Zed, Shen y el Kinkou — ilustración oficial de Riot

Historia regional · Jonia

Zed, Shen y los Kinkou

Una historia de amistad, traición y deberes incompatibles.

21 min de lectura ◆ Explicación + textos oficiales completos

Ilustración · Riot Games

Portada oficial para Zed, cómic de Riot Runaterra. · Riot Games

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ZED: MARCA DE LA MUERTE

Zed y sus sombras en una animación oficial del personaje.

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Cine · Riot Games

Relatos de Runaterra: Jonia

Akali y Shen responden a una perturbación del equilibrio de Jonia; un breve complemento al papel del Kinkou.

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Cine · Riot Games

Despertar: cinemática de la temporada 2019

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Estas cinemáticas reúnen distintos personajes y momentos. El orden de estreno no es el orden de los acontecimientos.

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Cine · Riot Games

Xayah y Rakan: magia salvaje

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The Rune · Historia regional

Zed, Shen y los Kinkou

Discípulos del mismo maestro

Antes de convertirse en rivales, Shen y Zed aprendieron bajo la dirección de Kusho en el entorno de los Kinkou. Shen era hijo del maestro; Zed encontró su lugar gracias al talento y la disciplina. La formación compartida los acercó lo suficiente para conocer las fortalezas e inseguridades del otro. La división posterior dolió porque rompió una relación, no un simple acuerdo entre desconocidos.

La persecución del asesino conocido como el Demonio Dorado enfrentó a ambos discípulos con la crueldad deliberada de Jhin. Capturarlo no convirtió la experiencia en algo tranquilizador. Demostró que un ser humano podía producir horror sin ser la criatura sobrenatural que imaginaban las comunidades aterradas. La decisión de Kusho de mantenerlo con vida también dejó una diferencia duradera entre justicia, contención y deseo de castigo.

Portada oficial de Zed: Edición #3, cómico de Riot Runaterra.Riot Games

La ruptura de las sombras

La guerra contra Noxus reforzó la convicción de Zed de que Jonia necesitaba defensores dispuestos a actuar sin las antiguas restricciones. Adoptó las técnicas de las sombras y organizó una orden militante alrededor de ellas. Shen se convirtió en el Ojo del Crepúsculo y asumió la obligación más amplia de mantener el equilibrio. Discrepaban tanto sobre qué poder utilizar como sobre el propósito de ejercerlo.

Shen entendía la ruptura a través del aparente asesinato de su padre y de la toma del hogar de la orden. Esa historia daba al nombre de Zed un peso personal que superaba la política. Reconstruir los Kinkou exigía convivir con el dolor mientras cumplía un deber que le pedía no permitir que ese dolor gobernara su juicio.

Shen — official champion splash art, also used by Riot for Neutralidad verdadera.Riot Games

Lo que revela el cómic

El cómic de Zed complica este relato al revelar que Kusho sobrevivió al suceso en el que supuestamente murió y participó en la historia oculta de la orden de las sombras. Zed termina enfrentándose a él y matándolo. La revelación no borra el daño que sufrió Shen; cambia la comprensión del lector sobre cuántos engaños había bajo la historia que le habían contado.

Una orden mayor que una rivalidad

Akali y Kennen muestran por qué los Kinkou no pueden reducirse al conflicto entre Shen y Zed. Una elige actuar de forma independiente; el otro ayuda a sostener una institución mucho más antigua. Mientras tanto, los discípulos de Zed heredan peligros que su maestro todavía debe controlar. Ambos hombres siguen unidos por lo que saben y lo que ocultan, pero el futuro de Jonia depende de muchas más vidas que su ajuste de cuentas pendiente.

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Textos oficiales completos

Estas ediciones conservan el texto del editor. Sus acontecimientos y contextos de publicación pueden ser distintos.

