Relatos de Runaterra: Noxus
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Historia regional · Noxus
Un itinerario de conquista, política y secretos antiguos.
El principio de la fuerza da una visión escrita de los ideales militares noxianos y la Legión Trifaria. · Riot Games
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Estas cinemáticas reúnen distintos personajes y momentos. El orden de estreno no es el orden de los acontecimientos.
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Noxus se entiende mejor al leer sus ideales públicos junto a sus consecuencias. El gobierno establecido después de Darkwill ofrece una entrada clara: Swain explica el cambio de liderazgo y Darius muestra cómo el servicio militar puede unir la identidad de una persona al imperio y no a un gobernante concreto.
Después conviene acercarse a quienes vivieron la fuerza noxiana. La invasión de Jonia revela la distancia entre los objetivos de un ejército y la vida de los civiles. Riven conecta especialmente bien ambas perspectivas porque su desilusión nace dentro de la institución en la que confiaba. Los relatos de su espada rota continúan mediante la justicia jonia y las exigencias de sus antiguas compañeras.
El regreso a la capital permite descubrir la historia oculta. La Rosa Negra y el Bastión Inmortal explican por qué los conflictos políticos del imperio no pueden separarse de una magia anterior. La incertidumbre alrededor de LeBlanc es deliberada: las afirmaciones de los personajes muestran sus posiciones, pero no permiten dar por revelado cada secreto.
Estos hilos ofrecen tres perspectivas útiles: gobierno, conquista y poder oculto. Cualquiera permite entrar en un relato más amplio sin completar primero todas las biografías. Las lecturas permanecen dentro de The Rune y las historias personales están disponibles por separado para conocer a quienes toman las decisiones.
Para una ruta cronológica, coloca la fundación de Noxus antes de esos hilos modernos. La biografía de Mordekaiser y El reinado final explican por qué el Bastión Inmortal es anterior al estado que lo ocupa. LeBlanc conecta después aquel mundo con la influencia oculta que sobrevive dentro del nuevo imperio. Esa secuencia da un trasfondo más profundo al conflicto de Swain sin convertir toda la historia de Mordekaiser en un capítulo de su vida.
Una vez claros los fundamentos, compara a quienes siguieron siendo leales con quienes ya no pudieron aceptar lo que significaba servir. Darius y Riven forman una pareja de lecturas especialmente útil. Ambos se tomaron en serio las promesas del imperio y sus conclusiones distintas revelan más que una discusión entre un patriota y una extraña. El contraste explica cómo la misma institución puede producir convicción, oportunidades y una desilusión profunda.
Elige la siguiente lectura según la pregunta que haya quedado abierta. Para entender la autoridad, sigue el Trifarix. Si te interesa el coste de la conquista, pasa a los relatos jonios. Si te atraen los secretos del Bastión, vuelve a las historias mágicas más antiguas. No necesitas memorizar a todos los personajes. Una pregunta coherente da a cada biografía o relato nuevo un lugar dentro de la historia general.
Fin de esta lectura
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Estas ediciones conservan el texto del editor. Sus acontecimientos y contextos de publicación pueden ser distintos.
Riot Games · Relato completo
Publicado 2020-11-16
¡Ciudadanos de Noxus! ¡Traigo noticias de la capital!
¡Es momento de celebración! ¡La Mano de Noxus ha regresado, y está junto a nuestro nuevo Gran General! ¡Con las casas nobles unidas detrás de ellos, comienza una nueva era para nuestro glorioso imperio!
Que corra la voz de que, a partir de ahora, desde la lejana Shurima hasta las costas de Jonia, las incontables guerras iniciadas por Boram Darkwill han llegado a su fin. El dinero de nuestros erarios ya no se derrochará en la promesa de victorias inciertas. Nuestros valerosos guerreros ya no tendrán que sacrificar sus vidas en vano, sin recibir nada a cambio.
Oro noxiano y sangre noxiana. Estos son los tesoros que Jericho Swain ha jurado devolver a ustedes, al pueblo.
Durante su campaña en las tierras del norte, el poderoso general Darius recibió la orden de renunciar a su cargo. En lugar de aceptar cobardemente este edicto, marchó de vuelta hacia la capital con todos sus batallones, puesto que el deber de la Mano de Noxus responde en primer lugar al imperio mismo, y no a quienquiera que le toque el turno de sentarse en el trono, a lo largo del tiempo. Era justo y necesario que cuestionara esas órdenes y a la autoridad que las expidió.
Que corra la voz de que el general Darius se encontró con el general Swain. Y que también se sepa que Darius está convencido de que el golpe contra Boram Darkwill fue justo y conforme a la ley, y que las acciones de Swain fueron por el bien de todo Noxus.
¡Que viva el Gran General Jericho Swain, salvador del imperio!
Con la protección de Darius y sus batallones, representantes de todas las casas nobles se han reunido para escuchar los planes de Swain para el futuro de Noxus. Quienes le han jurado lealtad perpetua, en su propio nombre y el de sus casas, han recibido el perdón incondicional por cualquier error que hayan cometido o resistencia que hayan interpuesto. Estos hombres y mujeres son servidores orgullosos y honorables del Gran General, y no deben ser dañados.
Con su ilimitada sabiduría y misericordia, también le ofrece clemencia a quienes han rechazado su benevolencia. Tienen siete días completos para dar por terminada su actividad dentro del imperio, entregar sus tierras y títulos, y abandonar Noxus para siempre. Quienes decidan permanecer en señal de desafío renunciarán a sus vidas, y se reanudarán los juicios públicos en la Arena Noxkraya tres días después de cumplido el plazo.
Por lo tanto, que corra la voz de que todos los noxianos serán tratados en igualdad y de acuerdo al mérito de su propia habilidad y fuerza. Además, que corra la voz de que Jericho Swain y las casas nobles se comprometen a terminar con la incompetencia y el nepotismo que plagaron el reinado de Darkwill por décadas.
Pero el Gran General anterior no era un hombre malo, y Swain no lo hará recordar de ese modo. Por el contrario, era un hombre débil, manipulado tras bambalinas por otros…
Sí, amigos míos. Hay corrupción en el seno de nuestro gran imperio. La corrupción ha crecido por siglos, brotando como una hermosa flor a la vista de todos, mientras sus raíces se retorcían y extendían en la oscuridad subterránea.
¡Ya no más, mis amigos! ¡Ya no más! ¡Jericho Swain aniquilará a quien intente explotar a Noxus para sus propios e inconfesables beneficios! ¡Extirpará de raíz la corrupción, esa rosa infecta y llena de espinas! De aquí en adelante, cada uno de sus agentes y aliados serán considerados enemigos del imperio, y todos los buenos ciudadanos están obligados a hacerles frente, en la medida de sus posibilidades. ¡Juntos venceremos! ¡Nadie estará libre de sospecha!
Antes de Boram Darkwill, hasta los más grandes reyes y campeones de los Noxii fueron títeres de estas fuerzas siniestras, incluso desde los tiempos de las Guerras Rúnicas. De hecho, nuestro amado Gran General ha escuchado los temores de las casas nobiliarias: si cualquiera puede caer en la corrupción, ¿por qué él no caería también? Con ese fin, ha decretado que Noxus no sea gobernado por un solo individuo… sino por tres. Inspirado por el legado de las más grandes tribus de la antigüedad —la visión de los Noxidi, la fuerza de los Noxkri y la astucia de los Noxtali—, creará el consejo ''Trifarix'', cuyos miembros no aspirarán a ningún trono, y representarán los principios de fuerza que le han permitido a Noxus triunfar sobre sus enemigos.
Por último, que corra la voz de que, luego de una serie de consultas con sus queridos amigos de la nobleza, el Gran General se ha reconciliado con los líderes de los gremios de asesinos. Junto a Swain y Darius, habrá un lugar para ellos en el consejo, en lo que será una representación ''anónima'', con el objetivo de proteger al imperio de las arteras amenazas procedentes de su propio seno.
¡Adelante, ciudadanos! ¡Den a conocer a todos estas palabras y proclamaciones! Los mejores años de Noxus están ante nosotros. ¡Debemos levantarnos como un solo pueblo, unido por un propósito y por la gloria, una vez más!
NOTA DEL ARCHIVISTA: A pesar de las promesas inspiradoras y conciliadoras contenidas en estas proclamas oficiales, en el lapso de tan solo un año, el Trifarix alteró completamente el panorama político de Noxus. Los cargos de gobernador y las comisiones militares ya no eran hereditarias, sino asignadas a través de procedimientos oficiales. Todos los bienes personales pasaron a ser declarados y verificados, y se establecieron impuestos considerables a todo el oro y la plata que no estuvieran depositados en fideicomiso en los bancos del estado. Por último, se declaró ilegal que un ciudadano sea tenido en propiedad por otro, y se estableció la pena de muerte para la venta o transferencia de personas.
Eficazmente, Jericho Swain sedujo a las casas nobles para poner un pie en los gremios de asesinos, y luego desmanteló sistemáticamente las estructuras de poder que las habían sustentado por casi mil años. Si bien las repercusiones de esto todavía quedan por verse, es probable que muchos nobles se hayan visto orillados a aliarse con sus enemigos clandestinos y a preparar una rebelión.
