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La historia de Ambessa
Ambessa Medarda nació en la cuna de una de las familias más poderosas de la época moderna de Noxus, y tal vez siempre estuvo destinada a la grandeza. Su familia no figuraba entre las antiguas casas nobles, pero había ganado un inmenso respeto e influencia en todo el imperio desde su fundación, y el primer contacto de la joven Ambessa con el derramamiento de sangre fue a temprana edad, viendo a los gladiadores arriesgar sus vidas por alcanzar la gloria en las arenas. Aunque era demasiado joven para conocer personalmente la emoción de la batalla, estudiaba cada pelea y aprendía cada movimiento.
Tras la Batalla de Hildenard, su padre la envió a recoger las espadas de los soldados caídos. Aunque aún era una niña, Ambessa no apartó la mirada ni una sola vez de la muerte y la masacre que la rodeaban... y al final del día, supo que la muerte no era algo a lo que debía temer, sino respetar.
El sacrificio era algo noble. La grandeza lo exigía.
El código familiar de los Medarda, perpetuado de generación en generación desde sus inicios como comerciantes en la costa de Shurima, fomentaba las virtudes tanto del zorro del desierto como del temido y legendario lobo. Por ello, no fue ninguna sorpresa que Ambessa eligiera la vida de un soldado, para llevar siempre consigo los recuerdos de las lecciones de su infancia y defender los ideales del honor familiar y la acción decisiva.
Era una orgullosa hija de los Medarda, una guerrera nata, que muy pronto llegó a ser general al mando de varias cuadrillas de guerra, y claramente una de las favoritas del patriarca Menelik, su abuelo. Sin embargo, era mucho más que eso: una mujer, una amante y una madre. En su afán por vivir la vida, Ambessa lo experimentó todo. Pero desde el momento en que tuvo a su hijo Kino en brazos por primera vez, comprendió por fin lo que significaba entregarse a alguien incondicionalmente.
Y con ello llegó la posibilidad de una profunda decepción. Aunque ella lo amaba profundamente, estaba claro que Kino nunca tendría la fuerza de un guerrero en su corazón.
Poco después, Ambessa estuvo a punto de morir en combate defendiendo Rokrund, su hogar ancestral, mientras estaba embarazada de su hija Mel. Mientras yacía entre los cadáveres de sus aliados y enemigos, se acercó a la muerte y experimentó visiones de las que hablaría a muy pocos en toda su vida. Fuera lo que fuese lo que Ambessa había visto, endureció su determinación y su ambición. Ella sometería el mundo a su voluntad, para que cualquier debilidad de sus hijos no fuera algo que sus enemigos pudieran aprovechar.
Desde aquel momento, el ascenso de Ambessa fue casi meteórico. Lideró desde el frente todas las batallas, mirando sin miedo a la muerte a los ojos. Y con cada victoria, se volvía más ingeniosa, más audaz y más firme.
Cuando finalmente falleció el viejo Menelik Medarda, no nombró a ningún heredero en su lecho de muerte, lo que provocó un conflicto de sucesión entre varias ramas de la familia. Pero Ambessa sabía que arañaban a la nada, pues ese era su destino. Venció a sus rivales y juró forjar un legado digno del nombre Medarda. Digno de la herencia de sus propios hijos.
Como nueva matriarca, Ambessa empezó a hablar más a menudo de su mantra personal.
En todos los aspectos, ser el Lobo.
No toleraría ninguna debilidad o discordia entre quienes la rodeaban, no fuera a ser que esa debilidad se le contagiara a ella. Incluso envió a su hija Mel a la lejana ciudad de Piltóver.
Pasaron años antes de que Ambessa empezara a oír murmullos sobre un nuevo y poderoso invento llamado ''hextech'', procedente nada menos que de los blandos idealistas de Piltóver. Intrigada por el potencial de tal descubrimiento, Ambessa viajó a la ciudad dorada para visitar a su hija, decidida a averiguar si esta tecnología podría utilizarse para conseguir aún más poder para la familia Medarda...