3 lecturas

Riot Games · Relato completo

Neutralidad verdadera

Publicado 2016-01-26

''No era una tormenta. Era un espíritu'', dijo el pescador, aún desconcertado por haber sobrevivido al naufragio hace dos noches. El hombre contó que su barco pesquero fue hundido por una criatura, tan grande como una casa y más rápida que el viento.

Shen escuchó el relato, sopesando en silencio los hechos tal como ocurrieron.

''Muéstrame dónde sucedió'', dijo Shen.

El hombre lo llevó a una playa en la bahía, donde un grupo de aldeanos trabajaban para recuperar los cadáveres de los marineros ahogados. Shen se arrodilló para examinar una pieza del naufragio. Los cortes en la madera eran profundos y salvajes, producto de poderosas garras.

''¿Cuántos murieron?'', preguntó.

''Todos excepto yo... seis'', respondió el marinero.

Los espíritus son fuertes, pensó Shen, buscando más evidencias entre las maderas flotantes del naufragio.

Al final, en el borde de una sección astillada del casco, lo encontró: un pequeño mechón de cabello fino. La mayoría de las personas lo hubiesen pasado por alto, y si lo vieran, nunca pensarían que una criatura capaz de hundir un barco dejaría algo tan delicado. Pero Shen ya había visto un cabello como ese. Cualquier duda que podría haber tenido acerca de la veracidad del relato del pescador se esfumó al ver el fino mechón plateado disolverse con tan solo tocarlo.

''Un demonio'', afirmó Shen. ''Debes haber navegado por su camino''.

El pescador asintió con la mirada sombría. Era bien sabido que espíritus de todos los tipos vagaban por el mundo físico, especialmente en Jonia, donde la barrera entre ambos reinos era muy débil y atravesable. Los planos material y etéreo estaban en contacto constante, deslizándose serenamente uno con el otro como aceite sobre agua.

Como el Ojo del Crepúsculo, era deber de Shen caminar entre ambos mundos, asegurándose de que ninguno de ellos suprima al otro. Era un fantasma para los humanos, que se desvanecía en un abrir y cerrar de ojos, para reaparecer a varias millas de distancia. Y era un humano para los espíritus, un ser de carne y hueso que jamás se atrevería a aventurarse en los reinos etéreos.

Se arrodilló en la playa para examinar uno de los cadáveres recuperados. El hombre había sido partido en dos, justo debajo de las costillas. Lo que quedaba de sus vísceras pendía de un torso pálido e hinchado.

''No hay de qué preocuparse. Derrotaré al monstruo antes del anochecer'', dijo una voz desde atrás.

Neutralidad verdadera · ilustración de la publicación originalRiot Games

Shen dio la vuelta y vio a un hombre santo sentado cerca del templo local. Varios acólitos lo rodeaban, acarreando una selección de talismanes y aceites místicos. Estaban realizando un ritual de purificación para interrumpir cualquier perturbación espiritual presente en el área. El hombre santo miraba fijamente a Shen, como si estuviera analizando su valía.

''¿Contamos con su ayuda, señor?'', preguntó el hombre.

''El equilibrio será restaurado'', dijo Shen mientras asentía seguro.

Se despidió del hombre santo para partir en busca del débil rastro del cabello fino. Pensó en los marineros muertos y en el costo que tendría derrotar al monstruo. Las palabras de su padre seguían siendo muy ciertas: ''La parte más dura radica en encontrar el equilibro en todas las cosas''. La neutralidad verdadera, el centro preciso de todas las fuerzas que dominan el mundo, eso es lo que el Ojo debe ser capaz de distinguir.

Hacer cumplir ese equilibrio era su propia lucha. Para la tarea, Shen llevaba dos espadas en la espalda. Una de ellas era un sable de acero jonio capaz de atravesar a una persona de un solo golpe. La otra era una espada fabricada de energía arcana pura. Era utilizada para enfrentar a los espíritus, y había pasado por varias generaciones de los ancestros de Shen. Con ella había aniquilado a numerosos demonios, fantasmas, espectros y espíritus durante los años, y esperaba derrotar a uno más antes del anochecer.