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Anthony Reynolds · Relato completo
Publicado 2018-02-05
Me llamo Alyssa Roshka Gloriana val-Lokan. Durante casi dos milenios, mis ancestros fueron los reyes gobernantes de la Alcazaba Ahondada.
Los caudillos, las naciones y los imperios en desarrollo, envidiosos por las riquezas que las Montañas de Hierro nos ofrecían, intentaron derrocarnos, pero ninguno pudo quebrantar nuestra resistencia. Se lanzaron contra nuestros muros como olas de océano furiosas, encontrándose con la fatalidad de nuestras hojas poderosas.
Todos fallaron... hasta que llegaron los noxianos.
Y el mandato de mi familia terminó.
Ella mantuvo su cabeza en alto mientras subían las Escaleras del Triunfo. Soldados uniformados hacían guardia cada doce escalones, pero su mirada dura permanecía fija hacia el horizonte, inquebrantable. Podía ser la primera vez que Alyssa estaba en la capital, pero ella se rehusaba a dejarse intimidar; no se comportaría como una provinciana humilde boquiabierta ante el lugar. Ella provenía de la Alcazaba Ahondada y la sangre de reyes fluía por sus venas.
Los escalones estaban flanqueados por guardias cubiertos por acero oscuro. El metal utilizado para forjar sus armaduras procedía de las profundidades de la montaña que era su hogar. Los mejores recubrimientos de Noxus provenían de allí, debajo de las montañas. Había sido así durante cinco generaciones, desde que su reino había sido conquistado por Noxus e incorporado al imperio.
Los estandartes rojos ondeaban ante el viento seco del atardecer durante su ascensión. El aroma a carbón industrial flotaba sobre la brisa cálida. En Noxus, las forjas se enfriaban en contadas ocasiones.
El Bastión Inmortal se cernía sobre ellas, oscuro y amenazante.
''Alardean sus riquezas y decadencias, mientras que nosotros vivimos como mendigos'', dijo su hermano Oram. Ella lo miraba de reojo, caminando a su lado.
Oram Arkhan val-Lokan. De hombros anchos, brazos fuertes y con una innegable habilidad para empuñar su espada, Alyssa lo consideraba arrogante y de inteligencia limitada, pero ocultaba su desdén hacia él bajo una expresión impasible e inexpresiva. Era su hermano mayor, aunque solo fuera por unos minutos, y estuvo muy cerca de ser el gobernante de la Alcazaba Ahondada. Alyssa sabía muy bien cuál era su lugar.
Aparentemente, el hecho de que eran mellizos era muy evidente. Ambos eran altos y atléticos, y tenían la mirada fría de su linaje familiar, así como el comportamiento orgulloso de aquellos que nacen en la nobleza. También ataban sus largos cabellos oscuros ingeniosamente en trenzas firmes, tenían tatuajes en su rostro y usaban capas grises sobre sus armaduras.
Llegaron a la cima de las escaleras. Hubo un batir de alas y un cuervo sobrevoló sus cabezas.
Alyssa casi se estremeció, pero se controló a sí misma. ''¿Debemos considerar esto como un mal augurio, hermano?''
Observó que las manos de Oram se cerraban en puños.
''Hemos llenado las arcas y armado a los soldados de Noxus por demasiado tiempo'', gruñó, haciendo el menor esfuerzo de evitar ser escuchado por los guardias. ''¿Y para qué?''
Para sobrevivir, pensó Alyssa, aunque no lo dijo en voz alta.
Un par de guerreros en armadura de placas los esperaron fuera de las grandes puertas metálicas del palacio. Permanecieron firmes y en silencio, sujetando grandes alabardas constituidas de grandes hachas con sus guantes. Las tres hendiduras en sus corazas y sus capas y tabardos de color rojo oscuro le indicaron a Alyssa que no eran guardias normales.
''Legionarios'', susurró Oram, dejando de lado su habitual arrogancia y fanfarronería.
En una nación de asesinos, la Legión Trifariana era la más temida y respetada de todos, tanto aliados como enemigos. Se decía que su mera presencia había logrado que ciudades y naciones completas se arrodillaran para evitar enfrentarlos en batalla.
''Nos honran'', dijo Alyssa. ''Vamos, hermano. Es momento de que conozcamos al 'Concejo de Tres' personalmente''.
Sin embargo, el trono estaba vacío, tal como había permanecido desde que el Gran General de Noxus había muerto.
No había muerto, se corrigió Alyssa a sí misma. Lo habían ejecutado.
Noxus yacía sin emperador, sin un tirano ocupando el trono. Pero no por mucho tiempo.
Antes de haberse marchado de la Alcazaba Ahondada, Alyssa había sido asesorada sobre este nuevo liderazgo.
''La Trifarix'', lo había denominado el consejero en jefe de su padre. ''Los tres elementos, cada uno representando uno de los principios de la fuerza fundamentales: Visión, Poder y Astucia. La teoría dice que, si uno de los elementos pudiera condenar a Noxus por su incompetencia, locura o corrupción, siempre habría otros dos elementos para detenerlo''.
Para Alyssa, era un concepto intrigante, pero que nunca se había puesto en práctica.
La sala daba una sensación cavernosa: era lo suficientemente grande para albergar hasta mil peticionarios, pero en ese momento estaba casi vacía, salvo por tres figuras que estaban sentadas en una mesa simple de piedra jaspeada, al pie de la plataforma elevada del trono.
Los dos guerreros siniestros de la Legión Trifariana escoltaron en silencio a Alyssa y a su hermano hacia el trío; sus pisadas resonaban bruscamente en el suelo frío. Los tres estaban sumergidos en una discusión, pero dejaron de hablar en cuanto los hermanos de la Alcazaba Ahondada se acercaron a ellos. Estaban sentados en hilera, observando a los emisarios como un jurado en silencio.
Ella conocía a dos de ellos por su reputación. En cuanto al tercero... bueno, realmente nadie sabía nada sobre él.
Al centro, con una mirada sagaz y sin parpadear, estaba sentado Jericho Swain, el famoso visionario, el nuevo Gran General. Algunas personas de las castas nobles aún lo consideraban un usurpador, pues él fue quien había sacado al demente de Boram Darkwill del trono de Noxus, pero ninguno se atrevía a decírselo a la cara. Su mirada, la cual parecía abarcar demasiado, primero se centró en Oram y después en Alyssa. Ella se resistió ante la tentación de mirar la manga de su brazo izquierdo, metida dentro de su abrigo oscuro. Se decía que había perdido esa extremidad durante la invasión fallida de Jonia y que la había cortado una hoja embrujada del archipiélago místico.
A su derecha estaba sentado Darius, la legendaria Mano de Noxus, líder de la Legión Trifariana, y ahora comandante de todos los ejércitos del imperio. Era la personificación del poder; mientras que Swain estaba sentado completamente erguido, Darius estaba inclinado hacia atrás. Sus dedos cubiertos por un guantelete repiqueteaban un tatuaje sobre la madera de su silla. Sus brazos eran enormes y su expresión era dura.
La tercera figura, a la que se referían como ''el Sin Rostro'', era un misterio. El individuo permanecía inmóvil, cubierto de la cabeza a los pies con una voluminosa túnica de varias capas. Traía puesta una máscara negra brillante e incluso los agujeros de los ojos estaban oscurecidos con tela negra, encubriendo su identidad. Sus manos también estaban ocultas debajo de mangas de tela gruesa. Alyssa pensó que percibía un toque femenino en la máscara, pero podría haber sido la luz de ese momento.
Una apenas perceptible inclinación de la barbilla de Darius fue la señal de retirada para los legionarios que los habían escoltado hasta allí. Los dos guerreros golpearon sus petos con los puños a modo de saludo y retrocedieron, dejando a Alyssa y a su hermano solos ante la Trifarix.
''Tomen asiento, por favor'', dijo Swain, señalando las sillas al frente.
''Prefiero estar de pie, Gran General'', contestó Oram.
''Como gusten''.
Había algo indudablemente amenazador y depredador en el Gran General, determinó Alyssa... considerando que era un lisiado entrando en sus últimos años...
''Oram y Alyssa val-Lokan, el tercer hijo y la cuarta hija del Gobernador de la Alcazaba Ahondada'', continuó. ''El viaje es largo desde las Montañas de Hierro. Supongo que no es una visita de cortesía''.
''Vengo por orden de mi padre'', dijo Oram, ''para hablar en su nombre''.
''Entonces, prosigue'', dijo Darius, su voz se asemejaba al gruñido de advertencia de un lóbrego. ''Al grano. Esto es Noxus, no una corte de la nobleza''.
Su acento era brusco y poco sofisticado, a diferencia del de Swain. La voz de un plebeyo. Alyssa podía percibir un dejo de sonrisa burlona en su hermano.
''Durante décadas, la Alcazaba Ahondada ha servido con lealtad'', comenzó Oram, enfatizando su refinado acento, tal vez una muestra imprudente de superioridad. ''Nuestro oro financia las campañas de conquista. Nuestro hierro reviste y arma a los ejércitos del imperio. También a la Legión Trifariana''.
