Swain: el Gran General Noxiano
La presentación oficial de Swain como Gran General de Noxus.
Historias y presentaciones de personajes ambientadas en Runaterra.
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Historia regional · Noxus
El Trifarix, la ambición y el poder oculto de Noxus.
Proclamación del Trifarix presenta los tres principios en el centro de la regla Noxiana. · Riot Games
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La presentación oficial de Swain como Gran General de Noxus.
Historias y presentaciones de personajes ambientadas en Runaterra.
Ver en el canal oficial ↗Darius se enfrenta a un gobernante derrotado, lo que ilustra la conquista de Noxia, no la invasión histórica de Jonia.
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Historias y presentaciones de personajes ambientadas en Runaterra.
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El gobierno de Boram Darkwill puso al imperio noxiano bajo la autoridad de un hombre cada vez más atemorizado. Su miedo a la muerte se convirtió en un problema político para todos sus subordinados. Los ejércitos libraban campañas lejanas mientras las reliquias mágicas y las promesas de prolongar la vida desviaban recursos y atención. La Rosa Negra aprovechó ese temor. Lo que parecía una estrategia imperial podía ocultar las ambiciones del gobernante y los planes de quienes lo manipulaban.
Swain sufrió las consecuencias en Jonia, donde la derrota lo dejó mutilado y desacreditado. Darius las encontró en la prolongada campaña del norte, que consumía vidas sin entregar la victoria prometida. Su convergencia posterior no fue simplemente el encuentro de dos personalidades poderosas. Ambos tenían motivos para creer que ser leales a Noxus exigía cambiar la manera de gobernarlo.
Tras años de preparación, Swain y sus aliados tomaron el poder en una sola noche. El demonio que había aprendido a dominar le proporcionó ventajas que sus adversarios no esperaban, incluido el acceso a secretos. Darkwill murió y su trono fue destruido. Pero el proyecto de Swain exigía algo más que cambiar el nombre del emperador. Necesitaba una estructura que resistiera la concentración de autoridad que había contribuido a llevar al imperio a su situación anterior.
Darius regresó a una capital cuyo gobierno había cambiado durante su ausencia. Su posición podía haberlo convertido en el centro de la resistencia al golpe. En cambio, entendió su juramento como un compromiso con el imperio y no con su gobernante muerto. Aceptar el proyecto de Swain dio legitimidad militar al nuevo orden y mostró que servir a Noxus podía incluir negarse a conservar una monarquía fracasada.
El Trifarix divide la autoridad suprema entre visión, poder y astucia. Swain encarna la visión; Darius representa el poder. El tercer puesto está asociado con la figura Sin Rostro. Los relatos centrales disponibles no justifican asignar ese papel a un candidato secreto favorito como si su identidad estuviera confirmada. Su oscuridad deliberada forma parte del diseño político, además de la incertidumbre del lector.
Es un sistema de fuerzas que se equilibran, no una promesa de gobierno democrático. Su propósito es impedir que las debilidades de una sola persona dirijan todas las decisiones sin oposición. La capacidad militar, el juicio estratégico y el engaño pueden cuestionarse mutuamente. Que ese arreglo proteja al imperio depende de quienes lo utilizan, de la información que poseen y de las presiones que los rodean.
Las casas nobles, los comandantes, los administradores y la Rosa Negra siguen actuando bajo el Trifarix y a su alrededor. La victoria de Swain no eliminó sus intereses. El imperio también debe gobernar provincias cuyos habitantes tienen historias diferentes y motivos distintos para aceptar o resistir el dominio imperial. Una decisión tomada en la capital atraviesa esas fuerzas contrapuestas antes de convertirse en realidad cotidiana en otro lugar.
La respuesta a quién gobierna Noxus tiene, por tanto, dos niveles. Formalmente, gobierna el Trifarix. En la práctica, su autoridad se enfrenta continuamente a los privilegios antiguos, la magia oculta y las exigencias de la expansión. El demonio de Swain le da conocimiento, pero conocer no equivale a controlarlo todo ni demuestra buen juicio. El nuevo gobierno sigue formando parte de la disputa noxiana sobre qué debe conseguir la fuerza y quién debe pagar por ello.
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Riot Games · Relato completo
Publicado 2020-11-16
¡Ciudadanos de Noxus! ¡Traigo noticias de la capital!
¡Es momento de celebración! ¡La Mano de Noxus ha regresado, y está junto a nuestro nuevo Gran General! ¡Con las casas nobles unidas detrás de ellos, comienza una nueva era para nuestro glorioso imperio!
