El Placidium y la resistencia — ilustración oficial de Riot

Historia regional · Jonia

El Placidium y la resistencia

Por qué el Placidium se convirtió en un símbolo de la resistencia jonia.

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Ilustración · Riot Games

El Placidium de Navori, un centro sagrado de aprendizaje que se convirtió en blanco de la invasión de Noxia. · Riot Games

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Animación · Riot Games

Irelia: la Cuchilla Desafiante · avance

La resistencia de Irelia contra Noxus, narrada en su avance oficial.

Historias y presentaciones de personajes ambientadas en Runaterra.

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Cine · Riot Games

Despertar: cinemática de la temporada 2019

Los defensores de Jonia enfrentan tropas noxianas, junto a escenas separadas de Riven y Jhin. Es un complemento del conflicto, no una reconstrucción de una sola batalla.

Estas cinemáticas reúnen distintos personajes y momentos. El orden de estreno no es el orden de los acontecimientos.

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Cine · Riot Games

Relatos de Runaterra: Jonia

Obra oficial relacionada con la región o sus personajes. Es una publicación independiente y puede mostrar otra época.

Historias cortas para descubrir las regiones de Runaterra.

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The Rune · Historia regional

El Placidium y la resistencia

Una bailarina antes que una comandante

Irelia aprendió las danzas de su pueblo como un vínculo con la familia y la tradición. Cuando la ocupación noxiana alcanzó su hogar, aquellos movimientos se convirtieron en la base de una resistencia que jamás había imaginado ejercer. La destrucción de su familia y la rotura de su emblema transformaron un arte heredado en una forma de defensa: sus fragmentos respondían a la danza como cuchillas.

Su historia importa porque la resistencia joniana no nació ya organizada. Personas cuyas vidas giraban alrededor de sus hogares, sus cultivos o sus deberes espirituales fueron empujadas al combate. La habilidad de Irelia era excepcional, pero las comunidades ocupadas compartían las pérdidas que la llevaron a la guerra. Sus seguidores reconocieron su propia necesidad de sobrevivir en aquella joven que se negaba a someterse.

La resistencia en Navori

El Placidium de Navori fue el escenario de su enfrentamiento más conocido. Irelia se enfrentó a las fuerzas noxianas y cercenó el brazo de Swain, convirtiendo la lucha en una victoria que podía recordarse y contarse por toda Jonia. Los invasores podían ser derrotados. La resistencia dispersa tenía ahora un ejemplo visible alrededor del cual podían reunirse otros defensores.

Fue un punto de inflexión, no la desaparición inmediata de todas las fuerzas ocupantes. La invasión abarcaba más personas y lugares de los que caben en una sola batalla. Sin embargo, su recuerdo cambió lo que parecía posible. Para Swain, la derrota inició otro camino hacia el poder; para Irelia, la victoria creó obligaciones que no podía resolver únicamente con su habilidad de combate.

La resistencia en el Placidium de Navori, representada como un relieve de batalla. La ilustración de Riot conmemora la lucha de Jonia y el precio de contraatacar.Riot Games

El peso de convertirse en símbolo

La gente quería que Irelia la dirigiera porque había demostrado cómo resistir. Pero oponerse a un invasor no significaba estar de acuerdo sobre la sociedad que debía surgir después. Algunos buscaban recuperar la paz; otros, una Jonia más fuerte y unida; otros, venganza. Irelia podía inspirar a esos grupos sin compartir todas las exigencias formuladas en su nombre.

Lo que recuerda el monumento

El legado del Placidium reúne una conquista y una tarea pendiente. La defensa preservó la posibilidad de un futuro jonio, pero no decidió su forma. Leer a Irelia junto a Karma y los Kinkou permite entender por qué una victoria compartida puede conducir a responsabilidades distintas. La tarea más difícil de la resistencia pasa a ser proteger un hogar herido cuando termina la batalla que unió a sus defensores.

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Textos oficiales completos

Estas ediciones conservan el texto del editor. Sus acontecimientos y contextos de publicación pueden ser distintos.

2 lecturas

John O’Bryan · Relato completo

Un apellido manchado

Publicado 2018-04-02

''¡Creí en ti, Cuchilla Danzante!'', dijo el hombre ahogándose, sus labios llenos de espuma color rojo. ''Nos mostraste el camino...''.

Irelia mantuvo su postura. Lo miró desde arriba, a este devoto de la Hermandad que estaba de rodillas en el lodo. Sus cuchillas lo habían perforado una y otra vez.