Darius permanecía inmutable. ''El metal de las Montañas de Hierro hace las mejores armaduras. No tendría a la Legión protegida con nada más. Deberían sentirse orgullosos''.
''Estamos muy orgullosos, mi señor'', dijo Alyssa.
''Yo no soy un señor. Mucho menos el suyo''.
Swain sonrió, levantando su mano. ''Se refiere a que, en Noxus, ningún hombre o mujer nace siendo superior a otro. No es por el linaje como alguien se gana un lugar, sino por sus acciones''.
''Por supuesto'', contestó Alyssa, maldiciéndose a sí misma por su error.
''Trabajamos como esclavos en la oscuridad y profundidad de las minas, debajo de las montañas'', continuó Oram. ''Y todos los días observamos cómo nos arrebatan los frutos de nuestro esfuerzo y los transportan en grandes vagones que regresan completamente vacíos. Difícilmente estamos siendo capaces de alimentar a nuestra...''
''Oh, ¿de verdad?'', exclamó Swain, levantando una ceja. ''Enséñame tus manos, por favor.''
''¿Qué?'', dijo Oram, desconcertado.
''Muéstranos tus manos, chico'', dijo Darius, inclinándose en la brillante superficie de la mesa que estaba entre ellos. ''Muéstranos estas manos que trabajan en la roca, el polvo y la oscuridad debajo de la fortaleza de la montaña''.
Oram apretó la quijada, rehusándose a ser expuesto.
Darius se burló. ''Él no ha sufrido ni un día de su vida. Ella tampoco. Los únicos callos que ustedes dos poseen no son consecuencia de trabajar duro''.
''No permitiré que me hablen de esa forma, mucho menos...'', comenzó Oram, pero Alyssa puso su mano sobre su hombro. Furioso, él la quitó, pero acertadamente decidió no terminar el pensamiento. ''Están drenando las montañas'', dijo con un tono de voz más mesurado. ''Es insostenible y eso no es bueno para nadie... no lo es para nosotros ni definitivamente lo es para los ejércitos noxianos. Debe haber una concesión''.
''Dime, Oram Arkhan val-Lokan'', dijo Swain, ''¿Cuántos guerreros envía la Alcazaba Ahondada para pelear por Noxus? Aproximadamente. Al año''.
''Ninguno, señor. Pero eso es a propósito. Nuestra gente es más útil trabajando las minas y protegiendo las fronteras del norte de un ataque barbárico. Es ahí donde está nuestro valor primordial hacia Noxus está''.
Swain suspiró. ''De todas las provincias, ciudades y naciones que se remiten a Noxus, la Alcazaba Ahondada es el único lugar que no envía soldados a nuestros grupos de guerra. Ustedes no sangran por Noxus. Nunca han sangrado por Noxus. ¿No es esa una concesión suficiente?''
''No lo es'', contestó Oram, secamente. ''Estamos aquí por petición de nuestro padre para renegociar nuestro diezmo, o la Alcazaba Ahondada no tendrá otra opción más que la de reconsiderar su lugar dentro del imperio noxiano''.
La sala había quedado en silencio. Incluso Darius había detenido el incesante repiquetear de sus dedos.
El rostro de Alyssa empalideció y miró fijamente a su hermano, horrorizada. Este era un giro del que ella no tenía conocimiento; su mente se tambaleaba ante las posibles implicaciones. El Sin Rostro continuó observándola directamente, detrás de la brillante máscara.
''Ya veo'', finalmente dijo Swain. ''Creo conocer el verdadero propósito de su padre de enviarlos aquí, pero la pregunta es... ¿ustedes lo conocen?''
Oram asintió hacia Alyssa. ''Muéstraselos'', le ordenó. Sus ojos destellaban furia.
Ella respiró profundamente y sacó un estuche para pergaminos. Desenganchando su borde con sus temblorosos dedos, desenrolló un antiguo pergamino cubierto con una compleja caligrafía angular noxiana. Contenía tanto el sello de la Alcazaba Ahondada como el emblema de color rojo sangre de Noxus. Lo colocó sobre la mesa y lo alisó antes de regresar al costado de su hermano, ciertamente un paso más atrás, como era su lugar de acuerdo con las costumbres de las Montañas de Hierro.
Darius aparentaba desinterés, pero tanto Swain como el Sin Rostro se inclinaron para ver el documento. Una vez más, Alyssa se encontró intentando descifrar quién se ocultaba detrás de la máscara.
''Cuando la Alcazaba Ahondada se sometió al régimen noxiano, ochenta y siete años atrás'', dijo Oram, ''nuestros ancestros cedieron sus derechos soberanos y se inclinaron ante el trono de Noxus... el mismo trono que tengo frente a mí, vacío''.
Darius lo fulminó con la mirada. ''¿Y...?''
''Las condiciones son claras, como pueden ver ustedes mismos, así como donde juramos nuestra lealtad. El último hombre en sentarse en ese trono murió hace un poco más de siete años'', dijo Oram, señalando hacia el estrado. ''En lo que concierne a nuestro padre, este pedazo de papel ya no tiene ningún valor. La Alcazaba Ahondada no tiene la obligación de continuar pagando un diezmo, pero lo ha seguido haciendo como un acto de buena fe. No obstante, si no se cumplen nuestras concesiones, la Alcazaba Ahondada se verá forzada a abandonar el imperio. La región de las Montañas de Hierro ya no estará bajo nuestra protección inmediata''.
Alyssa quería desviar la mirada, salir huyendo, pero se encontró anclada a ese lugar mientras esperaba la reacción del concejo.
''La historia solo recuerda a los vencedores'', les advirtió Darius. ''Sé parte de Noxus y serás recordado por siempre. Enfréntate a nosotros y serás derrotado y olvidado''.
''Ningún ejército ha logrado penetrar la Alcazaba Ahondada'', dijo Oram. ''Nuestros ancestros le abrieron las puertas a Noxus por voluntad propia, recuérdenlo. No hubo sangre derramada de por medio.''
''Estás jugando un juego muy peligroso, chico''. Darius señaló a los guerreros que estaban parados unos pasos atrás de Alyssa y Oram. ''Bastarían dos miembros de la Legión Trifariana para entrar y apoderarse de tu preciosa Alcazaba Ahondada. Yo ni siquiera me tomaría la molestia de ir con ellos''.
Para enfatizar este punto, los dos legionarios golpearon la base de sus alabardas contra el suelo; el sonido retumbó como un trueno.
Oram se burló ante la demostración, pero la confianza de Darius impresionó a Alyssa. No parecía ser el tipo de hombre que solo alardea.
''Basta'', dijo Swain, con un movimiento de su mano. ''Dinos en qué consistirían estas concesiones''.
La luna había pasado su cenit en el oscuro cielo para el momento en que Alyssa y Oram salieron del palacio. Se pusieron en marcha hacia una finca cercana que servía como su base de operaciones dentro de la capital.
Alyssa estaba pensativa y silenciosa, su estómago era un nudo de ansiedad, pero su hermano parecía vigorizado por el encuentro con los líderes de Noxus.
''¡Swain aceptará nuestras condiciones! Estoy seguro de eso'', dijo con efusividad. ''Sabe que la Alcazaba Ahondada es muy importante para el imperio como para permitir que nuestro padre cierre sus puertas''.
''Esto es una locura'', murmuró Alyssa. ''¿Entramos y los amenazas? ¿Ese era tu plan?''
''Eso era lo que nuestro padre había planeado.''
''¿Por qué no me dijiste?''
''¿Habrías accedido si hubieras tenido conocimiento de ello?''
''Por supuesto que no'', respondió Alyssa. ''Esto es inútil. Mejor nos hubiéramos ofrecido para el siguiente despellejamiento...''
''Si Swain está convencido, lo único que necesitamos es que uno de los otros dos se una a él para que se cumplan nuestras condiciones'', dijo Oram, aparentando no escuchar sus preocupaciones. ''Es así como funciona la Trifarix. No existe punto muerto en su liderazgo cuando solo dos de ellos necesitan estar de acuerdo para llevar a cabo las cosas''.
''Darius jamás estará de acuerdo''.
''Darius es un perro arrogante. ¿Piensa que puede enviar a dos hombres a tomar la Alcazaba Ahondada? ¡Bah! Pero me temo que tienes razón. Si él se opone, solo nos queda el Sin Rostro. Nuestra prosperidad futura depende del voto de quien sea que está detrás de esa máscara''.
''Entonces, no nos queda más que esperar a escuchar cuál será nuestro destino'', dijo Alyssa, con una sensación de amargura en su voz.
Los ojos de Oram brillaron peligrosamente. ''No necesariamente''.
El nudo en el estómago de Alyssa se tensó más conforme él comenzó a explicar.
El amanecer no llegaría hasta dentro de algunas horas, pero Alyssa ya tenía mucho calor mientras se deslizaba silenciosamente por las calles de la capital. Al frente de un contingente de Guardias de la Ahondada, ella usaba un casco ajustado de acero oscuro y ya podía sentir su cabello escurriendo sudor debajo de este.
Había decenas de ellos en total, con capas y capuchas sobre las armaduras. Todos llevaban ballestas pesadas y espadas atadas a sus cinturas. En esta ciudad, no era inusual ver a grupos de guerra armados de todo el imperio; si alguien los veía, sus armas no alertarían a nadie y, a pesar de ello, Alyssa no podía evitar sentirse observada.
