Biografía y lectura · THE RUNE
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La historia de Mel
Madre:
Un soldado me trajo tu máscara hoy.
Recorrí sus fisuras, observé cada abolladura, cada marca... Todas esas batallas de las que saliste victoriosa... y la única en la que no lo hiciste.
Me doy cuenta solo ahora, mientras este barco entra en aguas noxianas... Te has ido... de nuevo. Pero, esta vez, sé que no volverás.
Sé que no te gustaría verme preocupada por esto. Me dirías que levantara la cabeza, pues por fin me he convertido en ''el Lobo'' que tanto anhelabas. Pero, aun así me pregunto: ¿me convertí en lo que esperabas? ¿O solo en lo que necesitabas que fuera?
Muchas cosas han cambiado, pero una parte de mí sigue tan perdida como lo estaba hace más de diez años. Aún recuerdo cómo me recibió el primo Jago cuando llegué por primera vez a Piltóver: aquel saludo apestaba a lástima. Habías dejado claro que me estabas entregando, que me estabas dejando, que no volverías por mí. Pasé años esperando volver a verte. Me quedaba despierta hasta tarde con la esperanza de que regresaras... A pesar de todo lo que habías hecho, seguía siendo una niña que extrañaba a su madre. Pero cada mañana me despertaba con el mismo vacío. Un vacío que pasé toda mi vida tratando de llenar, tratando de demostrarme a mí misma que era digna del amor de mi madre.
He vivido de la única manera que sé: como el Zorro, veloz y astuto. Me gané la confianza del Concejo... Casi tuve a Piltóver en la palma de mi mano. Si tan solo hubieras confiado en mí, madre. No estaría en este lío. No habría tenido que...
No. No es así de simple.
Ahora sé que intentabas protegerme, muy a tu manera. Jamás habría imaginado que en mi interior yacía tal magia, pero hay muchos aspectos sobre mi pasado que no había considerado hasta después de tu muerte. Para ser honesta... es abrumador. Pero también me hace desear haber podido luchar a tu lado. No puedo ni imaginar lo que debió ser vivir con la Rosa Negra persiguiéndote durante tantos años. Pero sé que, si alguna vez tuviste miedo, no fue por tu propia vida, sino por la de Kino y por la mía. Al final, yo fui tu perdición. Me pregunto si siempre lo supiste... Que era a mí a quien debías temer.
Lo siento, madre, pero no me arrepiento de haber protegido mi ciudad. Con la fuerza, viene el sacrificio, ¿no es eso lo que siempre decías? Tu credo, tu excusa para todo. ¿Alguna vez te importó lo que ese lema me hizo? ¿Lo que nos hizo? ¿Valió la pena? Soy yo la que se quedó con las consecuencias.
Me ocultaste muchas cosas. La verdad sobre mi padre. Sobre quién asesinó a Kino. Y quizá lo más confuso de todo: el porqué de esa vendetta que la Rosa Negra tenía contra ti y que ahora me involucra a mí. Imagino que esto no es más que la superficie de tu montaña de mentiras y de las de esta ''Maquiavélica''.
Pero voy a descubrir todo lo que me ocultabas.
Me duele saber que estas palabras nunca llegarán a ti, pero espero que estés mirando desde Volrachnun. Arrojaré esta carta por la borda, para que las corrientes la arrastren a las profundidades y la fundan con las aguas de las costas de Rokrund, donde alguna vez venciste a la mismísima muerte.
Pronto llegaré como forastera a la tierra que me vio nacer. Nuestros guardias no me ven como una verdadera Medarda, aunque tampoco tienen el valor para expresar su desconfianza. Una nación que valora la fuerza pero prospera a costa del derramamiento de sangre no es una nación que me enorgullezca llamar mi hogar. No me quedaré de brazos cruzados mientras el caos lo consume todo. Madre, tú me enseñaste a sobrevivir. Pero aprendí a vivir yo sola. Aunque siempre me orillaste a aceptar al Lobo, nunca abandonaré los caminos del Zorro.
Quizá no sea de la forma que tú querías, pero he vuelto a casa, madre.
Y aquí haré la diferencia.
Te ama hasta que su corazón deje de latir,
Tu hija, Mel.