''Pudimos ser fuertes... unidos como uno solo...''.

''Esa no es la senda del Espíritu'', contestó ella. ''Si eso es lo que piensas, entonces te equivocas''.

Él había llegado a la aldea, esperando el momento perfecto para hacer su jugada, pero era torpe e inepto. Ella bailaba a su alrededor con una gran facilidad.

Él estaba decidido a matarla. Lo peor... era que no era el primero. Las cuchillas de Irelia flotaban sobre sus hombros, siguiendo los elegantes movimientos circulares de sus manos. Con un simple gesto, todo se habría terminado.

Escupió sangre en el suelo y su mirada ardía con odio. ''Si tú no guías a Navori, lo hará la Hermandad''.

El hombre hizo un débil intento de levantar su daga contra ella. Nunca lo capturarían con vida.

''Yo creí en ti'', dijo nuevamente. ''Todos lo hicimos''.

Ella suspiró. ''No te pedí que lo hicieras. Lo lamento''.

Mientras flexionaba sus extremidades alrededor de su cuerpo Irelia giró hacia un lado, enviando las cuchillas en un arco letal. Atravesaron limpiamente la carne, un acto tanto de piedad como de autodefensa.

Un simple giro, solo un paso delicado, trajo las cuchillas de vuelta a ella; sus bordes estaban manchados con sangre. El cuerpo sin vida del hombre se derrumbó.

''Que el Espíritu te guíe hacia la paz'', dijo Irelia.



Su carga era pesada conforme regresó al campamento. Cuando finalmente estuvo en la privacidad de su carpa, liberó un largo y tenso suspiro y se dejó caer en la esterilla de caña.

Cerró sus ojos.

''Padre'', susurró. ''Manché con sangre el honor de nuestra familia una vez más. Perdóname''.

Un apellido manchado · ilustración de la publicación originalRiot Games

Irelia desplegó las cuchillas ante ella. Al igual que Jonia, eran fragmentos de lo que alguna vez fue grandioso, y hoy se reducían a finales violentos. Sirvió agua en un cuenco pequeño de madera y sumergió un pedazo de tela. El simple acto de limpiar los fragmentos se había convertido en un ritual que se sentía forzada a cumplir después de cada batalla que peleaba.

Lentamente, el agua se tornó de color rojo y debajo de la sangre fresca, el metal estaba manchado con rastros más antiguos y oscuros que nunca podría quitar por completo.

Era la sangre de su gente, la sangre de la propia Navori.

Perdida en sus pensamientos, comenzó a deslizar las cuchillas para formar la figura del escudo de su familia. Sus tres símbolos yacían resquebrajados ante ella, representando el nombre Xan, su tierra natal y el resto de las Tierras Originarias, todo coexistiendo en armonía. Sus ancestros siempre habían vivido bajo las enseñanzas de Karma. No hacían daño a nadie, sin importar las circunstancias.

Pero ahora, su emblema y su escudo se habían convertido en armas, responsables de cobrar muchas vidas.

Podía sentir la mirada de sus hermanos sobre ella. Aunque estuvieran en su eterno descanso, siendo uno con el Espíritu de Jonia, ella temía que sintieran decepción y resentimiento. Se imaginó a su querida abuelita, destrozada y sollozando, devastada por cada asesinato.

Muchas veces, ese pensamiento hacía que Irelia llorara más que con cualquier otro.

Las cuchillas jamás estarían limpias. Eso lo sabía, pero aun así haría lo correcto por la sangre que había provocado.


Vio a muchos de sus seguidores de camino al cementerio. Aunque la percibían como un símbolo de liderazgo, ahora más que nunca, ella reconoció a muy pocos. Al paso de cada invierno, sus rostros se volvían menos familiares conforme la antigua resistencia era reemplazada por nuevos guerreros fervientes. Venían de provincias lejanas y de pueblos de los que nunca había escuchado hablar.

Aun así, ella se detenía para regresar sus saludos y reverencias poco entusiastas, y no aceptó su ayuda para arrastrar el destrozado cadáver de su atacante por el camino.

Encontró un espacio debajo de las floridas ramas de un árbol, lo dejó en el suelo con precaución, y se dio la vuelta para unirse a los lamentos de las viudas, los viudos y los hijos huérfanos.

''Sé que nunca es sencillo'', dijo, poniendo su mano consoladora sobre el hombro de un hombre que estaba arrodillado ante un par de tumbas frescas, ''pero cada vida y cada muerte son parte de...''.