Y que, de alguna manera, el observador conocía sus intenciones.
Las calles y callejones de Noxus eran estrechos y serpenteantes, diseñados para reprimir y frustrar cualquier fuerza atacante que lograra penetrar las defensas de las afueras de la ciudad. Los tejados eran planos y almenados, como los puestos de batalla de los castillos, lo que permitía que los soldados dominaran a cualquier enemigo que se encontrara debajo de ellos. Alyssa vigilaba esos oscuros tejados con cautela. Cualquiera podía estar ahí arriba, observando su avance. Podían estar yendo directamente a una emboscada...
Un aleteo de alas negras sobre ella la hizo detenerse, dirigiendo su ballesta hacia el cielo. Se maldijo a sí misma por ser tan asustadiza, e hizo que sus subordinados avanzaran.
''Esto es mala idea'', Alyssa pensó por vigésima vez desde que había dejado la finca.
Se lo había dicho a su hermano en repetidas ocasiones para tratar de disuadirlo de esta forma de actuar, pero él estaba decidido. Esta era la voluntad de su padre, Oram había dicho irrevocablemente. Regresarían a casa habiendo asegurado un nuevo trato o no regresarían en absoluto. No había otro camino.
Ahora que había tenido tiempo de digerirlo, Alyssa no estaba sorprendida de que este fuera el plan del gobernador durante todo este tiempo. Por supuesto que lo era. Si bien podía terminar en la captura y ejecución de ella y de su hermano, ¿qué más le daba a su padre? Nunca había mostrado un gran interés en ambos y reservaba todo su afecto y cuidado a su heredero: el hermano mayor de Alyssa, Herok. Y si los capturaban y la Trifarix intentara retenerlos como rehenes para mantener la Alcazaba Ahondada dentro del imperio noxiano, ella sabía cuál sería la respuesta de su padre.
Para él, Alyssa y Oram eran prescindibles.
Ella y sus hombres se adentraron en las sombras hasta el Templo del Lobo, el cual estaba detrás de los antiguos baluartes al sur del mismo Bastión Inmortal. Su hermano debía estar a unas calles hacia el este, con más de sus subordinados armados.
En las semanas antes de que el contingente llegara a la capital, espías a su servicio habían estado observando las idas y venidas alrededor del palacio. Una de las observaciones había levantado un interés en particular, y era por esa información que Alyssa y su hermano estaban en la operación.
Se estaban acercando. Alyssa levantó una mano y los Guardias de la Ahondada se dirigieron hacia ella, deteniéndose en las sombras de un pasaje estrecho con vista hacia el Templo del Lobo. Era una torre alta de múltiples niveles con los costados abiertos, cada uno de los niveles estaba sostenido por columnas de piedra negra. En el centro de la torre, casi quince metros arriba, se erguía una gigantesca y amenazante estatua de obsidiana de un lobo sentado.
Esperaron ahí durante un largo minuto, hasta que vieron dos destellos breves de luz a la distancia: las chispas de una espada contra un pedernal. Esa era la señal de que Oram estaba en posición y que el camino estaba despejado.
''Hay que movernos'', dijo Alyssa con voz firme y, como si fueran uno solo, ella y sus subordinados se pusieron en marcha, saliendo de su escondite y apresurándose hacia el templo, atentos a la presencia de guardias. No había ninguno. Parecía que su hermano y sus hombres habían cumplido con su parte.
Alyssa subió a zancadas los escalones hacia el templo, indicando con un movimiento de su mano a los guerreros que se dispersaran. Entraron, atravesaron el umbral y rodearon la estatua de lobo. Se adentraron en las sombras, apoyándose contra las columnas, fundiéndose con la oscuridad, y aguardaron.
Ella levantó la mirada. En las antiguas costumbres de Valoran, la muerte se representaba constantemente como una dualidad de la naturaleza: tomaba la forma del Cordero ante la muerte pacífica, y la del Lobo para los finales violentos. En Noxus, este último era honrado de forma rigurosa. Morir pacíficamente en cama no era la forma de asegurar el honor en un imperio que veneraba la fuerza.
Alyssa normalizó su respiración, intentando reducir las pulsaciones de su corazón agitado. Sus manos estaban sudorosas. Las secó en su capa.
La espera siempre era la peor parte.
Volvió a echar un vistazo y se encontró apenas capaz de distinguir a sus subordinados. Bien. Si los descubrían antes de tiempo, todo habría sido en vano. Alyssa se estiró y sujetó un velo finamente labrado de cota de malla a su casco, para que colgara debajo de sus ojos y ocultara sus rasgos.
Una torre de vigilancia distante repicó en la hora cuatro. Alyssa se preparó. Si la información proporcionada por sus espías era correcta, el objetivo se estaría acercando en cualquier momento...
Y, justo a tiempo, emergió una figura cubierta por una gran túnica.
Provenía de la dirección del Bastión Inmortal, acompañada de cuatro guardias del palacio. La figura principal era casi invisible en la oscuridad previa al amanecer, vestida de pies a cabeza de color negro.
Era el tercer miembro de la Trifarix... el Sin Rostro.
La figura anónima caminó lentamente hacia el templo, volteando su cabeza de lado a lado, como si estuviera buscando entre las sombras. Sus manos estaban entrelazadas, ocultas debajo de las pesadas mangas.
Los guardias se detuvieron al pie del templo. Parecía que el Sin Rostro conversaba con ellos brevemente, aunque Alyssa estaba muy lejos como para poder escuchar sus palabras. Luego, la figura enmascarada continuó en solitario, aparentemente para rendir tributo al Lobo.
Aunque los guerreros de los grupos de guerra y los luchadores de los fosos de gladiadores eran los visitantes más comunes de los templos marciales distribuidos en toda la capital, incluso los burócratas, los comerciantes y los sirvientes hacían ofrendas con frecuencia. Según las observaciones, el Sin Rostro visitaba este templo cada cinco días en la cuarta hora, siempre vigilado y oculto por el manto de la oscuridad.
Afortunadamente, aunque las lealtades hacia la Legión Trifariana eran absolutas, era posible sobornar a los guardias del palacio para que hicieran la vista gorda.
Conforme la figura enmascarada se acercaba a la enorme estatua, Alyssa surgió del encubrimiento de la oscuridad. Al recibir la señal, los guardias sobornados dieron la vuelta en dirección hacia el Bastión Inmortal. Alyssa tenía su ballesta apuntada hacia el Sin Rostro, mientras que cautelosamente se dirigió hacia la luz parpadeante de los candelabros que rodeaban la estatua.
''No te muevas ni grites'', dijo ella con firmeza. ''Tus guardias se han ido. Doce ballestas están apuntándote justo ahora.''
La figura en la túnica hizo un sonido ahogado, tal vez sorprendido, y se acercó a ella. Había algo muy familiar en ella, tanto en el sonido como en sus movimientos torpes...
''No te muevas, te lo advierto'', dijo Alyssa. El Sin Rostro se paralizó.
Nadie en Noxus parecía saber quién era el tercer miembro de la Trifarix... al menos nadie que Alyssa y Oram conocieran. Esa era la fuerza del engaño, el principio de la astucia representado en el Concejo de Tres.
Pero Alyssa planeaba poner fin a eso.
''Todo se trata de sacar ventaja'', había dicho su hermano. ''Si podemos descubrir su identidad, podemos usarla a nuestro favor''.
''No queremos hacerte daño'', declaró Alyssa, con la mayor valentía que fue capaz de reunir. ''Quítate la máscara y no habrá necesidad de derramar sangre''.
La figura encapuchada miró a su alrededor, tal vez en busca de los guardias o intentando detectar a los hombres armados con ballestas que había mencionado Alyssa, ocultos en la oscuridad. Luego, la figura se acercó un poco más, casi al alcance de las armas, con las manos aún ocultas a la vista.
Alyssa apuntó su ballesta hacia el pecho de la figura. ''No. Des. Otro. Paso.''
La figura produjo otro sonido ahogado, agitando la máscara enfáticamente. Alyssa entrecerró los ojos.
Después, exhaló lentamente mientras caía en cuenta.
‘‘Ah. Eso lo facilita todo''.
Tiró del gatillo y la flecha atravesó a la figura encapuchada justo en la garganta.
Un hombre de su séquito llegó junto a ella al instante, exhortándola a huir. ''Debemos irnos'', dijo. ''Tenemos que estar fuera de la ciudad antes del amanecer, antes de que alguien se entere de lo sucedido''.
''Ya es demasiado tarde'', contestó Alyssa.
Se arrodilló junto a la figura jadeante, en el suelo. La sangre brotaba por debajo del cuerpo. Alyssa había visto muchas heridas para reconocer que esta era fatal.
Estiró su brazo y arrancó la máscara de la figura.
Oram la observó fijamente.
El rostro de su hermano estaba pálido, sus ojos estaban desorbitados y tenía una mordaza en la boca. Se sacudió y se retorció mientras la muerte se apoderaba de él. El movimiento retrajo sus mangas, revelando sus manos atadas con un cordón.