Al fin, Shen llegó a una ensenada aislada, tranquila y alejada de la actividad humana. En un banco de arena cercano a la orilla yacía el demonio, con su fina y brillante vestimenta resplandeciendo en el atardecer. La criatura recostada se veía enorme, hinchada por consumir las esencias mortales de sus víctimas. Shen reptó entre los juncos, dirigiéndose silenciosamente hacia el demonio durmiente. Podía ver su enorme caja torácica expandiéndose y contrayéndose con sus respiraciones profundas y relajadas. Cuando estaba a solo unos pasos del banco de arena, Shen desenvainó su espada espiritual, alistándose para el impacto.

De pronto, un perturbador sonido lo interrumpió. Era un grito estridente y espantoso, que emanaba del propio aire. Le sonaba familiar, pero antes de que Shen pudiera identificar el sonido, volvió a escucharlo. Otra vez. Y otra vez, finalizando en un coro de chillidos que helaban la sangre. Eran los llantos de los espíritus moribundos. Los ojos de Shen apuntaron al demonio, que comenzaba a despertar de su letargo. Shen miró su espada espiritual una vez más, analizando sus opciones disponibles con calma. Luego, apretó las manos fuertemente, concentrando su ki, para desaparecer en un vórtice de energía chispeante, dejando solo al demonio en su banco de arena.

Un momento más tarde, Shen reapareció en el sitio del naufragio. Por todos lados rezumaban pozas negruzcas que se evaporaban en el aire, acompañadas del prolongado hedor del terror.

Shen contó los charcos negros disipándose, los vestigios de espíritus asesinados. Su recuento fue interrumpido cuando el hombre santo ingresó al claro junto a sus acólitos. Uno de ellos llevaba una soga de lino y plata. Atado al otro extremo había un pequeño espíritu, un diablillo sin importancia. Luchaba con todas sus fuerzas para soltarse de la cuerda. Gemía al ver los restos de sus hermanos.

''¿Te importaría deshacerte de este también?'', preguntó con desinterés el hombre santo a Shen, como si le estuviera ofreciendo un plato de sopa durante la cena.

Shen observó las pozas pegajosas y ardientes que hace unos instantes aún eran poderosos seres del otro mundo. Entonces, volvió la mirada hacia el sacerdote y el pobre diablillo.

''Lo siento, Su Santidad'', dijo. Regresó su espada espiritual a su vaina y en su lugar desenfundó su sable de acero. Hoy no había planeado utilizar esa espada.

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Odin Austin Shafer · Relato completo

El hombre con el bastón de acero

Publicado 2017-07-30

Uno.El arma en su mano solamente era una herramienta, pero estaba perfectamente elaborada. Un tipo de oro estaba incrustado en el metal verde negruzco. Tenía grabado el nombre del herrero; este detalle hablaba del orgullo y de la confianza de su creador. No era un arma piltoviana; esas cosas ordinarias que pretendían funcionar con las minúsculas cantidades de magia disponibles en esas tierras. Esta arma la había hecho un verdadero maestro forjador. La magia palpitaba desde su jonio corazón de bronce.

Limpió la culata del arma por cuarta vez. No podía cerciorarse de que estuviera limpia hasta haberla limpiado cuatro veces. No importaba que no la hubiera usado. No importaba que solo fuera a enfundarla en el bolso bajo la cama. No podía guardarla hasta no estar seguro de que estuviera limpia, y no podía asegurar su pulcritud hasta no limpiarla cuatro veces. Aunque comenzaba a estar limpia.

Cuatro veces la dejan limpia. Estaba impecable y era maravillosa. Sus nuevos patrones habían sido generosos. ¿Pero acaso los pintores más excelsos no merecían los mejores pinceles?

La escala y la precisión de este nuevo artefacto hacían que su trabajo anterior, en comparación con las espadas, pareciera insignificante. Entender los mecanismos de las armas de fuego le había tomado varias semanas de estudio, pero evolucionar sus técnicas ki de las espadas le había llevado meses.

