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La historia de Fiora
Como la hija menor de la noble familia Laurent, la vida de Fiora parecía estar destinada a ocupar el lugar de peón político a través de su casamiento, en medio del gran juego de alianzas de Demacia. No estaba cómoda con esta situación, por lo que desde muy temprana edad desafió de modo deliberado cada expectativa que recaía sobre ella. Su madre tenía a su servicio a los mejores artesanos de Demacia para que le confeccionaran las muñecas más realistas que pudieran encontrarse, pero Fiora se las daba a sus sirvientas. En cambio, se divertía con el florete de su hermano mayor, a quien obligaba a que le diera lecciones en secreto. Su padre le dio a su costurera personal una serie de maniquís para que ella le creara trajes maravillosos. Sin embargo, Fiora simplemente los usaba para practicar sus embestidas y estocadas.
A pesar de sus años de resistencia silenciosa, con el tiempo se arregló un matrimonio que traería cierta ventaja política con un miembro periférico de la familia Guardia de la Corona después de su cumpleaños número dieciocho. Los planes apuntaban a una boda de verano. Se llevaría a cabo en la capital. Incluso el rey Jarvan III asistiría al evento.
Aquel día, mientras los invitados comenzaban a llegar, Fiora se puso de pie y declaró que prefería morir antes de que alguien decidiera el rumbo de su vida. Su prometido fue humillado en público por su exabrupto y su familia le exigió una retribución satisfactoria a la vieja usanza: un duelo a muerte.
Fiora aceptó de inmediato, pero su padre Sebastien le imploró al rey para que interviniera. Jarvan había hecho mucho para terminar con los pleitos entre los nobles, pero en este caso, sus manos estaban atadas. Fiora ya había aceptado.
Solo quedaba una alternativa. Sebastien clamó su derecho para pelear en su lugar.
De igual manera, la mariscal superior Tianna Guardia de la Corona nombró a un campeón para pelear en nombre de su pariente: un guerrero veterano de la Vanguardia Valerosa. La derrota de Sebastien era casi un hecho. El nombre de la familia Laurent quedaría hecho trizas y Fiora sería exiliada y quedaría atada a la desgracia. Ante tan compleja encrucijada, tomó una decisión que podría condenar a su familia por los siglos de los siglos...
La noche previa al duelo, intentó proveerle a su oponente un brebaje que adormecería sus sentidos y ralentizaría sus reacciones. Sin embargo, fue descubierto en el acto y fue arrestado.
La ley era clara. Sebastien Laurent había quebrantado el código de honor más fundamental. Sería humillado sobre el cadalso y ahorcado como un criminal común y corriente. En la víspera de su muerte, Fiora visitó su celda, pero lo que allí sucedió es un secreto que solo ella conoce.
Al día siguiente, Fiora se acercó al estrado del rey enfrente de toda la multitud. Se arrodilló frente a él y le ofreció su espada. Con su bendición, ella podría revindicar el nombre Laurent frente a su padre y así se haría justicia. El duelo fue, a todas luces, veloz: una danza de espadas tan exquisita que los espectadores allí presentes jamás olvidarían aquello que presenciaron. El padre de Fiora era un gran espadachín, pero no se equiparaba con la destreza de su hija. Cada choque de acero era una despedida, pero al final, Fiora, con mucho pesar, enterró su florete en el corazón de su padre.
De manera solemne, el rey Jarvan dictó que Sebastien había pagado por todos sus crímenes. Fiora sería su sucesora. Se resolvió la disputa entre las familias. El resultado del duelo le ponía fin.
Aún así, este tipo de escándalos no se olvidan con tanta facilidad. Fiora asumió sus nuevas tareas en la corte con su característica claridad y franqueza, pero los rumores y el cotilleo la seguían por todas partes. Ella había usurpado el derecho de su hermano de adjudicarse el nombre familiar. ¿Qué podría traer esta niña arrogante a la gran ciudad de Demacia si no más conflicto y derramamiento de sangre, en vista de que no quiso casarse?
Más allá de exigir justicia con la punta de su espada, Fiora recurrió a su familia extensa, sus primos y sus parientes más distantes, entre quienes destacaban varios espadachines de renombre, y acalló las críticas al otorgarle a todos ellos un estado de nobleza en su hogar. Juntos, se abocaron al refinamiento del oficio espadachín en el reino. El duelo era un arte ancestral, pero no siempre necesitaba terminar en muerte.
Y si alguien discrepaba con esa noción, Fiora estaría feliz de poner a prueba la fuerza de su convicción al combatirles ella misma.


