se marchó.

El sacerdote despierta. Medita sobre el sueño. Juró servir, congelar y sangrar a ciegas. Toma la tira de tela y se cubre los ojos.

Antes del amanecer, él se encuentra muy lejos de la matriarca y sus tres campamentos.

Y Lissandra vaga por el sueño de otros.




Siete halcones de hielo vuelan por un cielo azul y dispersan la escarcha de sus plumas. La siniestra cumbre de una montaña se alza sobre una playa de piedras grises y redondas, y baja a las aguas poco profundas del mar.

La pequeña cuyo nombre nadie recuerda, excepto ella misma, camina sola.

Recoge un cangrejo. Es negro y sus ojos angulares giran sobre su cabeza. Lo toma con cuidado, sus patas le hacen cosquillas en la palma.

Observa un trozo de hielo flotando en el agua oscura que llegó hasta la tierra con las mareas casi congeladas. Topa con la costa rocosa y empieza a derretirse. Centímetro a centímetro, se va encogiendo y revela la figura de una mujer acurrucada en una cuna de hielo, algo que nació del invierno.

La niña suelta el cangrejo.

Lissandra surge de entre las olas como una...

''¡BRUJA!'', grita la pequeña. Una tormenta de hielo, nieve y un frío abrasador sale de su boca.

La bruja desaparece, lo único que queda es la pequeña llorando una tormenta de nieve.

Despierta de un sobresalto junto a un tenue fuego, rodeada de otros niños que duermen. Son los huérfanos sobre la nieve enrojecida del Fréljord. Una mujer de aspecto serio los vigila, trae un hacha atada a su espalda. Todos saben que ella moriría por ellos.

Una brasa salta de la hoguera y cae en las desgastadas pieles, a los pies de la pequeña.

Ella la toca con un dedo. Se congela al instante.

Ya dentro de otro sueño, Lissandra sabe que debe vigilar a esta niña. Es una Hija del Hielo. Tal vez sea una nueva arma para la próxima guerra.

O quizá una enemiga nueva.




En las cumbres, no es el intenso frío lo que afecta a este pobre viajero.

Es su propia ignorancia.

Se encorva en una cueva poco profunda. Tararea, dado que ya no puede cantar las canciones de su juventud para consolarse. No soporta inhalar el gélido aire. Su barba, blanca con escarcha y mocos congelados, le causa dolor cuando intenta separar esos labios ya azules y agrietados. No siente las piernas ni las manos. Ya no tiembla. Ya no tiene esperanza.

Se rindió. El frío le congelará el corazón y entonces será el fin.

No es lo que él deseaba. Pero se siente cálido. Libre.

''¡A las tierras justas! ¡A la luz del sol!''. La letra se asoma lentamente en su mente. En vez de hielo y nieve, lo que ve son prados verdes. Siente la brisa veraniega en su cabello.

Lissandra se acerca al hombre desde el fondo de la cueva. Ve cómo la muerte avanza con lentitud por los dedos de las manos y pies del hombre. No volverá a despertar. Este será su último sueño.

Ella coloca una mano sobre su hombro. Nadie debería estar solo durante sus últimos momentos.

''Los tuyos te esperan, amigo'', le dice en un susurro. ''Recuéstate en la hierba alta. Te cuidaré mientras descansas''.

Él levanta la mirada y la ve. Sonríe y asiente. Luce más joven.

Luego, cierra los ojos y se deja llevar.

Lissandra se queda al filo de su sueño, hasta que ese sueño desaparece.




Los gritos de guerra y de muerte arrastran a Lissandra al sur. Percibe la sangre y fuego en el viento, además del fuerte olor del acero lleno de furia. Aquí crece la hierba, donde el suelo se descongela. No es un prado soleado, pero es lo más cercano a lo que la mayoría de las tribus del Fréljord llegará a ver.

El sueño gira y se distorsiona. Siente que sus rodillas se partirán, si eso tuviera sentido. Se mantiene firme apoyándose en las vigas de una choza en llamas.

El fuego no tiene ningún efecto. No es real.

Una sombra cae sobre ella.

''¡Esperé tanto este día, bruja!''.

Es inesperado, pero se trata de uno de los Avarosanos: un enorme bruto pelirrojo con el cuello abultado por las arterias tensas. Alza una espada serrada por encima de su cabeza. La sed de sangre se plasma en sus ojos mientras imagina victorias que jamás conseguirá en su vida.

Sin embargo, está listo para asestar el golpe final a su enemigo mortal.