Que corra la voz de que, a partir de ahora, desde la lejana Shurima hasta las costas de Jonia, las incontables guerras iniciadas por Boram Darkwill han llegado a su fin. El dinero de nuestros erarios ya no se derrochará en la promesa de victorias inciertas. Nuestros valerosos guerreros ya no tendrán que sacrificar sus vidas en vano, sin recibir nada a cambio.
Oro noxiano y sangre noxiana. Estos son los tesoros que Jericho Swain ha jurado devolver a ustedes, al pueblo.
Durante su campaña en las tierras del norte, el poderoso general Darius recibió la orden de renunciar a su cargo. En lugar de aceptar cobardemente este edicto, marchó de vuelta hacia la capital con todos sus batallones, puesto que el deber de la Mano de Noxus responde en primer lugar al imperio mismo, y no a quienquiera que le toque el turno de sentarse en el trono, a lo largo del tiempo. Era justo y necesario que cuestionara esas órdenes y a la autoridad que las expidió.
Que corra la voz de que el general Darius se encontró con el general Swain. Y que también se sepa que Darius está convencido de que el golpe contra Boram Darkwill fue justo y conforme a la ley, y que las acciones de Swain fueron por el bien de todo Noxus.
¡Que viva el Gran General Jericho Swain, salvador del imperio!
Con la protección de Darius y sus batallones, representantes de todas las casas nobles se han reunido para escuchar los planes de Swain para el futuro de Noxus. Quienes le han jurado lealtad perpetua, en su propio nombre y el de sus casas, han recibido el perdón incondicional por cualquier error que hayan cometido o resistencia que hayan interpuesto. Estos hombres y mujeres son servidores orgullosos y honorables del Gran General, y no deben ser dañados.
Con su ilimitada sabiduría y misericordia, también le ofrece clemencia a quienes han rechazado su benevolencia. Tienen siete días completos para dar por terminada su actividad dentro del imperio, entregar sus tierras y títulos, y abandonar Noxus para siempre. Quienes decidan permanecer en señal de desafío renunciarán a sus vidas, y se reanudarán los juicios públicos en la Arena Noxkraya tres días después de cumplido el plazo.
Por lo tanto, que corra la voz de que todos los noxianos serán tratados en igualdad y de acuerdo al mérito de su propia habilidad y fuerza. Además, que corra la voz de que Jericho Swain y las casas nobles se comprometen a terminar con la incompetencia y el nepotismo que plagaron el reinado de Darkwill por décadas.
Pero el Gran General anterior no era un hombre malo, y Swain no lo hará recordar de ese modo. Por el contrario, era un hombre débil, manipulado tras bambalinas por otros…
Sí, amigos míos. Hay corrupción en el seno de nuestro gran imperio. La corrupción ha crecido por siglos, brotando como una hermosa flor a la vista de todos, mientras sus raíces se retorcían y extendían en la oscuridad subterránea.
¡Ya no más, mis amigos! ¡Ya no más! ¡Jericho Swain aniquilará a quien intente explotar a Noxus para sus propios e inconfesables beneficios! ¡Extirpará de raíz la corrupción, esa rosa infecta y llena de espinas! De aquí en adelante, cada uno de sus agentes y aliados serán considerados enemigos del imperio, y todos los buenos ciudadanos están obligados a hacerles frente, en la medida de sus posibilidades. ¡Juntos venceremos! ¡Nadie estará libre de sospecha!
Antes de Boram Darkwill, hasta los más grandes reyes y campeones de los Noxii fueron títeres de estas fuerzas siniestras, incluso desde los tiempos de las Guerras Rúnicas. De hecho, nuestro amado Gran General ha escuchado los temores de las casas nobiliarias: si cualquiera puede caer en la corrupción, ¿por qué él no caería también? Con ese fin, ha decretado que Noxus no sea gobernado por un solo individuo… sino por tres. Inspirado por el legado de las más grandes tribus de la antigüedad —la visión de los Noxidi, la fuerza de los Noxkri y la astucia de los Noxtali—, creará el consejo ''Trifarix'', cuyos miembros no aspirarán a ningún trono, y representarán los principios de fuerza que le han permitido a Noxus triunfar sobre sus enemigos.
Por último, que corra la voz de que, luego de una serie de consultas con sus queridos amigos de la nobleza, el Gran General se ha reconciliado con los líderes de los gremios de asesinos. Junto a Swain y Darius, habrá un lugar para ellos en el consejo, en lo que será una representación ''anónima'', con el objetivo de proteger al imperio de las arteras amenazas procedentes de su propio seno.
¡Adelante, ciudadanos! ¡Den a conocer a todos estas palabras y proclamaciones! Los mejores años de Noxus están ante nosotros. ¡Debemos levantarnos como un solo pueblo, unido por un propósito y por la gloria, una vez más!