El arma contaba con cuatro tiros. Cada bala había sido infundida con energía mágica. Cada bala era tan perfecta como la espada de un monje de Lassilan. Cada bala era la pintura a través de la cual fluiría su arte. Cada bala era una obra maestra. No solo cortaba en partes el cuerpo, lo reacomodaba.

El ensayo en el pueblo del molino ya había exhibido el potencial del arma y sus nuevos empleadores estaban satisfechos con la recepción del trabajo.

Había terminado de pulirla, pero al tener el arma en la mano derecha la tentación era muy grande. Sabía que no debía, pero desempacó el traje negro de piel de anguila. Pasó las yemas de los dedos de su mano izquierda por la resbalosa superficie de la vestimenta. La sensación de la superficie aceitosa de la piel aceleró su respiración. Tomo la ajustada máscara de cuero; después, incapaz de contenerse, la deslizó sobre su rostro. Cubría su ojo derecho y su boca. Limitaba su respiración y removía su percepción de profundidad...

Encantador.

Se estaba colocando la hombrera cuando sonaron las campanas que había escondido en las escaleras que conducían a su habitación. Rápidamente guardó el arma y se quitó la máscara.

''¿Hola?'', preguntó la sirvienta a través de la puerta. Su acento develaba una crianza al sur de este pueblo.

''¿Hiciste lo que te pedí?'', dijo él.

''Sí, señor. Una linterna blanca cada cuatro metros y una linterna roja cada dieciséis''.

''Entonces ya puedo comenzar'', dijo Khada Jhin mientras abría la puerta de su habitación. Los ojos de la mujer se abrieron más mientras él salía.

Jhin era muy consciente de su aspecto. Habitualmente provocaba espasmos de un odio cohibido, pero hoy era día de presentación. Hoy Khada Jhin se mostraba como una figura esbelta y elegante mientras se alejaba con un bastón. Estaba jorobado y su capa parecía cubrir una deformidad gigantesca sobre su hombro, pero una zancada alegre la ocultaba. Golpeaba con fuerza el bastón que iba por delante de él mientras avanzaba hacia la ventana. Luego golpeteó el marco rítmicamente: tres toques y después un cuarto. Su oro resplandeció, su capa color crema ondeó y sus joyas brillaron bajo el sol.

''¿Qué... qué es eso?'', preguntó la sirvienta, señalando el hombro de Jhin.

Él hizo una pausa para examinar el rostro angelical de la mujer. Era redondo y perfectamente simétrico: un diseño soso y predecible. Si se lo quitara sería una máscara terrible.

''Es para el crescendo, querida'', dijo Khada Jhin.

Desde la ventana de la posada tenía una vista panorámica del resto del pueblo situado en el valle debajo de él. Esta presentación tenía que ser maravillosa, pero aún había mucho trabajo por hacer. El concejal regresaría esa noche y, hasta ese momento, todos los planes de Jhin para entonces parecían poco inspiradores.

''Traje algunas flores para su habitación'', dijo la mujer abriéndose paso. Él pudo haberse valido de alguien más para colocar las linternas, pero no lo hizo. Pudo haber cambiado su atuendo antes de abrir su puerta, pero no lo hizo. Ahora, ella había visto a Khada Jhin portando sus galas.

La inspiración que él necesitaba era ya muy evidente, muy predestinada. Nunca había una elección. No se podía escapar del Arte. Tendría que convertir el rostro de la sirvienta en algo... más interesante.

El hombre con el bastón de acero · ilustración de la publicación originalRiot Games

Dos.

El cerdo glaseado relucía sobre el caldo de cinco sabores. El aroma sedujo a Shen, pero él apartó su cuchara. La mesera sonreía y asentía en señal de aprobación mientras se alejaba. La grasa aún tenía que derretirse en el caldo. Sin duda alguna, la sopa de por sí ya era excelente, pero en un momento el sabor alcanzaría su apogeo. Paciencia.