Él retiró su mano, mirándola fijamente hasta que se marchó.

''Era necesario'', se susurró a sí misma mientras se preparaba para excavar, nada convencida con sus palabras. ''Todo es necesario. La Hermandad dominaría esta tierra con puño de hierro. No sería mejor que Noxus...''

Su mirada se encontró con una mujer anciana sentada en un taburete de madera al pie de un árbol, cantando una suave melodía de lamento. Ríos de lágrimas se habían secado en su rostro. Su atuendo era sencillo y tenía una de sus manos apoyada en la lápida junto a ella. Estaba adornada con ofrendas de comida para los difuntos.

Irelia · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games

Para la sorpresa de Irelia, la mujer interrumpió su canción.

''Nos traes algo de compañía, ¿no es así, hija de Xan?'', dijo. ''Ya no queda mucho espacio aquí, pero cualquier amigo tuyo es amigo nuestro''.

.

''No conocía a este hombre, pero gracias. Merecía algo mejor de lo que obtuvo en la vida''. Irelia se acercó, dudosa. ''Estaba cantando una de las melodías antiguas''.

''Me ayuda a distraerme de las cosas malas'', dijo la anciana, aplanando un poco de tierra sobre la tumba. ''Este es mi sobrino''.

''Lo... lo siento mucho''.

''Estoy segura de que hiciste todo lo que pudiste. Además, esto es parte de la senda del Espíritu, ¿sabes?''.

Su amable comportamiento había dado calma a Irelia. ''Algunas veces no estoy tan segura'', confesó.

La anciana se incorporó, esperando más. Irelia continuó y dijo en voz alta las dudas que la habían acechado durante mucho tiempo.

''A veces... a veces me pregunto si asesiné nuestra paz''.

''¿Asesinaste nuestra paz?''.

''En la invasión noxiana, tal vez perdimos algo cuando nos defendimos, algo que nunca podremos recuperar''.

La mujer se puso de pie, intentando en vano abrir una gran nuez. ''Hija, recuerdo bien la paz'', dijo, poniendo un dedo nudoso sobre Irelia. ''¡Esos eran buenos tiempos! Nadie echa tanto de menos la paz como yo''.

Sacó un cuchillo de su cinturón y empezó a forzar la cáscara de nuez.

''Pero ahora, el mundo es un lugar diferente. Lo que funcionaba antes, no funciona hoy. Afligirse por ello no tiene ningún sentido''.

Por fin, la cáscara se abrió y colocó la semilla rota en un cuenco, sobre la tumba.

''¿Lo ves? Yo era capaz de abrir las cáscaras con mis manos, pero ahora necesito un cuchillo. Mi yo joven se habría puesto furiosa al respecto, y habría arremetido contra la nuez, pero eso ya no tiene importancia porque no tiene que vivir en el aquí y en el ahora''. La anciana asintió con amabilidad y regresó a su melodía.

Por primera vez desde hace mucho tiempo, Irelia sonrió. Dentro de su bolso, envueltas en tela de protección, estaban las afiladas cuchillas de su escudo familiar. Sabía que nunca estarían limpias de nuevo, nunca estarían completas.

Siempre estaban preparadas, y eso debería de ser suficiente.

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Dana Luery Shaw · Relato completo

Vetas y cicatrices

Publicado 2020-06-23

''¿Cómo llegaste a Jonia, amiga?''.

Muramaat intentó que su voz sonara tranquila. Nunca se había sentido incómoda compartiendo una fogata con otros viajeros en el camino a los mercados. Sin embargo, esta era la primera vez que se sentaba, con las llamas de por medio, frente a una noxiana, una con una gigantesca arma enfundada en su espalda.

¿Cuántas vidas jonias habrá arrebatado aquella espada?, se preguntó.

La mujer de cabello blanco miró de reojo a su ''padre'' antes de tragar un bocado de pimientos quemados y arroz, y luego clavó la vista en su plato. ''Nací en Noxus'', dijo con un acento marcado pero con tonalidad casi impecable. ''No he vuelto desde la guerra y no está en mis planes regresar''.

El padre de la noxiana, Asa Konte, sonrió y posó su mano en el hombro de ella. ''Este es su hogar ahora'', dijo con firmeza.