En sus últimos momentos, su mirada se enfocó en Alyssa y después en la gigantesca estatua del Lobo amenazante sobre ellos.
Fue entonces cuando los legionarios surgieron de la oscuridad como perros de caza, rodeando el templo.
El sol estaba en lo alto del cielo despejado, enviando destellos de luz a través de las estrechas ventanas a la sala de audiencia.
Alyssa estuvo de nuevo frente a la Trifarix, con la cabeza en alto y con las muñecas atadas a su espalda. Los miembros del concejo la observaban con cautela. Para Alyssa, el impenetrable rostro enmascarado del Sin Rostro era, en ese momento, tal vez el más intimidante de los tres.
Fue Swain quien finalmente rompió el silencio.
''Déjame explicarte sin rodeos'', dijo él. ''La Alcazaba Ahondada es muy valiosa para Noxus, pero no tanto como para que aceptemos las exigencias y amenazas de su gobernante. Eso sería una señal de debilidad. En el plazo de una semana, diez provincias más estarían haciendo fila con exigencias propias. No, eso nunca sucedería. Pero eso ya lo sabías''.
''Así fue'', contestó Alyssa. ''Mi hermano evidentemente no lo sabía''.
''Entonces, podría hacer que personas de mentes inferiores se cuestionen... ¿Por qué una joven inteligente como tú seguiría un plan tan absurdo?''
''Por el deber'', respondió Alyssa.
''El deber hacia el imperio siempre debe anteponerse al deber hacia la familia'', dijo Swain.
Tal vez solo haya sido la imaginación de Alyssa, pero creyó ver la expresión de Darius ensombrecerse ligeramente ante esas palabras. Aun así, la Mano de Noxus permaneció en silencio.
''Estoy completamente de acuerdo'', dijo Alyssa. ''Es por esa razón que le disparé a mi hermano cuando descubrí que era él quien estaba debajo de la máscara.''
Swain se giró hacia el enmascarado Sin Rostro. ''Una táctica riesgosa, amordazar y disfrazar a tu prisionero. Había otras maneras de ponerla a prueba''.
Se volvió a dirigir a Alyssa.
''Hazme el favor de explicarme, por el beneficio de mis compañeros miembros del concejo. ¿Cómo es que le disparaste y mataste a tu hermano con conocimiento de causa?''
''Mi padre nos envió aquí para morir'', respondió Alyssa, ''y hubiera usado nuestras muertes para justificar el cierre de las puertas de la Alcazaba Ahondada a Noxus''.
''Continúa''.
''Mi padre y mi hermano son tontos. Su deseo de volver a gobernar las Montañas de Hierro como reyes los ha cegado, una vez más, tal como lo hicieron nuestros ancestros. Llevarían a mi gente a la perdición por un orgullo fugaz''.
Un mínimo indicio de una sonrisa fría surgió en la boca de Swain.
''Entonces, Alyssa Roshka Gloriana val-Lokan... ¿Cuál sería tu propuesta?''
El anciano Gobernador val-Lokan levantó la mirada con una expresión de indignación en su rostro cuando Alyssa abrió las puertas de su salón.
''¿Qué significa esto, niña?'' gruñó, poniéndose de pie. ''¿Regresas sin anunciarte? ¿Dónde está Oram?''
Dos guerreros de la Legión Trifariana, imponentes y siniestros en su armadura de hierro, caminaban detrás de ella empuñando sus alabardas.
A un lado de su padre se encontraba su hermano Herok, heredero de la Alcazaba Ahondada. Sus ojos estaban muy abiertos con una expresión temerosa.
''¡Guardias!'', gritó el gobernador. ''¡Deténganlos!''
Sin embargo, su guardia personal no intervino. La reputación de la Legión era conocida en todo Valoran, incluso entre los que nunca habían peleado a su lado o contra ellos. Marchaban con la autoridad de la Mano de Noxus. Desafiarlos significaba desafiar a la Trifarix.
Alyssa había pensado mucho en las palabras que Darius había dicho, las palabras de las que su hermano se había burlado.
Bastarían dos miembros de la Legión Trifariana para entrar y apoderarse de tu preciosa Alcazaba Ahondada.
Se había demostrado que no había sido una fanfarronería.
''¿Qué es lo que has hecho?'', dijo su padre, hundiéndose en su asiento.
''Lo que era necesario''.
Alyssa extrajo un pergamino enrollado recién escrito y sellado con el emblema de Noxus, el emblema de la Trifarix, y lo colocó bruscamente sobre la mesa ante su padre, haciendo que se sobresaltara.
''Por órdenes del Gran General, lo relevo de su cargo'', dijo Alyssa. ''A partir de ahora, yo gobernaré este lugar, por el bien del imperio''.
''¿Tú?'', se burló su padre. ''¡Una mujer jamás ha gobernado la Alcazaba Ahondada!''
''Entonces tal vez sea hora de hacer un cambio. Es hora de que surja alguien que cuide del futuro de nuestra gente y que no esté obsesionado con los reyes y su gloria desvanecida del pasado''.
Alyssa asintió y los guardias de su padre dieron un paso hacia delante, sujetándolo.
''¡No puedes hacer esto!'', chilló. ''¡Soy tu padre! ¡Soy tu señor!''
''No eres ningún señor'', dijo Alyssa. ''Mucho menos el mío''.
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Graham McNeill · Relato completo
Publicado 2018-10-25
Las noches en Noxus jamás eran silenciosas.
Era imposible meter a miles de personas de todo el imperio en un solo lugar y esperar silencio.
Las canciones de marcha del desierto del enclave de Zagayah surgían de sus pabellones con tiendas a un costado del agua, y el choque marcial de cuchillas resonaba desde una arena cercana utilizada para el ajuste de cuentas. Los dragartos acorralados en un recinto con paredes de hierro aullaron al percibir el aroma de ganado sacrificado proveniente de los mataderos del norte.
Los llantos de las viudas, de las madres de duelo o de los veteranos devastados por las pesadillas formaban un coro nocturno que acompañaba los rugidos de los soldados ebrios y las promesas de los vendedores ambulantes que ejercían mejor su comercio en la oscuridad.
No, las noches en Noxus jamás eran silenciosas.
Excepto aquí.
Esta parte de Noxus estaba invadida por un silencio mortal.
Maura sostuvo cerca de su pecho su bolso de pinceles, pinturas y carboncillos al sentir que el barullo de la noche noxiana se desvanecía. La ausencia de ruido fue tan repentina y tan impactante que se detuvo en la mitad de la calle (lo cual solía no ser una buena idea) y miró a su alrededor.
La calle formaba parte de un antiguo y opulento distrito de Noxus conocido como Mortoraa, o Puerta de Hierro, pero por lo demás era común y corriente. La luz de la luna llena se reflejaba en el pavimento de adoquines irregulares, como decenas de ojos observando, y los edificios a los costados estaban construidos con sólidos bloques de piedra que mostraban una mano experimentada, probablemente la de un mampostero de guerra. Maura divisó un gran santuario al final de una calle lateral, donde tres figuras acorazadas estaban arrodilladas ante un lobo de obsidiana dentro de su bóveda de pilares. Alzaron la vista a la par y Maura se apresuró, sabiendo que era una mala idea atraer la atención de hombres armados que rezaban en la oscuridad.
Ella no debería estar en medio de la oscuridad.
Tahvo le advirtió que no se fuera, pero ella había visto a la serpiente en sus ojos, por lo que sabía que no se lo había dicho por desear que ella estuviera a salvo, sino por envidia. Él siempre se había considerado como el mejor pintor de su pequeño círculo. Que la hubieran escogido para este encargo en lugar de él había sido un golpe duro. Cuando llegó la carta cuidadosamente doblada y escrita con elegancia al estudio compartido, Cerise y Konrad se pusieron eufóricos, rogándole que recordara todo lo que pudiera, mientras que Zurka solo le dijo que se asegurara de tener los pinceles limpios.
''¿Crees que podrás hablar con él?'', preguntó Cerise mientras Maura abría la puerta para escuchar los ecos de la campana nocturna que se desvanecían por el puerto. La idea de aventurarse en la oscuridad inundó a Maura de miedo y emoción por igual.
''Posará para un retrato, así que supongo que tendré que hacerlo'', contestó, señalando hacia el oscuro cielo. ''Tendremos que discutir qué manera de pintar es la que desea, en especial porque no tendré luz natural''.
''Es extraño que quiera que lo retrates durante la noche, ¿no?'', dijo Konrad, completamente despierto, utilizando su cobija como una capa.
''Me pregunto cómo suena su voz'', añadió Cerise.
''Como la de cualquier otro'', interrumpió Tahvo, girándose y acomodando su almohada andrajosa. ''¿Saben? No es un dios. Es tan solo un hombre. Ahora, ¿pueden callarse de una vez? Intento dormir''.
Cerise corrió hacia ella y la besó. ''Buena suerte'', le dijo riendo. ''Vuelve y cuéntanos... todo, sin importar cuán sórdido sea''.
La sonrisa de Maura se había debilitado, pero asintió. ''Eso haré. Lo prometo''.
