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La historia de Milio
La historia de Milio comenzó hace muchas generaciones con su abuela Lupé y su gemela Luné: dos maestras elementales que entrelazaron sus respectivos axiomas de tierra y fuego para superar las pruebas del Vidalion y unirse a los Yun Tal. Pero después de que atraparan a Luné conspirando contra los Yun Tal, las hermanas fueron condenadas por su crimen y castigadas como gemelas. Lupé fue desterrada a los confines más lejanos de Ixtal y Luné prácticamente se esfumó, llevándose consigo lo que quedaba de la confianza de Lupé.
Cuando Milio nació, su familia había hecho todo lo posible por prosperar en sus nuevas vidas. Solo conoció amor y alegría; para él, la vida en la aldea era un paraíso... ¿qué más podían necesitar?
Cuando Milio creció, Lupé trató de enseñarle a su nieto sobre los axiomata. Donde el resto de su familia le había fallado, Milio mostró señales prometedoras y se adaptó a los elementos con naturalidad, aunque luchaba por comprender las reglas y la rigidez de la disciplina. Decepcionada, Lupé perdió la esperanza y abandonó las lecciones de Milio.
Sin embargo, Milio continuó aprendiendo por su cuenta. Alejado ya de la supervisión de su abuela, desechó las restricciones que ella había intentado imponerle. Al estudiar la naturaleza por su cuenta, intuyó su propio conjunto de reglas y acabó dominando el fuego: el único axioma que su abuela no quiso enseñarle.
Pero el fuego generaba cierta incomodidad en Milio. ¿Tenía que ser tan destructivo, especialmente cuando él veía el potencial que tenía para hacer más?
La respuesta se le reveló una noche mientras Milio perseguía el brillo de las luciérnagas de verano. Ellas lo guiaron hasta una de las cazadoras de la aldea, la cual estaba herida y no podía moverse. Milio intentó estabilizarla con su axioma de fuego, pero no era suficiente. Sabiendo que el curandero de la aldea estaba lejos, intentó desesperadamente adaptar el axioma para lograr una fuerza que tuviera la capacidad de curar.
Cuando colocó sus manos en el estómago de la cazadora para presionar la herida, sintió un chispa de calidez. Era tan familiar y reconfortante, que se sentía casi como si tocara su alma. Su flama interna. Entonces, Milio empezó a sentir esa misma flama dentro de sí mismo. Pudo sentirla dentro los árboles y dentro de las hojas... como si cada parte de la jungla estuviera cobrando vida a la manera de una apacible hoguera.
Enfocando toda su energía en ese sentimiento, utilizó lo que la naturaleza le había enseñado para manifestar ese fuego. Lo que surgió fue una criatura, pequeña y tímida, con ojos grandes y amistosos. Milio la colocó en la herida de la cazadora y sintió que la criatura, su flama interior, la curaba desde adentro hacia afuera.
Esa noche, descubrió un axioma completamente nuevo, al que llamó afectuosamente ''fuego reconfortante''.
Milio corrió a su casa para mostrarle a su familia lo que había logrado. Ante sus ojos, manifestó otra flama reconfortante que bailaba alegremente en la palma de su mano, su ''fuemigo'', y su familia celebró junto a él.
Sin embargo, la abuela Lupé estaba desconcertada por este logro.
Viendo la maestría de Milio con el axiomata a una edad tan temprana, Lupé supo que su nieto había logrado lo que el resto de su familia no había podido. Con sus habilidades, él finalmente podría terminar con el exilio y restituirlos al lugar que les correspondía: entre la casta gobernante de Ixtal. No obstante, estaba preocupada por la fascinación de Milio con el fuego y porque sus crecientes habilidades iban en contra de la manera tradicional de enseñar los axiomata.
Pese a esto, Lupé entregó todo en su último intento por alcanzar la redención. Milio se convirtió en su centro de atención y se dedicó a nutrir y moldear sus habilidades, preparándolo para abandonar su hogar, viajar a Ixaocan y, por fin, liberarla de la carga de los errores de su hermana. Milio sentía ese peso sobre sus hombros y la idea de abandonar su hogar por su cuenta lo aterrorizaba. Pero como amaba a su familia más que a cualquier otra cosa, encontraría el valor para hacerlo si eso significaba la felicidad de los demás.
Durante los preparativos, su abuela y él fabricaron una mochila especial que Milio llamó ''furnacita'', dentro de la que podía guardar a su resplandeciente fuemigo. Entonces, con un peso en el corazón y una sonrisa amplia, Milio (con tan solo 12 años) dejó atrás a su aldea, cargando solo con su confiable furnacita y algunas prendas hechas por su familia.
Viajó por todo Ixtal, abriéndose camino por la jungla, acampando bajo las estrellas y haciendo amigos por el camino, a la vez que enviaba cartas con frecuencia a su hogar describiendo sus emocionantes aventuras. Tras una larga travesía, Milio finalmente llegó a Ixaocan, donde comenzó su entrenamiento para enfrentarse al Vidalion.
''El chico de las flamas reconfortantes'' captó la atención de varios, incluyendo la de Luné, quien se encontraba prisionera debajo de la ciudad, esperando su momento. El mismo Milio advierte los rumores que lo rodean en la ciudad, pero su objetivo es unirse a los Yun Tal y lograr que su familia esté orgullosa de él.