Muramaat había invitado a Asa a compartir el campamento antes de divisar a la noxiana durmiendo en la parte trasera de su carreta. Él la había presentado como Riven, su hija, con el mismo tono de voz y con el mentón hacia adelante como una defensa preventiva. Muramaat no había cuestionado la peculiar declaración del anciano en ese momento, pero eso no significaba que su ''hija'' no mereciera una inspección.

''No respondiste a mi pregunta'', insistió Muramaat. Las campanillas de su collar de reparadora tintinearon mientras se servía una taza de té. ''¿Qué te trajo a nuestras costas, Riven?''.

Riven sostenía su plato con fuerza y se notaba la tensión acumulada en sus hombros. ''Luché en la guerra''.

Una declaración simple, llena de dolor. Qué curioso escuchar arrepentimiento de la boca de un noxiano.

''¿Por qué te quedaste?'', preguntó Muramaat. ''¿Por qué se quedaría alguien en el lugar donde causó, junto con su gente, tanto dolor y tanta destrucción?''.

Crac.

El plato se rompió por la mitad, los nudillos de Riven se volvieron blancos por la fuerza y los pimientos quemados con arroz quedaron desparramados por el suelo. Con un grito ahogado, dejó caer los fragmentos del plato antes de hacer una profunda reverencia. ''Mis más sinceras disculpas'', murmuró al incorporarse. ''Pagaré por este plato y luego te dejaremos disfrutar del resto de la noche. No quise importunarte...''.

Pero Muramaat no escuchaba. En vez de ello, tomó el plato roto entre sus manos y se lo acercó al oído, tarareando suavemente. Poco a poco, ajustó el tono de su voz para llamar al espíritu dentro de la cerámica.

Sintió cosquillas en la nuca cuando encontró el tono correcto, mientras el espíritu reverberaba con su tarareo. Manteniendo la nota, Muramaat levantó su collar e hizo tintinear las campanillas hasta que encontró la que estaba en sintonía con ella y el espíritu.

Miró fijamente la campanilla a la luz del fuego: cada una tenía un símbolo grabado que determinaba cómo reparar un espíritu resonante. Esta tenía el símbolo del humo, una línea simple con una curva que se hacía más profunda al final. Muramaat colocó los fragmentos por encima del fuego para que el humo los envolviera. En pocos segundos, los fragmentos se unieron. Solo quedaron unas pocas vetas y rebordes del color del carbón que evidenciaban que el plato se había roto alguna vez.

''Soy una reparadora'', dijo mientras sostenía la loza para que la observara una Riven atónita. ''No hace falta reemplazar nada''.

Riven tomó el plato y lo examinó. ''¿Cómo funciona?'', preguntó al mismo tiempo que deslizaba un dedo por una veta negra y gruesa.

''Todas las cosas tienen espíritu, y cada espíritu desea estar completo. Les pregunto qué es lo que necesitan para repararse y se los brindo''.

Vetas y cicatrices · ilustración de la publicación originalRiot Games

''Deja cicatrices'', suspiró Riven.

''Las cicatrices simbolizan sanación. Este plato no volverá a estar impecable, pero está completo. Y es fuerte. Hasta me atrevería a decir que es más hermoso así''.

Riven contempló el plato en silencio.

''Todavía estoy aquí'', dijo después de un momento, ''justamente porque causé tanto dolor y tanta destrucción. Me quedo para expiar mis culpas''.

Muramaat asintió sombríamente. Estaba claro que, aunque invisibles, las cicatrices de Riven eran muy profundas. Tal vez esta noxiana fuera distinta a los demás.

Pero luego, los ojos de Muramaat se toparon con la empuñadura de la colosal arma de Riven. Una herramienta para lastimar, no para reparar.

¿Qué tan distinta podría ser en realidad?




Muramaat se despertó con lagañas en los ojos al oír un golpe seco en uno de los lados de su caravana. Bandidos. Mientras agarraba su caldero más pesado, Muramaat recordó que Riven había insistido en montar guardia toda la noche. Pero la reparadora estaba acostumbrada a lidiar con bandidos y siempre podía darles pelea.

No obstante, cuando abrió la puerta, vio que Riven no necesitaría ayuda después de todo.

Uno de los intrusos yacía hecho un ovillo al pie de la caravana. Riven se encontraba al lado de la fogata, rodeada por tres bandidos corpulentos. Levantó la enorme empuñadura y Muramaat se sorprendió al ver que en el otro extremo solo había una espada rota. Aun así, el arma era formidable. Parecía latir en las manos de Riven, mientras ella esperaba que los otros avanzaran.