Las instrucciones para llegar a la mansión de su nuevo cliente eran excepcionalmente específicas. No solo en su destino final, sino en la ruta precisa que debía tomar para llegar. Maura conocía bien la geografía de la capital tras haber caminado por sus calles durante días cuando el hambre roía su estómago. O cuando no podían juntar el dinero por encargos suficiente y el dueño del estudio los expulsaba hasta que ganaran lo suficiente para pagarle lo que le debían.
Sin embargo, esta parte de la ciudad era un creciente misterio para ella. Por supuesto que Maura sabía que la mansión estaba ahí... todos en Noxus sabían dónde vivía él, aunque eran pocos los que recordaban haber ido. Con cada paso que daba, ella sentía que deambulaba en una ciudad extraña, en una tierra recién conquistada. Las calles no le resultaban familiares: eran cada vez más angostas y amenazantes, como si cada giro que daba hiciera que los muros se estrecharan tanto que eventualmente la aplastarían. Se apresuró a atravesar el inquietante silencio, implorando por encontrar una fuente de luz fresca; tal vez un faro, o una vela encendida en una ventana superior, puesta para guiar a un pretendiente a mitad de la noche.
Pero no había más iluminación excepto por la luz de luna. Tanto los latidos de su corazón como su ritmo al andar se aceleraron cuando escuchó lo que podrían haber sido pasos suaves detrás de ella, o el suspiro de una respiración expectante.
Al dar la vuelta en una esquina puntiaguda, Maura se encontró en una plaza circular con una fuente gorgoteando al centro. En una ciudad tan abarrotada como esta, donde la gente vivía codo con codo y que el espacio era un lujo, tal extravagancia era casi inaudita.
Ella rodeó la pileta de la fuente: vio su agua plateada bajo la luz de la luna y admiró el realismo esculpido de la pieza tallada del centro. Martillada a partir de hierro crudo, representaba a un guerrero sin cabeza cubierto en una gruesa armadura de guerra y empuñando un mazo con espinas.
El agua se derramaba desde el cuello de la estatua y Maura sintió un escalofrío al percatarse de a quién pretendía representar.
Se apresuró a dejar atrás la fuente y se encaminó hacia una puerta doble de corteza plateada, situada en un muro negro de mármol con vetas rojas. Tal como lo había prometido la carta, se encontraba entreabierta y Maura se adentró entre sus pesadas hojas.
La mansión dentro de los muros se había construido con una piedra pálida que ella nunca había visto; imponente sin ser monolítica, al igual que solían serlo muchas grandes estructuras de Noxus. Y mientras más la estudiaba, se percató de que tampoco pertenecía a un estilo en particular, sino que estaba conformada de una colección de movimientos arquitectónicos que habían surgido y desaparecido en el transcurso de siglos.
Entre estas rarezas, había una torre de piedra irregular erguida sobre la construcción principal, y esa sola porción lucía fuera de lugar. Daba la impresión de que la mansión se había construido alrededor de la guarida antigua de algún chamán. A pesar de lo discordante del efecto, a Maura le gustó, como si cada aspecto de la mansión ofreciera un vistazo a una época pasada del imperio. Sus ventanas estaban cerradas y ninguna estaba iluminada. La única luz que vio fue un tenue brillo carmesí proveniente de la cima de la torre.
Ella siguió un camino de grava, atravesando un elegante jardín de arbustos elaborados, cursos de agua cautelosamente dirigidos y flores de apariencia extraña con aromas exóticos y colores sorprendentemente intensos. Todo esto, junto con la amplia plaza exterior, indicaba una gran riqueza. La idea de que la hubieran elegido a ella para esta tarea generó un estremecimiento de plácido calor que recorrió sus extremidades.
Cientos de mariposas coloridas con alas de diseños curiosos revoloteaban entre las flores. Criaturas tan ligeras y frágiles, y a la vez tan hermosas y capaces de llevar a cabo la transformación más milagrosa. Maura nunca había visto mariposas durante la noche, y se rio alegremente cuando una de ellas se posó en la palma de su mano. La forma cónica de su cuerpo y el patrón de sus alas extendidas era asombrosamente similar a la heráldica cuchilla alada que veía ondeando en todas las banderas noxianas. La mariposa agitó sus alas y se alejó volando. Maura la observó dar vueltas en círculos y agrupándose con las demás, asombrada de ver a tantas criaturas maravillosas y extrañas.
Dejó que sus dedos rozaran las hojas coloridas mientras avanzaba, deleitándose con los aromas que se aferraban a las puntas de sus dedos, flotando como partículas de polvo brillando con la luz de la luna. Se detuvo junto a una flor particularmente bella, con pétalos rojos como el fuego, tan brillantes que le quitaron el aliento.
Ningún rojo obtenido de su mezcla de cinabrio shurimano con ocre piltoviano había conseguido tal brillo. Incluso los carísimos bermellones jonios eran aburridos en comparación. Se mordió el labio inferior mientras consideraba lo que estaba por hacer y después estiró su mano para arrancar algunos pétalos de la planta más cercana. Los pétalos restantes de la flor se curvaron hacia dentro y el tallo se dobló, alejándose de ella, como si tuviera miedo. Maura sintió una gran culpa y levantó la mirada hacia la mansión para ver si alguien la había visto, pero las ventanas cerradas permanecían sin luz.
La puerta principal estaba abierta y ella se detuvo en su umbral. La carta le había indicado que entrara, pero ahora que estaba ahí, sentía una curiosa reticencia. ¿Acaso esta era una trampa, una forma de atraerla hacia un destino indescriptible? De ser así, parecía innecesariamente elaborada. La idea le pareció absurda y Maura se reprendió a sí misma por permitir que el miedo se interpusiera en lo que probablemente era la mejor oportunidad de su vida.
Respiró profundamente, atravesó el umbral y entró en la mansión.
El vestíbulo estaba abovedado con vigas pesadas y oscuras, con murales descoloridos de los primeros y sangrientos días del imperio pintados en los espacios entre ellas. Hacia los costados de Maura, grandes espacios abiertos revelaron enormes galerías envueltas en sombras, lo que le dificultaba poder saber quién o qué se encontraba dentro. Una larga escalera curva ascendía hacia un entrepiso superior con un gran arco, pero era imposible distinguir lo que se encontraba más allá. El vestíbulo estaba prácticamente vacío, excepto por lo que aparentaba ser un gran lienzo cubierto con una sábana sobre un caballete. Maura se aceró tímidamente al lienzo cubierto, preguntándose si era aquí donde debía pintar.
Esperaba que no. La luz de ese sitio no era apropiada para hacer un retrato. El espacio era luminoso donde el resplandor de la luna inundaba el suelo de espiga, pero el resto del espacio estaba completamente a oscuras, como si la luz se negara a acercarse a esos rincones.
''¿Hola?'', dijo ella, y su voz resonó en todo el vestíbulo. ''Tengo una carta...''
Sus palabras quedaron en el aire y Maura buscó en vano cualquier señal que le indicara que no estaba completamente sola en esta extraña casa, en medio de la noche.
''¿Hola?'', dijo nuevamente. ''¿Hay alguien aquí?''
''Yo estoy aquí'', dijo una voz.
Maura se sobresaltó. La voz era masculina y le daba la sensación de que pertenecía a alguien sabio y fragante de madurez. Parecía provenir de lo alto y, al mismo tiempo, ser un susurro sin aliento en su oído. Ella se giró en su lugar, buscando al portavoz.
Estaba sola
''¿Es usted Vladimir?'', preguntó.
''Sí, soy yo'', contestó él, su voz cargaba una profunda melancolía, como si escuchar el nombre le provocara un gran tormento. ''Tú eres la pintora''
.''Sí. Soy yo. Yo soy la pintora'', dijo y añadió, ''me llamo Maura Betzenia. Soy la pintora''.
Se maldijo por su torpeza antes de caer en cuenta de que las últimas palabras de él no habían sido una pregunta.
''Bien. He esperado mucho tiempo por ti''.
''Oh. Discúlpeme, señor. La carta indicaba que no debía salir hasta que la campana del puerto sonara''.
''Así es, y llegaste en el preciso momento que debías llegar'', dijo Vladimir, y esta vez Maura pensó ver una manga de color negro profundo entre las sombras. ''Soy yo el que debe una disculpa, puesto que he retrasado durante mucho tiempo que alguien como tú viniera. La vanidad nos convierte a todos en tontos, ¿no es así?''
''¿Es vanidad?'', preguntó Maura, sabiendo que los clientes más adinerados disfrutaban ser alabados. ''¿O es simplemente aguardar el momento correcto para capturar la verdad de su apariencia?''
Una risa surgió desde lo alto. Maura no podía decidir si él pensaba que ella había dicho algo gracioso o si se estaba burlando de ella.
''Escucho una variación sobre eso todo el tiempo'', dijo Vladimir. ''Y en cuanto a la verdad, bueno, eso es algo cambiante. Dime, ¿te gustó mi jardín?''
Maura sintió que había una trampa en la pregunta y dudó antes de contestar.
''Sí'', respondió. ''No tenía idea de que podía cultivarse algo tan hermoso en suelo noxiano''.