La ladrona de sueños · ilustración de la publicación originalRiot Games

Lissandra ya perdió la cuenta de las veces que ha muerto dentro del sueño de alguien más. Cada vez que ocurre, una parte de ella se aleja para ya no volver.

No. No otra vez. Esta vez no será así.

Unas enormes garras de hielo se cierran a su alrededor y forman un escudo que la sepulta. La espada del guerrero ni siquiera astilla la superficie. Se tambalea hacia atrás y lanza un rugido mientras...

Deja que despierte y que crea que él es el héroe que alejó a la Bruja de Hielo. Solo fue un sueño. Las tribus avarosanas caerán... tal como la bruja traicionera de quien tomaron su nombre.

Y Lissandra tiene problemas más apremiantes.




El ojo de la tormenta es más feroz en el Fréljord.

El vendaval ruge. Relampaguea. La sangre brota hasta de los copos de nieve.

Lissandra descubre al cambiapieles que canaliza esta furia elemental. Su trance es similar a un sueño, es un puente entre mundos. La tormenta es una plegaria, una línea directa con el maestro semidiós de los Ursinos.

Lissandra escupiría. Esa odiosa criatura es uno de los pocos recuerdos que no pudo borrar del Fréljord, sin importar lo mucho que lo intentara.

Los relámpagos caen sobre el chamán varias veces. Unas fauces enormes se desprenden de su mandíbula. Sus uñas se ennegrecen y forman unas garras. No es ni hombre ni oso, es algo totalmente distinto. Toda su vida será como un sueño. Sin dormir. Sin felicidad. Solo la tormenta. Lissandra se acerca, busca algo que pueda usar en esa turbulenta locura.

Entonces, la espantosa mirada del chamán se fija en ella, quien se percata de estar ante un avatar del mismísimo Volibear.

Sin pensarlo, Lissandra lanza un ataque con púas de Hielo Puro extraídas de la tierra en torno a ellos. Ella trata de atrapar las extremidades de la criatura para detenerla aunque sea solo por...

La sangre oscura mancha la nieve. Un trueno retumba en las cimas lejanas. El siniestro chamán cae de rodillas, su cuerpo dividido entre su forma original y aquella en la que podría haberse convertido. En realidad, es un acto de generosidad, ya que él aún mantiene la mayor parte de su propia mente.

Otros ojos brillan entre la tormenta. Estos metamorfos ya no son la amenaza que una vez fueron. Representan una batalla que tendrá lugar en otro momento.

Su delirio bastará por ahora.




Lissandra rodea con cautela el Vigilante debajo del hielo. Ve su propio cuerpo pequeño en la superficie, encima de ellos; su piel pálida como la de un cadáver, casi tan blanca como la nieve recién caída.

La bestia apenas percibe su presencia. Es como un recién nacido monstruoso y llorón.

No ocurre nada en los sueños de los Vigilantes.

Y nada más. Absolutamente nada. Un horizonte vacío, enmarcado por montañas de nada. ¿Y encima de esa nada? Un cielo de nada, con nubes densas de nada.

Ante ese vacío, Lissandra lucha por seguir siendo... algo.

El abismo bosteza a su alrededor. Observa cómo su avatar es devorado por el sol negro que, sin importar cuánto se lleve a sus fauces, no dejará de comer.

Ella grita y explota en fractales oscuros que se dividen en millones de Lissandras, cada una de ellas grita por igual. Aunque el sonido es apenas un susurro entre esa nada absoluta, eso basta para sacudir el sueño hasta sus propios cimientos...

Su cuerpo casi inconsciente traza jeroglíficos en la superficie de la barrera de Hielo Puro. Es un antiguo hechizo que surgió de un fuego ya extinto desde hace mucho. Garabatea entre espasmos y convulsiones. Se mueve con desesperación, tirones y torpeza.

Su cuerpo ya solo tiene un ápice de su espíritu.

Es entonces cuando, de golpe, recupera la mayor parte de ella. Vomita bilis acuosa sobre el hielo y se enrosca mientras su entorno se congela.

Debajo, la sombra que se retuerce vuelve a dormir. En su sueño, la devora por más tiempo y eso le otorga la única forma de paz que su especie parece desear.

Paz. Es algo que Lissandra jamás experimenta. Ya no.

Se viste y vuelve a subir por los escalones desgastados. La Guardia de Hielo está a la espera de su guía y liderazgo. Ella nunca tendrá paz en esta vida.

Ese es el pequeño precio a cambio de mantener dormidas a las bestias.

Soñando.

Devorando.