Shen observaba con atención el interior de la Posada Acantilados Blancos. Era engañosamente sencillo y agreste. Los maestros ebanistas habían sido muy hábiles al remover la corteza del árbol y en dejar hojas solo donde fuera necesario.

La vela en la mesa de Shen titiló de forma errónea. Se escabulló de la mesa para tomar sus cuchillas, que estaban debajo de su abrigo.

''Tus estudiantes son tan silenciosos como una worax embarazada'', dijo.

Zed entró en la posada solo y vestido como un comerciante. Casi rozando a la mesera, se sentó a tres mesas de distancia. Cada partícula de Shen deseaba correr hacia su enemigo y vengar a su padre, pero ese no era el camino del crepúsculo. Se tranquilizó al percatarse de que era una distancia considerable... incluso si solo estuviera a la distancia de su dedo índice.

Shen volteó a ver a Zed esperando ver su sonrisa. En cambio, su rival suspiró. Su piel estaba pálida y unos oscuros pliegues colgaban bajo sus ojos.

''He esperado durante años'', dijo Shen.

''¿Calculé mal la distancia?'', preguntó Zed, con cansancio.

''Me acercaré y te atacaré, incluso si me cortan la cabeza'', continuó Shen, deslizando su pie hacia atrás y ladeándolo contra el piso. Zed se encontraba a diez pasos y a una mitad de dedo de distancia.

''Tu camino está más cerca del mío. Los ideales de tu padre eran débiles y Jonia ya no podía darse ese lujo'', dijo Zed. Se reclinó hacia atrás en su silla, manteniéndose justo fuera del alcance que Shen necesitaba para asestarle un golpe mortal. ''Sé que eso no es algo que puedo hacerte entender, pero te ofreceré una oportunidad para que te vengues''.

Shen se acercó unos centímetros hacia el borde de su silla. ''Yo no actúo por venganza, tú desafías el equilibrio. Y por ello, estás condenado''.

''El Demonio Dorado escapó'', dijo Zed con franqueza.

''Imposible'', respondió Shen sintiendo un vacío en el pecho.

''La victoria más grande de tu padre. Y ahora, nuevamente, su tonta misericordia manchó su legado''. Zed negó con la cabeza. ''Tú sabes lo que esa... cosa es capaz de hacer''. Luego se inclinó sobre la mesa, al alcance de Shen y con el cuello expuesto intencionalmente. ''Y tú sabes que solo nosotros dos podemos acercarnos lo suficiente para detenerlo''.

Shen recordó la primera vez que vio el cuerpo de alguien asesinado por el infame Khada Jhin. Su piel se erizó de tan solo pensarlo y sus dientes rechinaron. Solo su padre había sido lo suficientemente fuerte como para seguir creyendo que la justicia misericordiosa podía tener lugar.

Algo dentro de Shen cambió ese día y algo en Zed se rompió. Ahora, ese monstruo había vuelto.

Shen puso sus espadas sobre la mesa y miró el plato perfecto de sopa que estaba frente a él. Las gotas pequeñas y aceitosas de la grasa de cerdo relucían en la superficie, pero Shen ya no tenía apetito.

Tres.


Aún no había señal alguna de Zed. Era decepcionante, muy decepcionante. Sin duda había ido a buscar a su antiguo amigo. Era probable que Zed estuviera escondido y observando. Jhin tenía que ser cuidadoso.

Desde el muelle, Jhin miró de vuelta hacia la nave extranjera. La marea había llegado y la embarcación zarparía en unos momentos. Tendría que regresar pronto si es que quería actuar en Zaun el mes siguiente: riesgo sobre riesgo.