NOTA DEL ARCHIVISTA: A pesar de las promesas inspiradoras y conciliadoras contenidas en estas proclamas oficiales, en el lapso de tan solo un año, el Trifarix alteró completamente el panorama político de Noxus. Los cargos de gobernador y las comisiones militares ya no eran hereditarias, sino asignadas a través de procedimientos oficiales. Todos los bienes personales pasaron a ser declarados y verificados, y se establecieron impuestos considerables a todo el oro y la plata que no estuvieran depositados en fideicomiso en los bancos del estado. Por último, se declaró ilegal que un ciudadano sea tenido en propiedad por otro, y se estableció la pena de muerte para la venta o transferencia de personas.
Eficazmente, Jericho Swain sedujo a las casas nobles para poner un pie en los gremios de asesinos, y luego desmanteló sistemáticamente las estructuras de poder que las habían sustentado por casi mil años. Si bien las repercusiones de esto todavía quedan por verse, es probable que muchos nobles se hayan visto orillados a aliarse con sus enemigos clandestinos y a preparar una rebelión.
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David Slagle · Relato completo
Publicado 2018-02-05
Él llegó al campamento momentos antes de que el consejo de estrategia diera comienzo, flanqueado por una pequeña guardia de honor, cada uno seleccionado por la Legión Trifariana. Permanecieron en la entrada conforme lo observé acercarse.
Algunos hombres proyectan una sombra mayor a ellos mismos, pero muy pocos podrían traer consigo una oscuridad como esta, una que nos rodeara acechándonos, hambrienta. De alguna manera, los cuervos que parecían seguirlo por el campamento eran un sombrío recordatorio del destino de todos los guerreros, las telas harapientas en sus picos coincidían con el estado de nuestros propios estandartes. Sin embargo, mientras se abría paso por los restos de nuestra tienda de guerra, me percaté de que no me había preparado para cuán mortal se veía.
Su cabello era gris, enmarcado por un cielo carmesí sofocado por cenizas. Su armadura, desgastada por innumerables batallas, dio paso a un abrigo funcional, y mantenía sus brazos bajo sus pliegues, justo como imaginé que lo haría alguien de su linaje. Sonreí porque él seguía siendo, en su corazón, un caballero. No había señales de su rango más allá de las cicatrices de un soldado que ha visto una buena cuota de sangre. Había ya mucha gente reunida para el consejo. Exigían más miedo y respeto, dominando a sus grupos de guerra con poderosas exhibiciones de fuerza. Cada uno de ellos parecía ser más que capaz de derrotar al hombre frente a nosotros.
Pero, de alguna manera, ese hombre era el que nos guiaba a todos. El Gran General de Noxus.
Mientras lo observaba, pude sentir que había algo que no podía detectar, sin importar qué tan de cerca mirara. ¿Tal vez era algo verdaderamente desconocido? Quizás acudían tantos al bando de este hombre precisamente porque había algo desconocido y misterioso sobre él. Cualquiera que sea la respuesta, Jericho Swain estaba frente a nosotros y era demasiado tarde para que yo retrocediera.
Cinco batallones habían marchado a la Planicie de Rokrund, pero había sido cuestión de semanas para que los habitantes de la zona nos destrozaran. Nos atacaron a través de las zanjas que habíamos hecho apresuradamente con pólvora extraída de montañas que parecían más desoladas que las que habían en casa. Fue una catástrofe tras otra, hasta que Swain no tuvo otra opción más que intervenir. Me había asegurado de eso.
Durante meses, me había preparado. Había enviado a caudillos a las profundidades de las minas. Había trazado cada detalle, cada giro considerable de las tierras... y los destinos sobre los que Noxus se balanceaba, los susurros que formaban cada momento...
Mi oído se estremecía ante el recuerdo de las palabras de la dama pálida. Desde el momento en que ella estuvo al mando, dándole voz a nuestra conspiración.
Todo estaba preparado. Me había asegurado de que así fuera. Aquí, justo donde la tierra se abre en laberintos de barrancos de los que es imposible escapar, yo y solo yo determinaría el futuro del imperio.
Después de todo, ¿no era para lo que Swain había convocado al consejo?
''Mis generales de confianza'', dijo Swain finalmente. El poder de su voz resonó como el desvainar de una espada. Hizo una pausa, como si nos diera un momento para probarnos a nosotros mismos contra su afilada espada. ''Díganme cómo Noxus debe prevalecer''.
