Biografía y lectura · THE RUNE
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La historia de Briar
Hacia el fin de su reinado, el gran general Boram Darkwill le encomendó a la Rosa Negra y su legión de hemomantes la creación de un nuevo tipo de arma viviente. A diferencia de los experimentos previos, realizados en cadáveres, este ser nacería de la sangre y se alimentaría de ella, dotándola de un instinto de caza incansable que no dependería de la comida ni de la bebida.
Fue así como nació Briar.
Sus creadores querían una asesina, pero lo que ella quería era comer, comer, y seguir comiendo. El resultado de su primera misión fue un fracaso desquiciado y sangriento, por lo que la Rosa Negra decidió que Briar era demasiado peligrosa como para usarla, pero también demasiado poderosa como para destruirla. Para controlarla, inventaron un cepo especial, cerrado con una gema de hemolito, que la contenía y calmaba su mente. Briar, restringida con el cepo, fue desplegada junto con el resto de las armas vivientes de la Rosa Negra durante el golpe de Jericho Swain contra Darkwill.
Se había designado un responsable de controlar a Briar, pero en cuanto le soltó el cepo, Briar no solo lo devoró a él, sino también a todos los que le rodeaban... A todos menos a su objetivo, Swain, quien logró escapar mientras el arma viviente se alimentaba de amigos y enemigos por igual.
Tras una ardua persecución, los guardias de Swain lograron activar el cepo de Briar y volver a restringirla, con lo que pudieron trasladarla a una prisión.
En la soledad de su celda, Briar era incapaz de concentrarse en nada, excepto el hambre. Aunque no podía morir de inanición, la falta de sangre fresca la debilitaba día tras día.
En un principio, pensó que el coro de lamentos enloquecidos que resonaba dentro de su celda eran sus propios delirios de hambre. Pero luego cayó en cuenta de que eran las voces de otros prisioneros a los que nunca había visto. ¿Acaso las fuerzas de Swain habían logrado capturar otras armas vivientes durante la insurrección? ¿La habían encerrado junto con ellas después de que todas fracasaran en su misión? ¿En su único propósito?
Las voces clamaban por sangre, un sentimiento que Briar comprendía. Lo que no soportaba no era eso, ni la frecuencia de las lamentaciones, ni su volumen; lo que la enloquecía era que el tema SIEMPRE era el mismo. La obsesión de aquellas voces con la sangre era lo más aburrido que jamás había vivido.
Aunque Briar tenía hambre, y mucha, no se distraía de los quejidos de los demás. ¿Qué sucedería con ella si lograba liberarse de su cepo? ¿Su frenesí la convertiría en alguien aún más trastornada que sus vecinos? ¿Se volvería igual de monotemática y aburrida que ellos? ¡Ni pensarlo, la idea era demasiado horripilante! Así que se resignó a languidecer en soledad.
Pasaron los años y Briar decidió usar su tiempo a solas para reflexionar sobre sí misma y preguntarse sobre el mundo que quizá le esperaría fuera de su celda. Para entretenerse, fisgoneaba las conversaciones de los guardias, se inventaba nuevas maneras de fastidiarlos para conseguir algo de carne cruda, y se preguntaba una y otra vez qué sería mejor: organizar carreras entre sus arañas mascota o comérselas.
De pura casualidad, un día que jugaba con su cepo, el hemolito se aflojó y quedó por accidente en una posición tal que casi se abre el mecanismo. Briar quedó pasmada. Vinieron a su mente los recuerdos de sus vecinos enloquecidos de hemomanía. ¿Sería ese su destino? Entonces se dio cuenta de algo: estar bajo control era igual de peligroso que estar fuera de control. Lo que ella quería era lograr un equilibrio.
Ya que había descifrado cómo funcionaba el mecanismo del hemolito, Briar ideó un plan.
Para entonces, los guardias estaban tan acostumbrados a sus llamadas de atención que, después de que consiguió que uno se acercara a su celda, nadie se dio cuenta de que éste había desaparecido hasta que ya era demasiado tarde. La sangre del guardia fluía dentro de Briar, encendiendo una llama que ansiaba esparcirse.
Briar por fin era libre.
Ahora, el arma viviente recorre alegremente las calles de Noxus con su cepo cerrado, hasta que ella quiera abrirlo. A medida que se habitúa al mundo exterior, bajo la celosa vigilancia de la Rosa Negra, Briar aprende con entusiasmo todo lo que puede, mientras hace amistades y descubre nuevos aspectos de ese mundo que tanto se le antojaba experimentar.