Los Kinkou · contexto regional de Universo de RiotPublicado en Universo de Riot

Se detuvo para mirar su reflejo en un charco. Desde el agua, un comerciante mayor y preocupado le devolvió la mirada. Los años de práctica actoral combinados con un entrenamiento militar le habían dado el control total sobre sus músculos faciales. Era una cara común y corriente a la que él le había dado una expresión ordinaria. Cuando subió por la colina, Jhin se mezcló con facilidad entre la multitud.

Revisó las linternas blancas sobre él, calculando la distancia. Si Zed aparecía, las necesitaría. En la posada en la cima de la colina, miró las jardineras en las que había escondido trampas: cuchillas afiladas de acero con forma de flores que cubrían su ruta de escape en caso de que algo saliera mal.

Pensó en cómo el metal destrozaría a la multitud y salpicaría los muros verdes azulados recién pintados del edificio con color rojo. Era tentador.

Se abría paso a través de la multitud cuando escuchó al anciano de la aldea dirigirse a Shen.

''¿Por qué el demonio la atacaría, así como a los concejales?'', preguntó el viejo.

Shen, vestido con su traje azul, no contestó.

Otra de los Kinkou, una joven llamada Akali, se paró junto a Shen. Caminó hacia la puerta de entrada de la posada.

''No'', dijo Shen, mientras bloqueaba su paso.

''¿Qué te hace pensar que no estoy lista?'', exclamó Akali.

''Yo no estaba listo cuando tenía tu edad''.

En ese momento, un guardia del pueblo entró a tropezones por la puerta, su rostro estaba pálido y vacío.

''Su piel, era... era...''. Dio unos cuantos pasos y después se desplomó conmocionado.

Contra la pared del fondo, el dueño de la taberna reía. Después comenzó a llorar. Su rostro estaba dominado por la locura. ''Él la vio. ¡Vio la flor!''

Estas no eran personas que olvidarían haber presenciado el trabajo de Khada Jhin.

Shen escudriñó los rostros de los mirones.

Chico listo, pensó Jhin, antes de desaparecer hacia el fondo de la multitud.

Revisó los techos en busca de Zed mientras caminaba de vuelta hacia la embarcación.

No se podía escapar de este trabajo. Juntos o separados, Zed y Shen perseguirían las pistas que había dejado. Las seguirían hasta el Festival de las Flores de vuelta al Paso de Jyom. Y cuando se desesperaran, entonces tendrían que trabajar juntos nuevamente.

Sería tal como cuando eran jóvenes. Se acurrucarían juntos en una mezcla de asombro y miedo. Solo entonces el gran Khada Jhin se revelaría y su verdadera obra maestra comenzaría.

Cuatro.

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Michael McCarthy · Relato completo

La cuchilla milenaria

Publicado 2017-07-12

Kayn, parado con seguridad a la sombra de la Noxtoraa y rodeado de soldados muertos, sonrió frente a la ironía. Aquellos arcos de piedra oscura fueron erigidos para honrar la triunfal fuerza de Noxus, para infundir miedo y para demandar lealtad de todo aquel que los cruzara. Pero ahora eran una lápida, un monumento a la falsa fuerza y la arrogancia, así como un símbolo de los guerreros caídos traicionados por su propio miedo.

Kayn disfrutaba el miedo. Contaba con él. Era un arma y, así como sus hermanos en la Orden de la Sombra habían dominado las katanas y los shuriken, Kayn había dominado el miedo.

Pero al sentir el suelo noxiano debajo de sus pies por primera vez en años, parado entre los soldados enemigos asesinados que pronto pasarían al olvido, lo invadió la desazón. Impregnaba el aire como la pesadumbre antes de una tormenta, rogando ser liberada.

Nakuri, su compañero aprendiz de la orden, cambió la forma en la que empuñaba su espada y se preparó para una pelea más personal. Kayn tenía que darle un pequeño reconocimiento: casi lograba ocultar el temblor de su voz. ''¿Qué va a ser, hermano?''.

Kayn no respondió. Sus brazos permanecían inmóviles a sus costados. Sabía que él controlaba la situación. Aun así, percibió una sensación intermitente de déjà vu, como algo salido de un sueño. Llegó como un destello y después se esfumó.

