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La historia de Renata Glasc
La vida no siempre fue fácil para Renata Glasc.
Sus padres eran alquimistas brillantes, entregados a innovar las artes curativas. Dedicados a su trabajo y a la comunidad de Zaun, le brindaron cuidados y atención a todo aquel que lo necesitara... sin importar si sus pacientes podían pagarlo. Renata creció acostumbrada a irse a dormir con hambre, resentida con la ideología de sus padres, pero aún así incapaz de poder cambiar sus circunstancias. Soñaba con los barcos que navegaban por el canal de la Puerta del Sol en Piltóver, imaginaba que ella tomaba el timón y marcaba el curso de su vida hacia una nueva dirección, hacia las riquezas del mundo.
Cuando fue lo suficientemente mayor como para unirse al negocio familiar, quedó claro que Renata no tenía aptitudes para la alquimia. Sin embargo, tenía algunas ideas para aumentar las ganancias. En su primer discurso de ventas, Renata convenció a sus padres de que no necesitaban pedir más de lo que la gente podía dar si empezaban a atender a zaunitas más ricos. Con pacientes leales que alababan los talentos de los Glasc para su propio bien, muy pronto el trabajo caritativo se pagó con las tarifas que Renata estableció para los ricos.
Sin embargo, en vez de vivir cómodamente, los Glasc gastaron ese dinero en desarrollar una fórmula Quimtech refinada que extendiera las vidas de sus pacientes más enfermos. Sin importar lo que hicieran, la fórmula siempre tenía efectos secundarios indeseados como una extrema sugestión o violencia en los pacientes, así que continuaron con los intentos para mejorar su trabajo. Solo Renata, amargada por cómo eligieron sus padres usar el dinero que ella les había ayudado a ganar, se preguntó si la fórmula podía ser útil así como estaba.
Arriba, en Piltóver, los líderes de los clanes de élite que habían amasado su dinero a costa de los recursos médicos zaunitas escucharon rumores de la investigación de la familia Glasc. Reacios a dejar que cualquier cosa amenazara su escalón más bajo, pagaron los servicios de un puñado de vigilantes para que ''se encargaran''. Renata se despertó con los gritos de sus padres mientras la casa se incendiaba a su alrededor. Perdió su brazo intentando, sin éxito, salvarlos.
Con solo su apellido y los restos de la investigación que sobrevivió al fuego, Renata juró no cometer el mismo error que sus padres con su altruismo desinteresado. En vez de eso, se dedicó a transformar su escasa herencia en algo más grande, algo que pudiera darle todo lo que nunca había tenido, algo que le diera dinero, poder y control. Un imperio.
Con los años, se convirtió en el cerebro detrás de muchas operaciones cortas y exitosas mientras cultivaba relaciones con individuos desagradables, pero influyentes, de toda la ciudad. Le daba trabajo a la gente, le prestaba dinero y le daba medicina para sus hijos enfermos... pero nunca gratis. Si no podían pagarle con monedas, demandaba su lealtad.
Renata se dio cuenta de que la genialidad era la mercancía más escasa y lucrativa en Zaun, e ideó un plan para invertir en jóvenes desamparados con talento para la innovación. Les ofreció un espacio de trabajo y estabilidad para sus familias a cambio de trabajo eterno. Los más pobres no podían darse el lujo de decir que no. Renata descubrió que tenía acceso a múltiples diseños de productos nuevos y únicos, y a usos innovadores de la fórmula Quimtech que heredó de sus padres. Las ganancias se fueron por las nubes. Entonces fundó Glasc Industries, después de comprar la primera de lo que luego serían docenas de fábricas para elaborar sus lujosos productos Quimtech.
Glasc Industries se expandió rápidamente por Zaun, desde operaciones de minería Quimtech y salones de baile hasta refinerías, lo que provocó la ira de algunos barones que habían sido dueños de monopolios durante siglos. Pero, uno a uno, Renata los convenció a todos de hacer negocios con ella. Y así, Renata con calma logró convertirse en una quimobaronesa hecha y derecha, y ya nadie pudo echarse atrás por miedo a perjudicar su propio flujo de efectivo. Mientras Glasc Industries prosperaba, la propia Renata permaneció en las sombras, esperando el momento justo para dar el siguiente paso.
Ese momento llegó después de que un accidente químico provocó que las calles de Zaun se inundaran de gases venenosos, lo que dejó a la ciudad en el peor estado de las últimas décadas. Entre las tóxicas nubes grises, Glasc Industries ofrecía respiradores y filtros de repuesto para todos en la ciudad... gratis. Ahora todos en Zaun sabían de la existencia de Renata Glasc y de su benevolencia. Se había ganado la lealtad de Zaun.
Los detalles de su generosidad también se desperdigaron por Piltóver. Por primera vez, los comerciantes miraban con buenos ojos los elegantes y ultrarrefinados diseños Quimtech, y pronto llenaron los estantes de sus negocios con esos productos.
Ahora, todos los piltovianos a la moda tienen al menos un producto de Glasc Industries, y los más ricos compiten para sentarse al lado de Renata en las galas de lanzamiento y en la ópera. Pero el plan de Renata nunca fue ser una quimobaronesa en Zaun o una belleza corporativa en Piltóver.
No, ella busca quedarse con la fuente del poder financiero de Piltóver: la Puerta del Sol, con la que tantas veces soñó en su juventud. Porque quien controla la Puerta del Sol, controla el flujo del comercio; y quien controla el comercio, controla el mundo. Con una pizca secreta de la fórmula Quimtech de sus padres integrada en cada producto Glasc, tanto en Piltóver como en Zaun, y lista para liberarse a sus órdenes (con efectos secundarios incluidos) es solo una cuestión de tiempo hasta que todos trabajen para Renata Glasc.