''No se puede'', dijo Vladimir con un entusiasmo irónico. ''Un suelo tan poco denso produce solo los especímenes más resistentes, esos que se extienden a lo largo y ancho para expulsar a los demás. Pero ninguno de ellos puede considerarse hermoso. La flor roja que asesinaste era una flor nocturna''.
Maura sintió cómo su boca se secó, pero a Vladimir no parecía importarle lo que ella había hecho.
''Las flores nocturnas fueron alguna vez nativas de una cadena de islas del este, un lugar bendecido con belleza e iluminación inusuales'', dijo él. ''Permanecí ahí durante un tiempo hasta que las destruyeron, al igual que debe ocurrir con todas las iniciativas mortales. Tomé algunas semillas de una plantación que alguna vez fue procurada por un espíritu temperamental de la naturaleza y las traje a Valoran, donde fui capaz de inducir su crecimiento con una combinación de sangre y lágrimas''.
''¿No habrá querido decir sangre, sudor y lágrimas?''
''Querida, ¿qué utilidad podría llegar a tener el sudor en el crecimiento de una flor?''
Maura no tenía respuesta, pero la cadencia musical de su voz era seductora. Podría escucharlo hablar durante toda la noche. Maura se sacudió el timbre aterciopelado de la voz flotante de Vladimir y asintió hacia el lienzo cubierto.
''¿Es ahí donde voy a pintar?'', preguntó.
''No'', dijo Vladimir. ''Esa apenas fue mi primera''.
''¿Su primera qué?''
''Mi primera vida'', dijo él mientras ella alzaba el borde de la sábana.
La pintura se había desvanecido con el paso del tiempo, la luz la había decolorado y las pinceladas se habían aplanado. Pero la imagen seguía siendo poderosa: un joven en la cúspide de la adultez, con una armadura de bronce de apariencia arcaica, portando un estandarte que mostraba una guadaña de curvatura perversa. La mayoría de los detalles se habían perdido, pero los penetrantes ojos azules del chico permanecían brillantes. El rostro era extraordinariamente atractivo, simétrico y con una inclinación en su cabeza que capturó la mirada de Maura.
Ella se inclinó hacia delante y vio un ejército detrás del joven: un sinnúmero de guerreros corpulentos, demasiado grandes para ser humanos y demasiado bestiales para ser reales. Sus contornos y rasgos se habían desvanecido con los años y Maura estaba agradecida por esa pequeña piedad.
''¿Este es usted?'', preguntó ella, con la esperanza de que él apareciera a explicar el retrato en persona.
''Alguna vez lo fui, hace muchísimo tiempo'', dijo Vladimir, y Maura sintió que el frío cubría sus palabras. ''Yo era el heredero innecesario de un reino que había desaparecido hacía mucho tiempo, en la época en que los dioses se declaraban la guerra unos a otros. Los mortales eran sus peones en la lucha que se expandía por todo el mundo, y cuando llegó el momento en que mi padre tenía que arrodillarse ante un dios viviente, me entregaron como un rehén de la realeza. Teóricamente, la lealtad de mi padre estaría asegurada con la constante amenaza de mi muerte. Si él quebrantaba la confianza de su nuevo amo, me asesinarían. Pero al igual que todas las promesas de mi padre, estaba vacía. Yo no le importaba y rompió su juramento en el transcurso de un año''.
La historia que relataba Vladimir era extraña y fantástica, al igual que los mitos shurimanos que Konrad contaba cuando narraban historias de terror en el techo del estudio durante la noche. Las historias de Konrad eran obras de moralidad apenas encubierta, pero esta... esta tenía un peso de verdad sustentándola y no se sentía contaminada por sentimentalismos.
''Pero en lugar de asesinarme, mi nuevo amo tenía algo mucho más entretenido en mente. Entretenido para él, al menos. Me ofreció la oportunidad de liderar a sus ejércitos contra el reino de mi padre, una oferta que acepté con gusto. Destruí la ciudad de mi padre y presenté su cabeza ante mi amo. Yo era un buen y leal sabueso en una correa''.
''¿Usted aniquiló a su propio pueblo? ¿Por qué?''
Vladimir hizo una pausa, intentando decidir si su pregunta era en serio.
''Porque incluso si los dioses guerreros no hubieran llegado, el reino de mi padre jamás habría sido mío'', contestó. ''Él tenía hijos y herederos en abundancia, y yo jamás habría vivido lo suficiente como para exigir mi derecho por nacimiento''.
''¿Por qué su amo lo obligó a hacer eso?''
''Solía pensar que fue porque vio una chispa de grandeza en mi interior o el potencial para ser algo más que un simple mortal'', dijo Vladimir, profiriendo un suave suspiro que provocó cálidos escalofríos en la espalda de Maura. ''Pero lo más seguro es que él solo pensó que sería entretenido enseñarle a una de sus mascotas mortales algunos trucos, al igual que un charlatán le enseña a un mono a bailar alrededor de su puesto para atraer a los crédulos''.
Maura miró hacia atrás para ver la imagen del joven en la pintura, ahora percibiendo algo oscuro acechando en lo profundo de sus ojos. Tal vez era un indicio de crueldad o un destello de amargura supurante.
''¿Qué le enseñó?'', preguntó Maura. Si bien no estaba convencida de querer una respuesta, algo en ella necesitaba saberlo.
''La especie de mi amo tenía el poder de desafiar a la muerte. De esculpir la carne, sangre y hueso para modelar las formas más extraordinarias'', continuó Vladimir. ''Me enseñó un poco de su arte; magia que ejercía con la misma facilidad con la que respiraba. Pero requirió cada gota de mi intelecto y de mi voluntad para dominar incluso el más simple de los hechizos. Fue después que me enteré que enseñar sus secretos a los mortales estaba prohibido y se castigaba con la muerte, pero mi amo se deleitaba en alardear sobre los hábitos de su especie''.
La risa omnipresente de Vladimir resonó alrededor de ella, pero no había alegría en el sonido.
''No pudo evitar desafiar los pactos y, al final, fue su perdición''.
''¿Murió?'', preguntó Maura.
''Sí. Cuando uno de su especie los traicionó, su poder sobre el mundo se quebrantó. Los enemigos de mi amo se unieron contra él y él me pidió que liderara sus ejércitos para defenderlo. En lugar de hacerlo, lo asesiné y bebí una medida de su poder, pues yo no había olvidado las tantas crueldades que me había infligido a lo largo de los años. Tomar su vida fue mi primer paso en una senda más larga de lo que nunca imaginé. Una bendición y una maldición en un regalo sangriento''.
Maura pudo distinguir gusto en el tono de Vladimir, pero también tristeza, como si la cicatriz que este asesinato dejó en su alma jamás lo hubiera abandonado realmente. ¿Se sentía culpable de este asesinato o simplemente intentaba manipular las emociones de Maura?
No poder verlo hacía que fuera mucho más complicado adivinar su intención.
''Pero basta de esta pintura'', dijo Vladimir. ''Si bien es vital, es solo una de mis vidas acumuladas. Si vas a inmortalizar esta, debes ver las demás que he experimentado a lo largo de los años antes de que podamos comenzar''.
Maura se dirigió hacia las escaleras conforme las sombras que se extendían a lo largo se retiraban como una ola negra y suave. Ella se lamió los labios, consciente nuevamente de que estaba sola en esta mansión resonante con Vladimir, un hombre que acababa de admitir haber asesinado a su padre y también a su monstruoso mentor.
''¿Dudas? ¿En serio?'', dijo él. ''Has llegado hasta aquí. Y ya te mostré mucho de mi alma''.
Maura sabía que la estaba incitando a subir las escaleras. Ese simple hecho debió hacer que se marchara y regresara con sus amigos. Pero si bien sabía que debía tener miedo, una parte de ella se encontraba extasiada por ser el centro de atención de Vladimir y por sentir el poder de su mirada sobre ella.
''Ven a mí'', él continuó. ''Descubre qué quiero de ti. Y después, si sientes que la tarea es demasiado para ti y decides marcharte, no te detendré''.
''No'', dijo ella. ''Quiero saberlo todo''.
El arco en la parte superior del entresuelo conducía a un pasillo amplio de piedra oscura, y era tan sorprendentemente frío que le quitó el aliento a Maura. Fijas en los muros oscuros había hileras sobre hileras de tablas de madera barnizadas.
Y en estas tablas estaban clavadas miles de mariposas con las alas extendidas.
La tristeza invadió a Maura. ''¿Qué es esto?''
''Una de mis colecciones'', respondió Vladimir, su voz provenía de ningún sitio y de todos al mismo tiempo. La condujo a seguir avanzando por el pasillo.
''¿Por qué las mató?''
''Para estudiarlas. ¿Por qué más sería? Estas criaturas tienen vidas muy cortas. Ponerles fin un poco antes no es una pérdida significativa''.
''La mariposa tal vez no esté de acuerdo''.
''Pero mira lo que me enseñó cada muerte''.
''¿A qué se refiere?''
''¿Las mariposas que viste en el jardín? No existen en ningún otro lugar de la naturaleza. Son únicas porque yo hice que lo fueran. Con voluntad y conocimiento le di vida a toda una especie''.
''¿Cómo es eso posible?''
''Porque, al igual que los dioses, yo elijo cuáles viven y cuáles mueren''.