''Hay doce barcas de guerra aquí, en las montañas'', comenzó Leto, señalando un lugar en el mapa ya desgastado por su relieve, ''cada uno está representado por un basilisco. Envíelos antes que a los grupos de guerra y estaremos marchando sobre los cadáveres del enemigo. Esas bestias atacarían solamente con lanzas oxidadas si se lo permitiéramos''.
Sonrió, satisfecho con su propio ingenio, pero Swain estaba más preocupado por el vino que servían en su copa.
¿Será veneno?, parecía que sus ojos preguntaban, mientras miraba a toda la mesa. Observé mi reflejo en su armadura. No traicionaría mi voluntad.
''Apenas podemos controlar a los basiliscos por nuestra cuenta'', murmuró Swain, prestando atención a la gran cosecha joniana. ''Imaginen solamente un explosivo arrojado por un zapador al alcance de las bestias. Y después díganme, en su imaginación, quién huye primero... ¿Los basiliscos con las colas entre las patas? ¿O sus aclamados batallones?''
''Entonces quemaremos la tierra'', Maela solicitó antes de que Leto pudiera contestar, las palabras volaban agresivamente desde su boca. ''Prender fuego al terreno que han establecido para tomar la delantera. Sacarlos de esas malditas minas''.
Swain suspiró. ''Estamos aquí por la tierra que quemarías. Aunque supongo que es esperar demasiado suponer que conoces el uso del salitre''. Arremolinó el vino en su copa, delatando un dejo de decepción. ''Lo único que has hecho hasta ahora es enterrar a tus propios hombres en ella''.
''Los Espadas Rojas siguen siendo peligrosos'', Jonat escupió con impaciencia, emergiendo de las sombras, donde la oscuridad casi parecía brillante en comparación con su piel shurimana. ''Entraremos a las minas después del crepúsculo y eliminaremos a sus líderes. Limpio o desastroso. No tiene importancia''.
''Es una estrategia admirable'', dijo Swain riendo. ''Pero esos líderes no son soldados. Aún no. Nuestro enemigo solo sigue a quien brame con más fuerza. Asesinen a uno y habrá tres bramando por la mañana''.
Me reí, asintiendo hacia el líder de los Espadas Rojas, que fruncía el ceño. ''Por un momento temí que encontrarías una manera en la que realmente ganáramos, Jonat''.
El silencio inundó la mesa. Las velas comenzaban a extinguirse al lado de los mapas.
Este era mi momento. La mujer pálida estaría satisfecha. Diría su nombre mientras envío a nuestro Gran General al olvido.
''La verdad es que no puedes ganar esta batalla'', continué. ''Nadie puede contra la muerte. Ni siquiera el gobernante de Noxus. Darkwill nos lo enseñó''.
Swain y los demás observaron mientras yo extraía cautelosamente el pedernal de mi túnica. El fusible ya estaba en mi otra mano. Leto, el antiguo héroe del Asedio de Fenrath, se estremeció.
''Granth, ¿qué estás haciendo?'', gruñó, observando a la carga de demolición que yo había colocado cuidadosamente debajo de la mesa, hacía menos de una hora. ''¿Te atreverías a amenazar al Gran General? Esto es traición''.
Aun así, ninguno se atrevía a acercarse a mí. Sostuve el pedernal contra el fusible, preparado.
Excepto... que alguien se estaba riendo. Me tomó un momento percatarme de quién era.
''Y es así como el General Granth es el único que tiene la facultad de hacerlo'', dijo Swain, alisando las arrugas de su abrigo. ''Él lo comprende. El resto de ustedes ven una batalla y se preguntan qué deben hacer para evitar ser derrotados. Pero algunas batallas no pueden ser ganadas. Algunas veces, la única estrategia es arder. Quemarlo todo, sabiendo que morirás, pero que veinte mil más marcharán detrás de ti. Y que, detrás de ellos, hay un poder mayor''.
Dejó que su abrigo se abriera, para revelar... para... revelar...
''Granth y yo'', dijo con una cruel sonrisa, ''siempre buscamos lo que debe sacrificarse para poder ganar''.
Maela embistió contra mis temblorosas manos. Leto también. Pero fue el agarre inhumano de Swain el que sujetó mi garganta, levantándome del suelo, dejando de lado el fusible sin encender.
''Si tan solo pudieras decirle tú mismo cómo fallaste'', susurró el Gran General, su voz resonaba con la furia de siglos. ''Si tan solo ella también pudiera considerar la sabiduría de los muertos''.
Intenté gritar y confesarlo todo. De alguna forma suplicar por misericordia.
Pero no queda nada ahora, excepto por el suave murmullo de susurros. Confieso mis secretos, esta historia, a tus oídos. Desvaneciéndose como el batir de alas, mientras el cuervo emite sus graznidos...
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