Una voz se elevó desde el espacio vacío entre ellos, una voz sombría y llena de odio que resonaba con los aullidos de dolor de mil campos de batalla, retando a ambos a accionar.

''¿Quién demostrará ser digno?''.


Zed había convocado a su mejor estudiante.

Los espías de la orden habían confirmado los desalentadores rumores. Los tan odiados noxianos habían descubierto una antigua guadaña de origen darkin, tan poderosa como cualquier otra magia en Jonia. Un solo ojo de odio carmesí mira desde la base de su hoja, tentando a los hombres más poderosos a blandirla en batalla. Evidentemente, ninguno había demostrado ser digno. Todos aquellos que la tocaban eran consumidos rápida y dolorosamente por su maldad, por lo que había sido envuelta en cota de malla y arpillera, y resguardada por una caravana de custodia en su camino al Bastión Inmortal en Valoran.

Shieda Kayn sabía lo que se le pediría. Su prueba final.

Había llegado a los márgenes de la ciudad costera de Vindor antes de siquiera considerar el significado de la travesía. Llevar la pelea al enemigo en su propio territorio era osado. Pero Kayn también lo era. No había otro que pudiera igualar sus talentos, ninguno a quien Zed confiara el destino de Jonia, por lo tanto no había duda: Kayn estaba destinado a la grandeza.

Tendió su trampa poco antes del atardecer. La caravana que se aproximaba apenas podía verse a la distancia, las pisadas levantaban polvaredas por el cielo anaranjado. Había tiempo suficiente para deshacerse de los tres guardias en la Noxtoraa.

Se movió en silencio a través de la larga sombra de los arcos mientras el primer guardia patrullaba. Kayn invocó su magia sombría y entró por el muro de piedra oscura como si fuera un pasaje abierto solo para él. Podía ver la silueta de los guardias, que agarraban firmemente sus picas.

Embistió desde el edificio envuelto en sombra y arrebató la vida del segundo guardia con sus manos desnudas. Antes de que el tercero pudiera reaccionar, Kayn se disolvió en zarcillos de oscuridad pura y salió disparado por el camino empedrado para reaparecer frente a su víctima. En un destello, torció la cabeza del hombre y le rompió el cuello como si nada.

La cuchilla milenaria · ilustración de la publicación originalRiot Games

El primer guardia escuchó los cuerpos caer, inertes y flácidos, y volteó hacia Kayn.

El asesino sonrió, tomándose su tiempo para saborear el momento. ''Paraliza, ¿verdad?'', siseó, escurriéndose hacia la sombra de la Noxtoraa una vez más. ''El miedo...''.

Se elevó desde la temblorosa sombra del soldado.

''Este es el momento en el que corres, noxiano. Diles a los demás de lo que fuiste testigo aquí''.

El soldado soltó su pica y corrió velozmente hacia la seguridad de Vindor. No llegó muy lejos.

Ataviado en túnicas tan oscuras como las de Kayn, Naruki saltó por detrás de la Noxtoraa y hundió su katana en el estómago del soldado que huía. El otro aprendiz cruzó su mirada con la de Kayn. ''¿Dónde está la fuerza de Noxus de la que tanto presumen? Qué desilusión...''.

''Sabía que eras impetuoso, hermano'', soltó Kayn. ''¿Pero hacer esto? ¿Seguirme hasta acá, esperando compartir mi gloria?''.

No hubo tiempo para continuar con la exhortación. Podían escuchar la caravana de soldados aproximándose.

''Fuera de aquí, Naruki. Me encargaré de ti después. Si es que sobrevives''.


Las largas sombras del crepúsculo escondieron los cuerpos hasta que los soldados estuvieron casi debajo del gran arco.

''¡Aguarden!'', gritó el primer soldado, desenvainando su espada. ''¡Dispérsense! ¡Ahora!''.