Maura extendió la mano hacia la mariposa clavada más cercana, una con círculos vívidos carmesí en la parte más amplia de sus alas. En cuanto su dedo tocó el cuerpo del insecto, sus alas se desintegraron y el resto se derrumbó como una pintura antigua y descascarada.
Una corriente de aire frío suspiró a un lado de Maura y ella retrocedió alarmada cuando una cascada de desintegración fluyó a través de los especímenes clavados. Decenas y después cientos de mariposas se convirtieron en polvo que giraba en el aire, como cenizas agitadas por un fuego extinguido. Ella gritó y apresuró su paso por el pasillo, moviendo sus manos frenéticamente para alejar el polvo de su rostro. Rozaba la piel debajo de su ropa y escupió al sentir las arenillas de cuerpo de insecto en su boca, además de sentir que se juntaba en sus orejas.
Se detuvo y abrió los ojos al sentir que la calidad de la luz y del sonido cambiaban. Se sacudió el polvo de su rostro y vio que había entrado a una cámara amplia y circular.
Maura se tomó un momento para echar un vistazo y recobrar la compostura, sacudiendo lo último que quedaba de polvo de su rostro y de su ropa. Los muros de la cámara eran de piedra de tallado primitivo. Supuso que se encontraba sobre la base de la antigua torre. Una escalinata labrada toscamente se abría paso por los muros interiores y una extraña luz rubí caía en velos brillantes desde algún lugar de arriba. El aire tenía un aroma a metal caliente, como las corrientes de viento de hierro proveniente de las forjas que trabajaban día y noche para saciar el hambre infinita del imperio por armaduras y armas.
Los muros circulares tenían retratos colgados, y ella se desplazó con cautela por la circunferencia de la galería, estudiando cada una de las pinturas. No había dos parecidas, ni en su enmarcado ni en su estilo, desde abstractos crudos hasta representaciones tan realistas que parecían rostros encarcelados dentro de la urdimbre y la trama del lienzo. Reconoció el estilo de algunos, era el trabajo de maestros del arte que habían vivido hacía muchos siglos.
A pesar de que la pintura en el vestíbulo era la de un joven en su apogeo, estos eran una mezcla del mismo individuo, pero en momentos muy distintos de su vida.
Una lo mostraba a mediana edad, aún en forma y vigoroso, pero con un aspecto amargo en los ojos. Otra era el retrato de un hombre tan envejecido y devastado que Maura no estaba convencida de que lo hubieran pintado mientras el sujeto estaba con vida. Otra lo representaba herido, con mucha sangre, después de una gran batalla ante una estatua titánica de marfil.
''¿Cómo puede usted ser todos ellos?'', preguntó ella.
La respuesta se filtró en el velo de una luz roja.
''Yo no vivo como ustedes. El don que portaba la sangre de mi antiguo amo me cambió para siempre. Pensé que habías comprendido eso''.
''Lo comprendí. Quiero decir, yo creo que lo comprendí''.
''Las pinturas a tu alrededor son sucesos de mis múltiples vidas. Con el tiempo me he dado cuenta de que no todos son momentos grandiosos, y en su mayoría fueron capturados por oficiales. Durante los primeros días de mi existencia fui tan arrogante como para creer que cada una de mis acciones eran dignas de tal conmemoración, pero ahora...''
''¿Pero ahora?'', preguntó Maura cuando él no prosiguió.
''Ahora solo dedico la renovación de mi vida reflejada en el lienzo a los hechos que marcaron puntos decisivos en los asuntos mundiales. Sube las escaleras y sabrás a qué me refiero''.
Maura descubrió que su recorrido por la galería la había conducido a la base de las escaleras, como si cada paso la hubiera llevado a este punto. No solo esta noche, sino cada momento desde la primera vez que tomó un pincel y pintó a los animales de la granja de su madre en Krexor.
''¿Por qué yo?'', preguntó. ''¿Por qué estoy yo aquí? Hay mejores artistas en Noxus que yo''.
Una tenue risita surgió a su alrededor.
''Tanta modestia. Sí, es verdad que hay artistas con un mejor nivel técnico que el tuyo'', dijo Vladimir. ''Por ejemplo, Tahvo, tu colega envidioso, comprende mejor la perspectiva de lo que tú alguna vez lo harás. El uso del color de la joven Cerise es sobresaliente, y el estoico Zurka tiene un gran ojo para el detalle, lo que hace que su trabajo sea infinitamente fascinante. Sin embargo, Konrad, jamás será más que un aficionado, pero eso ya lo sabes''.
''¿Conoce a mis amigos?'', preguntó ella.
''Por supuesto. ¿Piensas que te elegí al azar?''
''No lo sé. ¿Cómo fue que me eligió?''
''Para capturar un momento tan renovador, requería a alguien cuyo corazón y alma queden plasmados en su trabajo, un artista verdaderamente digno del título. Esa es la razón del porqué estás aquí, Maura Betzenia. Porque para ti cada pincelada es personal. Cada marca en el lienzo, cada elección de color tiene un significado. Comprendes el corazón de una pintura y estás dispuesta a entregar una parte de tu alma para capturar la vida que representa''.
Maura había escuchado los halagos de sus clientes y los elogios vacíos de sus compañeros pintores, pero las palabras de Vladimir eran absolutamente honestas. Él realmente creía en cada palabra que decía, y el corazón de Maura se alegró al escuchar tal declaración.
''¿Y por qué ahora? ¿Qué tiene de especial este momento en el tiempo para que desee que pinte su retrato? Como usted mismo dijo: solo haría que lo retrataran en un punto decisivo en los asuntos del mundo...''
La voz de Vladimir parecía enroscarse en ella mientras hablaba.
''Y ese momento ha llegado. He vivido aquí durante mucho tiempo, Maura. Lo suficiente para expulsar al fantasma de hierro del Bastión Inmortal, lo suficiente para ver a los múltiples gobernantes posteriores que se abrieron paso para apoderarse de los cadáveres de sus hermanos antes de que la traicionera ambición acabara con ellos. Lo suficiente para conocer a la llaga que acecha el corazón del imperio: una flor de media noche enraizada en un suelo corrupto y viejo. Ella y yo hemos bailado... oh, cómo hemos bailado sobre sangre durante siglos, pero el compás de la música cambió y el baile se acerca a su fin. Este desfile de tontos entre los que camino, esta vida... no es adecuada para lo que se avecina''.
''No entiendo. ¿Qué es lo que se avecina?''
''Casi en cualquier otro momento habría podido contestarte con certeza'', continuó Vladimir. ''¿Pero ahora...? No lo sé. Lo único que sé es que debo cambiar para hacerle frente. He permanecido pasivo durante demasiado tiempo y permití que lacayos y aduladores complacieran todos mis caprichos. Pero ahora estoy preparado para tomar lo que es mío, lo que me negaron durante tanto tiempo... mi propio reino. Maura, esta es la inmortalidad. La mía y la tuya''.
''¿Inmortalidad...?''
''Así es. ¿Acaso no es a través de las hazañas de los guerreros y de las obras de los artistas que ellos pueden obtener la inmortalidad? El legado de su trabajo trasciende al débil lapso de las vidas mortales. Demacia venera a los guerreros que fundaron en ella los principios marciales a los que se apegan como dogmas. Las grandes obras de literatura publicadas hace miles de años aún se pueden representar, y las esculturas liberadas de los bloques de mármol en los tiempos que antecedieron a las Guerras Rúnicas aún son vistas con asombro por aquellos que pueden encontrarlas''.
Maura sintió con absoluta claridad que subir esas escaleras sería cometer algo irrevocable, algo definitivo. ¿Cuántos otros artistas habían estado donde ella se encontraba ahora? ¿Cuántos habían levantado sus pies para colocarlos en el primer escalón?
¿Cuántos habían vuelto a bajar?
¿Cuántos se habían dado la vuelta para marcharse?
Ella tenía la certeza de que podría irse en ese momento. Vladimir no le estaba mintiendo. Si elegía marcharse, no tenía duda de que llegaría al estudio ilesa. Pero, ¿cómo podría ella enfrentarse a cada día a partir de entonces hasta que el Lobo o la Oveja fueran por ella, sabiendo que no tuvo el valor de aprovechar una oportunidad única de crear algo increíble?
''Maura'', dijo Vladimir, y esta vez su sedosa voz estaba justo delante de ella.
Maura alzó la vista y ahí se encontraba él.
Su silueta estaba dibujada contra la luz roja que descendía desde arriba, y su forma era esbelta y estilizada. Sus cabellos blancos caían por su espalda y un grupo de mariposas de alas carmesí revoloteaban sobre él.
Sus ojos, que alguna vez fueron de un azul intenso, ahora eran de color rojo ardiente.
Pulsaban sincronizados con los latidos del corazón de la joven.
Él tendió su mano hacia ella, sus delgados dedos eran elegantes y afilados, con uñas largas como garras brillantes.
''Entonces, ¿la inmortalidad será nuestro legado?'', preguntó Vladimir.
''Sí'', contestó ella. ''Lo será''.
Maura tomó su mano y juntos subieron la escalera, atravesando los velos carmesí.
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