Los vientos abrasadores casi cortan las mejillas de los huérfanos Hijos del Hielo. Su nariz quedó entumecida hace una hora... ¿o dos? Eso no importa. Nada importa, porque cada vez que cierra los ojos, ve a la bruja.

Con su silueta contra el sol que nunca se pone, la mujer monta una bestia de hielo, huesos y magia oscura, y deslumbra con un vestido de nieve recién caída. El casco con cuernos que cubre sus ojos hace que parezca que su cabeza se alza hacia el cielo.

Separa los negros y resecos labios para nombrar horribles profecías.

''Te veo, Reathe''.

La Bruja de Hielo siempre tiene una entrada dramática para los sueños de Reathe.

''La oscuridad sonríe'', agrega, ''y me dice: 'El hielo y las mentiras son instrumentos de la desesperación'. ¡Le ruego a mi mano que forme un puño! ¡Que arranque el ojo que siempre vigila! ¡Que lo atraviese con una púa de hielo! Antes de que el viento aúlle su canción solo al creciente abismo...''.

Las pestañas de Reathe quedaron congeladas. Ahora siente un gran dolor al separarlas. Pero debe hacerlo. Cuanto más tiempo estén unidas, más difícil será separarlas.

Lanza un grito y siente cómo la sangre tibia cae por su mejilla. Con su aliento, empaña un trozo de hielo y lo frota hasta que ve su reflejo. La herida en el extremo de su párpado no se ve muy grave.

Y en ese mismo reflejo se percata de que no está sola en la cueva.

Un hombre demacrado tiembla en la entrada, la luz matinal le da un tono cerúleo a su rostro. En ese momento, Reathe se da cuenta de que no es una ilusión fantástica. La piel del hombre es azul y traslúcida. Sus movimientos son lentos y rígidos, como si tratara de reanimar sus deterioradas articulaciones.

''Hace frío'', dijo el hombre macilento. ''Vi esto al morir''.

Reathe se aleja de él con sus palmas y talones. ''No tengo comida'', le grita; detesta el miedo que sale de su voz. ''Ni refugio. No tengo nada que puedas quitarme''.

Él inclina la cabeza.

''No tengo hambre. Y ningún refugio me protege. Vi esta cueva, y a ti... cuando su escarcha nubló mis ojos. Nuestros senderos son como ríos que se encuentran. Vi esto al morir''.

''Mueres a menudo, ¿cierto?''.

''Esa única vez fue suficiente''.

''Tú...''. Reathe duda en ese momento. ''¿También viste a la bruja?''.

''No, pero escucho a la bruja en mis venas... todo el tiempo, en cada latido de mi corazón que estuvo paralizado''.

Extiende su mano ennegrecida hacia ella.

''Hay otros, pequeña Hija del Hielo. Debemos reunirnos con esos otros. Y hay un largo camino que debemos recorrer juntos''.

''¿Y viste todo esto al morir?''.

''La muerte revela muchas cosas, pequeña Hija del Hielo''.

Reathe se pone de pie con lentitud. Con cautela. ''¿Quién eres?'', le pregunta.

''Ya no soy nadie. Soy un simple pasajero en mi propio cuerpo. Mi nombre está congelado. Pero puedes llamarme... Cojeras. ¿Y debo llamarte...?''.

''Reathe, del clan Pie Estrecho''.

''Entonces, ven, Reathe, Hija del Hielo de Pie Estrecho. Los demás están cerca''.

Ella no se mueve. ''¿Y quiénes son los demás?''.




Las torres de la Ciudadela de la Guardia de Hielo se alzan desde el helado paisaje. Olas de auroras boreales mágicas verdes, rosas y azules bailan en un cielo casi siempre nocturno. Aquí, las estrellas brillan eternamente, en el aire más frío y puro.

Pocos saben cómo encontrar esta fortaleza oculta. Hay muchos en este mundo que armarían un ejército y la destruirían hasta los cimientos. Quienes sí encuentran la ciudadela rara vez la abandonan bajo sus propios términos.

Aun así, cinco agotadas figuras avanzan por el paso de la montaña, por la grieta oculta en el propio manto del Fréljord.

Buscan a la Bruja de Hielo. Al igual que muchos otros durante siglos, cada uno vio a Lissandra en sus sueños... pero ahora sienten otra cosa, algo profundo.

Está debajo del hielo. Es algo oscuro y vacío.

Hambriento.

Que devora.

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El relato original de The Rune, con ilustraciones oficiales con subtítulos separados. Fuentes distingue la historia regional de las biografías individuales.

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El Círculo de las Runas

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