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La historia de Jax
Saijax Cail-Rynx Icath'un creció en Icathia, una satrapía del imperio shurimano. Desde pequeño, su padre le contaba sobre los tiempos en los que su hogar fue una nación orgullosa e independiente, antes de que cayera bajo la dura opresión shurimana. Le habló acerca de los Kohari, los héroes que protegieron a Icathia y a su Mago Rey. El Mago Rey resistió a la conquista de Shurima, pero cuando murió en la batalla, sus protectores Kohari siguieron sus pasos y cometieron un ritual de suicidio. El emperador shurimano expuso los cuerpos putrefactos de los Kohari ante todos, mientras que al Mago Rey lo empalaron sobre la entrada de la ciudad, dejando que sus huesos se hicieran polvo.
El padre de Saijax presenció este cruel acto y, con el tiempo, le heredó a su hijo el intenso rencor que crecía en los corazones icathianos. Pese a ello, Saijax se dedicó al estudio del armamento y aprendió con los maestros de armas de Shurima, así como con los ancianos de su propio clan.
Tras muchos siglos de dominio shurimano, un gran terremoto golpeó la provincia costera de Saabera. Tal destrucción reveló algo que estaba oculto en el fondo de la tierra, algo oscuro y de un inmenso poder, quizá tan fuerte como para vencer a los dioses guerreros Ascendidos de Shurima. Saijax protegió a los magos icathianos que se encontraron con este hallazgo... el cual permaneció apenas contenido por los guardias con bastones de braseros que ardían con llamas elementales conjuradas. Inquieto, escoltó a los magos al consejo de gobierno para que pudieran compartir lo que habían descubierto.
Llamaron a este poder ''el Vacío''.
Aunque el consejo reconoció su potencial de inmediato, Saijax logró ver la perdición que presagiaba el Vacío. Al ser un maestro de armamento, conocía los peligros de usar un arma que no podían entender por completo ni aprovechar con seguridad. Se arrepintió de no haber matado a los magos cuando cabalgaron desde Saabera. Lo lamentaría aún más durante los siguientes días.
Con la confianza de que el Vacío derrotaría a sus conquistadores shurimanos, el consejo coronó a un nuevo Mago Rey. Los Kohari se unificaron de nuevo, con Saijax entre los primeros en ingresar a sus filas. Consiguieron el triunfo en los primeros ataques, incluso Saijax mató a uno de sus aclamados Ascendidos en la batalla y observó con orgullo cómo el cadáver desfilaba por la ciudad liberada de Bai-Zhek.
Cuando los Huéspedes Ascendidos se acercaron a Icathia, Saijax y sus compañeros se reunieron al frente. Mientras los dos ejércitos se batían sobre un suelo carmesí, los magos y sacerdotes de Icathia consideraron que había llegado la hora de desatar el Vacío.
La ruina abarcó toda la región, pues los icathianos, shurimanos y hasta los Ascendidos llegaron al fin de su existencia. Los muros de la ciudad se derrumbaron conforme el Vacío consumía a miles en un frío y silencioso olvido.
En instantes, Icathia estaba perdida.
Saijax cabalgó hasta el cráter en ruinas donde invocaron al Vacío, decidido a caer por su propia espada, tal como los Kohari de antaño. Pero antes de que pudiera quitarse la vida, reconoció entre la devastación un bastón de brasero de Saabera; aún ardía con fuego elemental que dañaba al Vacío. Esa llama encendió una chispa en el corazón de Saijax. Tomó el bastón y dejó atrás las ruinas de su tierra natal, protegiendo a esta ''última luz de Icathia'' y a la esperanza que representaba.
Con pesar y vergüenza, Saijax Cail-Rynx Kohari Icath'un abandonó su antiguo nombre y desde ese día se dio a conocer solo como Jax.
Se convirtió en un errante que viaja por todo el mundo conocido y por los sitios más allá de cualquier mapa. Como portaba el fuego elemental, la vida de Jax superó la expectativa de sus ancestros más longevos. No obstante, cuanto más se alejaba de Icathia, menos ardía la llama, hasta el punto de amenazar con apagarse para siempre. Con una cruda determinación, Jax comprendió que no podía escapar de su pasado. Tenía el deber de volver y pelear. El último Ascendido que sobrevivió logró frenar el avance del Vacío, pero su extraordinaria amenaza perduró.
Desde entonces, Jax pasó siglos viajando como un guerrero vagabundo que busca a aquellos con suficiente poder como para restablecer a los Kohari. Y aunque se ha enfrentado a un sinnúmero de seres de gran destreza, valentía y poder, aún no lo convencen de que puedan marchar contra la oscuridad que está por llegar. La caída de Icathia llenó a Jax de dudas, pero algo está claro: cuando llegue la batalla final, Jax luchará contra el Vacío.
No importa si tiene que enfrentarlo solo.