El corazón de Muramaat dio un vuelco al ver la espada: no le gustaba la idea de una noxiana derramando sangre jonia, pero continuó observando.

Los bandidos se abalanzaron sobre Riven, gritando incoherentemente, pero ella dio un solo paso hacia adelante y los repelió con un estallido de energía de su espada. El impacto hizo que soltaran sus armas, para luego buscarlas en la oscuridad. Muramaat se dio cuenta de que Riven podría reducirlos a todos, pero no lo hizo. En cambio, levantó su espada, que comenzó a emitir un espeluznante destello verde. La magia dentro de la espada explotó hacia afuera y ahuyentó a uno de los bandidos con apenas tocarlo. Cayó al suelo, visiblemente aturdido.

Para ese entonces, los otros ya estaban de pie y con las armas en las manos. Riven estiró el brazo hacia atrás y fragmentos de metal brillantes volaron a su encuentro desde la carreta. Los fragmentos se colocaron alrededor de la espada. Parecía que estaba casi completa, aunque todavía se veían algunos espacios vacíos entre las piezas. Los bandidos se abalanzaron sobre ella de nuevo.

O eso intentaron. Riven blandió la espada y los lanzó contra la caravana con una ráfaga de viento repentina que los dejó inconscientes.

Una victoria sin sangre.

Muramaat se abrió paso entre los bandidos derrotados con cautela. ''¿Qué harás con ellos?'', le preguntó a Riven, quien ni siquiera había transpirado una sola gota de sudor.

Riven se encogió de hombros y los fragmentos de su espada cayeron al suelo. ''Los ataré a un árbol hasta que amanezca''.

Ilustración de Universo · ilustración del personaje; no representa esta escenaPublicado en Universo de Riot

Muramaat miró lo que quedaba de la espada. Ahora que había visto a Riven blandirla, ya no le parecía atemorizante. ''¿Podría echarle un vistazo a tu arma?''.

Riven frunció el entrecejo y dio un paso hacia atrás. ''¿Para qué?''.

''No tienes que entregármela. Solo sostenla en alto''.

Con cuidado, Riven levantó la espada. Muramaat cerró los ojos y comenzó a tararear.

''¿Qué estás haciendo?'', preguntó Riven alarmada, justo cuando Muramaat encontró el tono adecuado.

Un par de ojos, buscando...

Tres cazadores, corazones llenos de odio, deseos de venganza...

En llamas...

Todo en llamas...

Muramaat no se dio cuenta de que se había caído hasta que sintió la mano de Riven sacudiéndola. ''¿Estás bien?''.

''Alguien'', murmuró Muramaat con la garganta seca, ''está buscando esta espada. Te está buscando a ti''.

Riven se puso pálida, pero sus ojos no revelaron sus pensamientos. ''¿Qué hiciste, Muramaat?'', preguntó en un susurro bajo.

''Cometí un error al cuestionarte. Quería reparar tu espada para disculparme''.

''No''. La intensidad de la palabra tomó a Muramaat por sorpresa. ''Si de veras quieres agradecerme, jamás repararás esta espada''. Riven rio con una risa amarga. ''Solo hay una cosa que me gustaría que repararas, y es imposible. Pero... gracias. Por ofrecerte''.

Suspiró, exhausta, y juntó los fragmentos de la espada.

''Deberías volver a la cama si quieres llegar temprano al mercado mañana''.

Muramaat asintió y regresó despacio a su caravana. Al voltear la vista, vio a Riven junto al fuego, sentada y observando el cielo nocturno.

Por enésima vez, Muramaat deseó saber cómo reparar a las personas.

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Sus vidas tienen su propia historia

Personajes de esta historia

Las publicaciones originales

Fuentes y lecturas relacionadas

El relato original de The Rune, con ilustraciones oficiales con subtítulos separados. Fuentes distingue la historia regional de las biografías individuales.

  1. Jonia · Universo de Riot ↗
  2. Universo de Riot · irelia ↗
  3. Universo de Riot · swain ↗
  4. Universo de Riot · karma ↗
  5. Akali · biografía ↗
  6. Shen · biografía ↗
  7. Recuérdame ↗
  8. El arco y el kunai ↗
  9. Irelia: la Cuchilla Desafiante · avance ↗
  10. Despertar: cinemática de la temporada 2019 ↗
  11. Relatos de Runaterra: Jonia ↗

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