La confusión se instaló entre los demás mientras descendían de sus caballos y, por vez primera, Kayn observó su cargamento. Era justo como Zed lo había descrito. Envuelta en cota de malla y arpillera, atada a la parte trasera de un robusto corcel vindoriano.

La paciencia era una virtud que Naruki no poseía y se abalanzó sin pensarlo contra el soldado más cercano. Kayn siempre seleccionaba a sus blancos minuciosamente, por lo que golpeó con precisión al jinete que encabezaba la vanguardia, derribándolo con su propia espada.

Kayn · ilustración de personaje de Riot GamesRiot Games

Giró de nuevo hacia el vindoriano, pero la guadaña no estaba ahí.

No... Había llegado demasiado lejos para fracasar.

''¡Kayn!''. Naruki gritó mientras eliminaba a un soldado tras otro. ''¡Detrás de ti!''.

Un noxiano desesperado había liberado el arma; el ojo carmesí brillaba con una rabia inhumana. Los ojos del soldado se agrandaron al tiempo que blandía el arma contra sus propios compañeros. Claramente, no tenía el control y trataba en vano de soltar la guadaña.

Los rumores eran ciertos.

Conjurando de nuevo su magia sombría, Kayn se metió dentro de la carne del noxiano, que se retorcía bajo el poder darkin. Durante el más breve de los momentos, pudo ver a través de los ojos del ser eterno sellado en la guadaña, y observó milenios de dolor y sufrimiento infligidos, gritos y lamentos. Esta cosa era la muerte renacida una y otra vez. Era la maldad más pura y tenía que ser detenida.

Kayn emergió de lo que quedaba del noxiano, la carne del soldado se había transformado en una rígida coraza de escamas y se quebró en esquirlas negras y polvo asfixiante. Lo único que quedó fue la guadaña, su ojo ahora cerrado. Kayn fue a buscarla mientras Naruki despachaba al último de sus enemigos.

''¡Hermano, detente!'', gritó el aprendiz mientras la sangre se deslizaba por su katana. ''¿Qué estás haciendo? ¡Tú viste lo que puede hacer! ¡Debe ser destruida!''.

Kayn lo enfrentó. ''No. Es mía''.

Ambos se acercaron, sin ninguna intención de retroceder. Más allá de los límites de la ciudad, las campanas de alarma comenzaron a repicar. El momento pareció prolongarse una eternidad.

Naruki cambió la forma en la que empuñaba su espada. ''¿Qué va a ser, hermano?''.

Luego, la guadaña le habló a Kayn. Parecía que resonaba únicamente en su mente y, sin embargo, los ojos del otro aprendiz demostraban que él la había oído también.

''¿Quién demostrará ser digno?''.

Kayn conjuró una mano hecha de oscuridad que tomó el arma, la levantó hacia la noche y se la entregó. Se sentía parte de él. Como si siempre hubiera sido parte de él. Como si hubiera nacido para blandirla. La balanceó con un ademán ostentoso y apuntó la cuchilla hacia la garganta de Naruki.

''Haz lo que debes hacer''.

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Sus vidas tienen su propia historia

Personajes de esta historia

Las publicaciones originales

Fuentes y lecturas relacionadas

El relato original de The Rune, con ilustraciones oficiales con subtítulos separados. Fuentes distingue la historia regional de las biografías individuales.

  1. Jonia · Universo de Riot ↗
  2. Universo de Riot · shen ↗
  3. Universo de Riot · zed ↗
  4. Universo de Riot · jhin ↗
  5. Universo de Riot · akali ↗
  6. Universo de Riot · kennen ↗
  7. Zed · comic ↗
  8. Zed ↗
  9. Zed: Emisión #3 ↗
  10. Neutralidad verdadera ↗
  11. El arco y el kunai ↗
  12. ZED: MARCA DE LA MUERTE ↗
  13. Cuentos de Runaterra: Jonia ↗
  14. Despertar: cinemática de la temporada 2019 ↗

El Círculo de las Runas

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